Un hondureño levanta un cartel “sin piedad” y junto a 200,000 cartas enviadas al juez Castel piden se aplique todo el peso de la Ley contra “Tony” Hernández, quien hace 17 meses fue declarado culpable y la tarde de este 30 de marzo conocerá su sentencia definitiva que, según expertos, será cárcel de por vida.
En la gran terminal de San Pedro Sula, cientos de hondureños se reúnen para salir en caravana rumbo a Estados Unidos, mientras tanto más de 400 compatriotas –impacientes esperan en New York— rodean con pancartas, oyen música y pasean monigores de “Tony” y “JOH” afuera de la Corte exigiendo justicia por ellos, por más de 9 millones en su país y por decenas de miles regados por el mundo.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. El 19 de octubre de 2019, en la Corte para el Distrito Sur de New York, se confirmó el peor escenario para Honduras: la República cayó secuestrada por una organización criminal que transformó la administración del Estado en “narco-gobierno”. Y es que en esa fecha el hermano del gobernante del país, Juan Antonio “Tony” Hernández, fue declarado culpable de cuatro “narco delitos”.
Este martes 30 de marzo, después de 17 meses de espera, el exdiputado del Partido Nacional recibirá de forma definitiva su sentencia que, de acuerdo al análisis de especialistas en materia penal, todo indica que pasará el resto de su vida en prisión, cumpliéndose la sugerencia de la Fiscalía al castigarlo con cadena perpetua.
De nueva cuenta los hondureños se amparan a una “fuerza extranjera” para que aplique justicia, porque en suelo nacional no existe siquiera una investigación contra el exfuncionario legislativo, la justicia ha sido callada en la boca de Rolando Argueta y Óscar Chinchilla, sin embargo, allá, sobre el cemento neoyorquino un hondureño, de unos 400 presentes, levanta un cartel: “no mercy” (sin piedad) para el condenado.


Mientras en Honduras diversos sectores de la sociedad han convocado a plantones “mixtos”, porque son una extraña combinación de fiesta y protesta social. Mientras el hermano del jefe de Estado ruega clemencia para recibir la pena mínima de 40 años, esperando que por buen comportamiento pueda salir de prisión en el ocaso de su vida y recibir por última vez un rayo de sol.
En tanto, en la capitalina colonia “San Ignacio” –o desde el Centro Cívico de Gobierno–, Hernández tuitea desesperado, repitiendo que la sentencia de su hermano está basada en una mentira. Él no se acercó al juez Kevin Castel para suplicar “clemencia”, como sí lo hicieron su madre María Elvira Alvarado y su hermano el coronel José Amílcar Hernández.
“Para toda la familia, la noticia que se espera de Nueva York será dolorosa. ¿Y qué más se puede decir de un juicio en el que el testimonio del principal «cooperador» de los fiscales ahora queda expuesto por las grabaciones secretas de la propia DEA como una mentira?”, dijo el gobernante.
Y mientras Honduras espera la “hora cero” de “Tony”, otra caravana de migrantes se reúne en San Pedro Sula, dispuestos a enfrentarse con militares guatemaltecos y mexicanos, porque se cansaron de esperar la “Vida mejor” prometida hace siete años y no ven la dignidad en una nación secuestrada.

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