UNAH: AUTONOMÍA UNIVERSITARIA, EDUCACIÓN, DEMOCRACIA Y SOBERANÍA NACIONAL

La UNAH ha pasado de la reforma a la contrarreforma: de la universidad crítica, política y humanista conquistada en 1957, a una institución gobernada con lógica empresarial, control vertical y retórica mercantilista; la autonomía universitaria se disputa hoy entre quienes buscan abolirla, moderarla o fortalecerla, advierte en este análisis el sociólogo Engels López.

López sostiene que, a 69 años de esa conquista que dio “independencia” a la Alma Mater del país, la gobernanza neoliberal instaurada desde la Ley Orgánica de 2004 y profundizada con la “nueva historia” ha debilitado la participación estudiantil y obrera, por lo que la UNAH debe reinventar su relación con el mercado, la sociedad y el Estado para defender la educación pública, la democracia y la soberanía nacional.

Engels López*
Columnista
EL LIBERTADOR
redaccion@ellibertador.hn

La conquista de la Autonomía Universitaria y el espíritu revolucionario de la Reforma Universitaria en la UNAH (1957-1982)

El 15 de octubre del 2026 la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), celebró 69 años de Autonomía Universitaria. La conquista de la Autonomía Universitaria se dio el 15 de octubre de 1957. La Federación de Estudiantes Universitarios (FEUH) y con el apoyo del movimiento obrero, lograron que la Junta Militar reconociera la Autonomía de la UNAH mediante la emisión del Decreto 170-1957. La UNAH fue la última universidad de Centroamérica que conquistó su Autonomía, Costa Rica la conquistó en 1940, Guatemala en 1944, Panamá en 1946 y el Salvador en 1950.

La dictadura de Triburcio Carías Andino del Partido Nacional (1936-1949), impidió el florecimiento de la cultura, la ciencia y los valores humanistas, como elementos esenciales para el desarrollo socioeconómico y la construcción de identidad nacional. El desarrollo de la universidad pública no ha sido una apuesta del Partido Nacional y tampoco una prioridad en sus políticas de desarrollo, aunque ha sido la universidad pública su principal centro ideológico y el espacio donde históricamente se ha formado gran parte su clase dirigente e intelectual.

Fotografía del dictador Tiburcio Carías Andino.

La Autonomía Universitaria es una conquista del Movimiento Estudiantil de Córdoba, Argentina, en 1918. Un año después de la Revolución Rusa de 1917. Las conquistas del Movimiento de Córdoba fueron: autonomía universitaria, cogobierno universitario, libertad de cátedra, vinculación de la universidad con la sociedad y la gratuidad de la educación. Demandas que se proliferaron por las diversas universidades públicas de Latinoamérica a lo largo del siglo 20, en un marco donde la Iglesia tenía gran influencia sobre la Universidad y limitaba la libertad intelectual y política.

En Latinoamérica, como en otras partes del mundo, no se puede entender el desarrollo de las sociedades sin comprender la evolución de la universidad pública. La autonomía universitaria le ha permitido a la universidad crear las condiciones internas pasa su desarrollo académico, funcionamiento administrativo, composición política y vocación científica, al margen de las presiones políticas del Estado y los intereses económicos de las élites. Aunque no siempre ese ideal se ha manifestado de manera orgánica, la Autonomía Universitaria le ha permitido a la comunidad universitaria sentirse y pensarse como parte de una institución pública con responsabilidad social.

En el caso de Honduras la lucha por la conquista de la Autonomía Universitaria se dio en el marco del proceso de democratización política y social que logro abrirse con la Huelga Bananera de 1954. El movimiento estudiantil de la época articulo la defensa de la universidad pública con la lucha por la educación, que se tradujo en un mayor acceso a la universidad de las clases populares y la apertura al estudio de nuevas corrientes de pensamiento; con la democracia, a través del compromiso y responsabilidad pública y social de la universidad hacia el desarrollo democrático del país, y; la defensa de la soberanía nacional, ante la injerencia imperialista de EEUU, en la vida política nacional y regional de los países centroamericanos.

Autonomía Universitaria y Reforma Universitaria, el primero como condición orgánica y el segundo como movimiento político-intelectual, dieron forma a la universidad pública, forjaron la educación gratuita, promovieron la democracia y la defensa de la soberanía nacional. Los 69 años de Autonomía Universitaria de la UNAH, nos invita a defender su naturaleza política, su vocación científica y su espíritu humanista, en el marco de una sociedad donde la extrema derecha bipartidista despliega sobre los bienes públicos y comunes una retórica mercantilista, privatizadora y libertariana.

Del período reformista a la contrarreforma universitaria en la UNAH (1982-2000)
El desarrollo de la UNAH, desde la conquista de la Autonomía Universitaria en 1957 ha pasado por tres grandes períodos. El Período Reformista (1957-1982). En la UNAH la reforma universitaria se concibió como un movimiento político e intelectual con la finalidad de orientar el quehacer académico, científico y cultural de la universidad al desarrollo del país, a través del cultivo de la ciencia, el desarrollo de la tecnología, la formación profesional humanista, el florecimiento de las artes y la vocación política y critica de la universidad ante los problemas de realidad nacional.

Fotografía histórica de los primeros edificios de la UNAH en Tegucigalpa.

