Este “Viernes Santo”, Jesús “el nazareno” ha sido sacrificado en la cruz que cada día cargan los hondureños, el madero al centro de un manto rojo, sobre éste las protestas por la corrupción, la miseria, la negligencia de la pandemia, el desempleo y más, así retrató este día su viacrucis la Parroquia de San Martín Porras de Tegucigalpa.
Viacrucis es el camino hacia la muerte andado por Cristo, la tradición cristiana lo dividió en catorce paradas o estaciones, en cada una se conmemora un episodio de esa “pasión dolorosa” y, en sentido social, es el sufrimiento intenso y prolongado del pueblo hondureño, todos los días se le somete a un viacrucis.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Un niño de unos ocho años se aferra al parabrisas de un carro de lujo para intentar limpiarlo, necesita diez lempiras para ajustar la cena, su única comida del día. Quedó huérfano hace meses por la pandemia del Covid-19 o la de violencia, da igual el móvil él tiene que madurar por la desgracia, eso es el viacrucis que carga la mayoría de hondureños, las historias se repiten iguales.
Es “Viernes Santo” y los cristianos del mundo conmemoran el viacrucis de Jesús de Nazareth, muerto en una cruz para expiar el pecado y, sobre todo, por traer dignidad a un pueblo corrompido en aquel entonces por el Imperio Romano, la ortodoxia y la desigualdad social.
Pero en el paraíso atlántico de Islas de la Bahía un “alto funcionario” despierta con resaca, menciona al altísimo sólo por costumbre al dolor de cabeza que le provocaron las sustancias tóxicas que consumió la noche anterior, no tomó para recordar “la sangre del cordero”, lo hizo por diversión luego de 13 meses de un exhaustivo trabajo inventando excusas ante los reclamos por corrupción Covid.


En la carretera ve una familia que vende frutas para comprar medicinas por el cáncer de la abuela, en todo el país se reportan “noches benéficas” y “ayudas por redes” en favor de amigos o familiares y él lo comprueba entrando a su celular de alta gama, vio un tuit donde da cuenta que hasta los hondureños más dignos que han estado en instituciones públicas piden auxilio, la pandemia de la crisis económica compite las vidas con el Covid-19.
Los residuos del alcohol en el cuerpo lo desconectan, de pronto lo golpea una “goma emocional”, se siente vacío y miserable, le duele la cabeza, el estómago y quiere vomitar, se ha dado cuenta cuál es la realidad hondureña.
Hoy, en los actos conmemorativos del viacrucis, la Parroquia San Martín de Porras, histórico templo del Distrito Central (Tegucigalpa y Comayagüela) ha pensado en el dolor de la sociedad hondureña y propuso un drama diferente, Jesús Cristo fue puesto en la cruz que cargan 9.3 millones de hondureños en suelo nacional y otros miles desde tierra extranjera.


El lunes el “alto funcionario” vuelve al trabajo, para dar cuenta que desde el miércoles 31 de marzo los hospitales y centros de triaje han estado reclamando por la falta de insumos, las reservas de oxigeno sólo rindieron 24 horas, no había medicinas para “Maíz” y las camas vacías aumentaron la cifra de muertos.
“Hemos estado pensando en lo que pasa en nuestra sociedad, cuando vemos que tantos hermanos no tienen la posibilidad de poder tener los servicios mínimos de Salud, Educación y cualquier otro tipo”, ha dicho el párroco José Pablo Vásquez.
Y con relación al drama ha explicado que fue una propuesta de los jóvenes de la iglesia, porque es el sentir y pensar de la juventud, “es el sentir de nuestra gente que se siente dolida con esta realidad y se pregunta ¿cuándo vamos a acceder a la vacuna? Más que reclamar por reclamar, esto debe ser un llamado a la conciencia que hay tantos hermanos que necesitan, es momento de ser solidarios”.
“Ayudando a otros, ayudamos también a Cristo”, ha destacado el sacerdote al incitar que el “Viernes Santo” debe trascender de una tradición a un grito popular, un llamado para la conversión hacia una Honduras mejor.
El niño sigue en el semáforo del bulevar Morazán de Tegucigalpa, o en el Juan Pablo II, o quizá ya fue raptado por el crimen, el no pudo salir a vacacionar a la playa, otros siquiera pudieron salir del hospital a tiempo. Para el “alto mando” del país, tras los acontecimientos en la Corte neoyorquina, no habrá resurrección.

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