Hay una acción constante contra el pueblo hondureño desde 1911 hasta esta noche, la construcción del miedo en lo profundo del alma de la población y, siempre de la misma manera, ríos de sangre popular, noches espectrales, zozobra social, son tiempos de pésimos gobiernos, traidores y tiranos y el modelo de entrega lleva sello de bananera, dictaduras y masacres ¡Otra vez!
En audios sobre cómo Honduras debe ser controlado como centro logístico por enfermas potencias mundiales, el nuevo Juan Manuel Gálvez recita un poema de Torquemada: “Y hay que matar a la gente para nosotros poder estar tranquilos, se va a hacer. Si hay que regresar a la represión para controlar el país, se va a hacer… Hay que hacerle ver que todo lo que va a pasar; muerte, asesinato, secuestro, viene por parte de los comunistas”.
Honduras es hasta este día una bananera, porque hasta este día sus élites políticas y económicas tienen una banana gringa de cerebro; la tragedia y el terror real es que parece muy lejana la República o siquiera un país. La United Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company siguen domando la memoria de los políticos y empresarios más atrasados de Honduras, no es pasado, es presente, esa mentalidad de criados malignos sigue marcando la economía, la infraestructura, los puertos y nuestra vida como Nación.
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. El miedo clavado en el pecho del pueblo hondureño no es brujería, falta de fe, cosa del destino o mala raza, siempre ha sido la planificación con sello postal «Bald Eagle: Hatchling to Adult» («Águila calva: desde polluelo hasta adulto») y bananera extranjera, ha sido la orden del terrateniente al costo infinito del desangre y terror popular, este es el registro de tiranos y traidores por más de un siglo, desde 1911 hasta esta noche. ¡Déjà vu! ¡Lean! Nada es nuevo, ni falso. Sobre Honduras cae espectros tenebrosos como la bruma de incendios que nadie pudo evitar. Somos un país tan bien planificado por narcisistas y psicópatas malignos que nos han creado las miserias más absurdas y también se han creado las riquezas más descaradas; la intervención nos cae por un “X” y eso es suficiente para nombrar presidentes o quitarlos, el movimiento es geopolítico y el dolor profundo en tierra adentro, al final como pieza de alfil (pieza menor en ajedrez) un territorio se necesita como centro de operaciones en la región, mientras los carroñeros de nuestro patio, sedientos, sobrevuelan con hambre otra noche larga.


Son las 7:42 de la mañana, monitoreo de noticias habitual y curiosamente un foro tiene al secretario de Seguridad, minutos después casi en exclusiva anuncia la masacre que dejó 19 personas asesinados cerca del Bajo Aguan (comunidad de Rigores, Trujillo, departamento de Colón); ¡Qué curioso dato! Como dice Bunbury “Las coincidencias son… inevitables”, por supuesto que no tardó el bipartidismo en anunciar que se debe “decretar estado de emergencia”, y unos días antes, el presidente del Congreso había ordenado “¡Militares a las calles!”, sin mencionar que algunas personas habían denunciado agresión de hombres con uniformes policiales. Esas personas también fueron asesinadas. Horas después, en el otro extremo de la ciudad, eran también asesinados brutalmente agentes de policía.


En “V for Vendetta” nunca el miedo apareció de golpe, siempre fue progresivo, casi como quien anuncia que lloverá y llueve, primero son los discursos, luego las advertencias y finalmente dan una razón, para justificar lo que se dijo, hasta que lo único que se respira es miedo profundo que, como pandemia, penetra el inconsciente de los hondureños, la inmersión en estado permanente de alerta es supervivencia, no advierte que este lunes Honduras romperá récord históricos en precios de combustibles, no siente el hambre, se da gracias por regresar vivo a la casa y hay pánico de salir a la calle, todo está caro para comer lo básico, pero se piensa en los tigres oliendo en cada esquina. La velocidad con que algunos relatos en los medios tradicionales parecían estar listos resultó, por decir lo menos, inquietante y el secretario de Seguridad inmutable tenía la respuesta en la boca antes que el intrépido periodista preguntara: “Las organizaciones campesinas están infiltradas por el crimen organizado”. Ni Sherlock Holmes hablaría con esa seguridad de algo que acaba de ocurrir, sin pruebas, sin investigación. El teatro cósmico está abierto y el precio es la vida.


¡Amores! Esa película ya la vimos. Es 1944, nuestro ilustre Ministro de Guerra y, a la vez, abogado de las bananeras gringas, Juan Manuel Gálvez (Mírenlo en billete de 50 lempiras), se sienta en San Pedro Sula con los obreros que días saldrán a la calle a protestar pacíficos, pedirán que termine la dictadura sanguinaria de Carías, reclamarán justicia y condiciones de trabajo dignas “No más jornadas de 12 horas”. Gálvez, les da la palabra, no hay pedo, no serán tocados ni por el pétalo de una rosa. La movilización salió del parque central sampedrano, los dejaron entrar a la Calle del Comercio, de pronto, militares y Guardia Civil, cerraron ambas salidas.
La masacre del 6 de julio de 1944 tuvo un saldo estimado por los historiadores de más 100 personas asesinadas y cientos de heridos, los que quedaron vivos fueron rematados en el suelo y los que corrieron también fueron ejecutados, la sangre quedó como río estancado porque no había sistema de desagüe, Se usaron armas pesadas facilitadas por Estados Unidos. De esa manera, se quitó la presión sobre Carías y sobre las bananeras que querían ganancias, inversión y capacidad para competir con mano de obra esclava. Diez años después, estallaría la Gran Huelga.


