El pasado martes 30 de marzo, al menos 400 hondureños marcharon rumbo a la frontera con Guatemala, pese a la advertencia de ese país de usar la fuerza para no dejarlos pasar, la mayoría de exiliados han sido detenidos por uniformados, pero unos cuantos lograron entrar a territorio “chapín” pese a los fuertes operativos.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. La pandemia y las amenazas de uso de la fuerza militar del Gobierno de Guatemala, no logran detener el mal llamado “sueño americano” de los hondureños, el pasado martes 30 de marzo, al menos 400 compatriotas se reunieron en la terminal de buses de San Pedro Sula, al norte del país, para iniciar la “peregrinación” a una tierra que les permita ver la “Vida Mejor” que en el país sólo ha sido promesa vacía.
La segunda caravana de 2021 salió la madrugada del martes sin considerar que Guatemala había autorizado el uso de la fuerza. Según reportes extraoficiales, de nueva cuenta el éxodo lo forman hombres, mujeres, niños y hasta ancianos que no ven un futuro próspero en su tierra.
Para el miércoles los exiliados llegaron al punto fronterizo de Corinto, donde fueron retenidos por efectivos de seguridad nacional para verificar documentos, prueba Covid-19 y evitar que niños sin acompañantes emprendieran el viaje de forma irregular, aunque allí fueron “mermados”, varios siguieron con paso firme.
“Nos vamos porque perdimos todo, unos por la pandemia y otros por la inundaciones (generadas por las tormentas de Eta e Iota)”, dijo uno de los migrantes. Cabe señalar que desde 2018, Honduras ha impuesto un modelo migratorio nunca visto en la región y, según datos oficiales, al menos 80 mil compatriotas esperan asilo en refugios mexicanos desde hace tres años.


Es de recordar que durante la gestión presidencial de Donald Trump en Estados Unidos se implementó la estricta política “país seguro” que, básicamente, se trataba de un “escudo antimigrantes”, legislación que ha sido abolida por el nuevo presidente Joe Biden pero que sigue “vigente” para los gobiernos de Guatemala y México.
Llama la atención, que esta semana la vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, se reunión con el mandatario guatemalteco, Alejandro Giamattei, para discutir la crisis migratoria desde un enfoque “más humano”.
El pasado 18 de marzo, México anunció que cerraría su frontera sur supuestamente para evitar la propagación del Covid-19 y, en ese contexto, los migrantes hondureños han dicho que a pesar de la restricción “la pobreza es más fuerte que cualquier frontera”.
Por otro lado, la representante de Movilidad Humana Mercedaria de la Iglesia Católica mexicana, Itsmania Platero, ha dicho que lamentablemente los migrantes se enfrentan a una lucha titánica porque hoy EE.UU. no está recibiendo siquiera a aquellos que están bajo el mecanismo de protección.
Además alertó que entre Guatemala y México hay un fuerte resguardo militar y hasta con equipo bélico como drones, cámaras infrarrojas y constantes operativos por “puntos ciegos”.

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