En su último día como mandataria, Xiomara Castro, cerró su gestión (2022-2026) con un discurso de balance político y despedida durante la inauguración de las mejoras del Estadio José de la Paz Herrera, a horas de la juramentación de Nasry Asfura.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Con un estadio como telón de fondo y un país en transición política, la presidenta saliente Xiomara Castro pronunció esta noche su último discurso como jefa de Estado, al culminar la inauguración de las mejoras del estadio José de la Paz Herrera, conocido como el Chelato Uclés. A pocas horas de entregar el mando presidencial, Castro convirtió el acto deportivo en una síntesis política de cuatro años de gobierno, marcada por balances, reivindicaciones y una despedida sin estridencias.
“Hace cuatro años estuvimos acá asumiendo la presidencia de la República y hoy volvemos nuevamente en el último día de mi mandato”, dijo la mandataria, al recordar que aquel estadio —como el país— era distinto. Hoy, subrayó, se entrega “un estadio remodelado, diferente, como un estadio de primer mundo”, ahora con grama híbrida, butacas, pantalla moderna, techado parcial y un incipiente centro comercial.
Desde ese escenario, Castro enlazó la obra con un esfuerzo mayor: la modernización de la infraestructura deportiva nacional. Agradeció el trabajo de Condepor y detalló que no se trata de un proyecto aislado, sino de cinco estadios intervenidos y más de un centenar de canchas a nivel nacional, varias aún en proceso. “Esto ha sido un esfuerzo muy grande”, afirmó.
El discurso avanzó hacia el balance político. Castro recordó que su administración fue el primer gobierno del Partido Libertad y Refundación (Libre), el primer gobierno de “izquierda” y el primero encabezado por una mujer. “Venimos de lucha, de una lucha incansable”, expresó, al evocar el golpe de Estado de 2009 contra el entonces presidente Manuel Zelaya Rosales, los fraudes electorales y los doce años de resistencia que antecedieron a la victoria de 2021.
En un repaso amplio, la presidenta defendió la herencia económica de su gestión. Aseguró dejar una macroeconomía sólida y reservas internacionales históricas, tras derogar fideicomisos y leyes que —dijo— blindaban la opacidad.
En educación, destacó el regreso de la matrícula gratis, la merienda escolar para 1.2 millones de niños, la reconstrucción de cinco mil escuelas y la declaratoria de Honduras como país libre de analfabetismo. En salud, mencionó ocho hospitales en construcción, la reducción de la mora quirúrgica y el aumento del abastecimiento de medicamentos del 30 al 70 por ciento.
Castro también reivindicó la obra pública sin peajes, la inversión municipal sin distingo político, la modernización aeroportuaria y la recuperación ambiental. En energía, resaltó que 900 mil familias no pagaron electricidad durante su mandato y defendió la renegociación de contratos. En el campo, apuntó al rescate de Banadesa y a los bonos productivos. “Estamos construyendo patria”, insistió.
En materia de seguridad, subrayó la salida de Tegucigalpa y San Pedro Sula del listado de las ciudades más violentas del mundo y calificó de histórica la lucha contra el narcotráfico, con 52 extradiciones ejecutadas durante su gobierno. “Siempre estuvo vigente”, dijo, al rechazar señalamientos sobre una supuesta suspensión del tratado.
Ya en clave de cierre, Castro reivindicó el reconocimiento internacional de su gestión, al recordar su papel al frente de la CELAC, el SICA y otras instancias multilaterales. Denunció injerencias externas y volvió a exigir que se respete la voluntad popular en la capital, al pedir el conteo de urnas pendientes.
Finalmente, con el país a las puertas de la juramentación de Nasry Asfura, Castro cerró con un mensaje de transición y despedida: deseó suerte al gobierno entrante y afirmó, sin ambigüedades, que cumplió el mandato constitucional “ni un día más, ni un día menos”. Frente a miles de asistentes, resumió su gestión con una frase que buscó clausurar el ciclo: “Misión cumplida”.

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