El miedo no empieza con las máscaras, disparos o los uniformes, es cuando el lenguaje político con disfraz siembra terror para implantar dominio mental, cuando en nombre de la “seguridad” se puede justificar todo ¿Y si mañana hay una protesta porque el hondureño no soporta vivir en este submundo qué pasará? ¿Será nombrado terrorista? O dirán —Las movilizaciones de ciudadanos están infiltrados por el crimen organizado — mientras entrevistan a Gabriela Castellanos desde un avión con Aspra de acompañante. Y así como Gordon Deitrich, el periodista insurrecto en V de Venganza, que criticó al régimen y terminó… bueno, ustedes saben como terminó el periodista que se opuso al dictador: Alto Canciller Adam Sutler. Y si no le saben, en estos teclados ya hemos contado la historia de los 100 mártires del periodismo hondureño.
La Honduras actual no parece una dictadura clásica ni una democracia floja, este vergueo, este caos de modelo político se parece más a esos universos de Alan Moore: lugares donde la zozobra se traga las instituciones, las funciones y los gordos presupuestos que salen del lomo Catracho. En uno de los 37 audios difundidos sobre cómo Honduras debe ser controlado como centro logístico de enfermas potencias mundiales, Juan Orlando da una declaración digna de un poema de Torquemada: “Y hay que matar a la gente para nosotros poder estar tranquilos, se va a hacer. Si hay que regresar a la represión para controlar el país, se va a hacer… Hay que hacerle ver que todo lo que va a pasar; muerte, asesinato, secuestro, viene por parte de los comunistas”. Y las masacres llegaron ¡Otra vez!


¡Y otra vez! Las «Guerras Civiles» Bananeras (1911 y 1924), en verdad fueron masacres, sangre más sangre de hondureños, todo financiado por las transnacionales bananeras. En 1911, Manuel Bonilla (fundador del Partido Nacional) lideró una revolución financiada con armas y barcos por Samuel Zemurray (dueño de la Cuyamel Fruit Company y creador del despectivo para Honduras de “República bananera”) para derrocar al presidente Miguel R. Dávila. Fueron asesinados cientos de soldados y civiles solo para que Zemurray recibiera concesiones de tierra libres de impuestos. Igualito hoy. En ese contexto, ocurrió la Masacre de la Huelga de la Cuyamel Fruit Company (1916). La Represión de la Huelga Bananera de 1932 (Ley Marcial), hubo cientos de campesinos muertos por fuerza armadas del gobierno, al final el número de asesinatos civiles fue indeterminado. Después la Masacre de los Garífunas de San Juan, Tela (1937). Bajo falsas acusaciones de conspiración contra el gobierno de Carías, el ejército rodeó la comunidad, capturaron, torturaron y ejecutaron de forma masiva a líderes y pobladores garífunas. Al igual que en San Pedro Sula, el hecho se ocultó bajo estricta censura mediática durante décadas. ¡Nada extraño chicos y chicas!
Pero es que no solo se trata del control desde afuera, también la confrontación de grupos tradicionales económicos frente a otros que han venido echando raíces obscuras, por eso se siente esa división entre el Congreso Nacional y las decisiones de Presidencial; mientras uno baila punta patéticamente y hace ridículo –como payasito en cumpleaños infantil– el otro ordena militarizar las calles; mientras uno habla de Estado de emergencia, el otro golpea periodistas; mientras uno se reúne con tiktokers el otro habla de regresar los fideicomisos ¿Puede entender la línea lector y lectora? Tan profundo como la “Historia de dos ciudades” de Dickens. Aquí los nuevos “empresarios” se comerán a los viejos, mitad por cobardía, mitad por terror.


Las sociedades rara vez despiertan una mañana convertidas en algo que no aspiran ser, no ocurre de golpe (aunque a veces la conciencia despierta así), ni con fanfarrias, ni con una voz anunciando el inicio de una nueva era, sucede lentamente: una masacre que deja más preguntas que respuestas, un discurso que pide militarizar la vida cotidiana, no es un estado de excepción convertido en costumbre, es el salvajismo a la calle. Un país que aprende a convivir con el miedo hasta dejar de reconocerlo. Honduras siempre fue una bananera; la tragedia es que ahora parece empeñada en dejar de ser República o ni siquiera país, una isla en medio de la nada, y quizá ese sea el verdadero terror, no los disparos, no las masacres, ni las amenazas, sino normalizar una atmósfera donde la sospecha sustituye a la verdad y la seguridad termina justificándolo todo. En “V de Venganza” el miedo no era el final de la historia, era el instrumento ¿Estamos viendo una ficción demasiado parecida a la realidad? O la realidad se ha hecho tan espantosa que abogamos por la fantasía y la locura, no olviden lo que dijo V «La gente no debería tenerle miedo a su gobierno. El gobierno debería tenerle miedo a su gente».
Compañías como la United Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company siguen controlando la memoria de los políticos y empresarios más atrasados de Honduras, no es pasado, es presente, esa mentalidad de criados malignos sigue marcando la economía, la infraestructura ferroviaria, los puertos y nuestra vida como Nación. El interés de ayer y hoy, el principal era y es la extracción masiva y rentable de riqueza nacional y uso del territorio como submarino sobre tierra. Este es el modelo de hace más de un siglo y es el que ahora están planeando ¡Otra vez! Avanti.
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