Los grandes reformistas de la UNAH fueron el Doctor Lisandro Flores (1956-1970), Doctor Hernán Corrales Padilla (1960-1963), Ingeniero Arturo Quesada Galindo (1963-1969), Licenciado Cecilio Zelaya Lozano (1969-1973), Licenciado Jorge Arturo Reina (1973-1979) y el Doctor Juan Almendarez Bonilla (1979-1982). Esto rectores sentarían las bases sobre los cuales la UNAH se fue sacudiendo del retardo conservador de décadas anteriores y abrieron un campo fértil para que la imaginación, la libertad y la democracia fuera siendo parte de la dinámica universitaria, en un contexto de país sacudido por golpes militares, intensas luchas populares, profundas desigualdades e influencia de las luchas de liberación nacional de los países de la región centroamericana.

Al paso que la UNAH se fue fortaleciendo con la apertura de nuevas carreras, aumento de becas, modernización física, expansión de los procesos de investigación, garantizando la gratuidad de la educación, la creación de los estudios generales para la formación humanista del estudiante universitario, vinculándose con la sociedad a través de las brigadas estudiantiles y tomando una posición crítica y reflexiva hacia los problemas de país, la derecha de la época enquistada en el Partido Nacional y el Frente Unido Democrático (FUUD), tomaron a la UNAH por asalto en 1982, en una controvertida elección del Abogado Oswaldo Ramos Soto, contra el Doctor Juan Almendarez.

Con Oswaldo Soto se inaugura el segundo período: el conservador y reaccionario (1982-2000). La UNAH fiel a su compromiso reformista generó una serie de incomodidades con las elites económicas y políticas de la época, por su carácter subversivo y revolucionario, como expreso en su momento el Partido Nacional, en un periódico de 1982. Oswaldo tenía como finalidad instaurar un nuevo orden político en la UNAH con proyección a largo plazo, normalizar en la comunidad universitaria la cultura del miedo y del terror e insertar a la universidad de manera subordinada al modelo económico en gestación: el neoliberalismo, en manos de la Asociación para el Progreso de Honduras (APROH). La UNAH, aún no se sacude de ese antiguo orden.

Bajo el eslogan de la Nueva Universidad y partidario de la Doctrina de Seguridad Nacional, Oswaldo emprendió una campaña abierta de persecución y desapariciones hacia el sector estudiantil y obrero de la UNAH: Eduardo Becerra Lanza el Secretario de la FEUH y Félix Martínez del SITRAUNAH, algunos de los nombres desaparecidos y asesinados de aquella época por el Escuadrón de la Muerte 3-16. Con Oswaldo la UNAH perdió su vocación crítica, política, humanista y se incorporaron los nuevos valores que para ese tiempo empezaban a introducirse en las universidades públicas: la competencia, el individualismo, la eficiencia y la calidad, en un contexto de masificación de la educación universitaria, tal como se constata en diversos documentos de su rectorado.

Gráfica de Engels López, columnista de EL LIBERTADOR.

Los rectores que precedieron a Oswaldo Soto: Licenciado Jorge Omar Casco (1988-1991), Doctor René Sagastume Castillo (1991-1997) y la Doctora Ana Belén Castillo (1997-2000), los primeros pertenecientes al Partido Nacional, no disputaron el proyecto político que sentó Oswaldo y sus esfuerzos estuvieron más enfocados en gestionar el sistema de educación superior, promover la descentralización de la universidad y lidiar con la profunda crisis de gobernabilidad que fue sumida la UNAH como consecuencia del orden político que instauro Soto: clientelismo político, corrupción de frentes estudiantiles universitarios, rezago académico y retardo científico.

El tercer y actual período: la contrarreforma universitaria (2000-2026). Paradójicamente es producto del agotamiento del proyecto universitario de Oswaldo Soto y consecuencia de su legado filosófico. La Rectora Ana Belén Castillo (primera mujer rectora de la UNAH), tuvo la ardua tarea de gestionar una de las crisis más profundas de la UNAH. Esta crisis culmino (y que aún persiste) con la intervención del Congreso Nacional en el 2004 y la aprobación de la actual Ley Orgánica de la UNAH. Esta Ley desapareció la paridad estudiantil, introdujo una figura empresarial en la gestión de la UNAH, como la Junta de Direccion Universitaria (JDU), promovió una estructura organizativa altamente centralizadora y autoritaria, debilitó la conducción académica de la universidad desde los claustros de profesores y departamentos académicos, promovió una nueva forma de organización estudiantil rígida-vertical-individualista y fomento el desarrollo de una filosofía educativa con orientación al mercado.

Lo que en su momento se llamó la Cuarta Reforma Universitaria, no fue más que un proceso de Contrarreforma. La excretora Julieta Castellanos (2009-2017), fue su principal promotora. Este proceso debilitó la participación de la comunidad universitaria en la conducción de la universidad, ante los ataques permanentes desde las autoridades al sector estudiantil y obrero de la UNAH. A la vez que se iban debilitando procesos democráticos, se instauró un gobierno de los técnicos, quienes fungieron como los encargados de crear, desarrollar e implementar una serie de reformas y políticas educativas: el modelo educativo, reformas a los planes de estudios, creación de carreras. Por último, se desplegó una gobernanza universitaria neoliberal que ha promovido dos procesos de privatización: exógeno (reformas que permiten al sector privado a que diseñe, provea y gestione la educación universitaria) y endógeno (incorporación de valores empresariales en la gestión de la universidad).

Fotografía en vida del dirigente estudiantil, Eduardo Becerra Lanza, víctima de la doctrina genocida de Gustavo Álvarez Martínez.

Con el Abogado Odir Fernández (2024-2028), el proceso de contrarreforma universitaria entro en una nueva fase, sin dejar de lado el espíritu contrarreformista de Oswaldo Soto y Julieta Castellanos. En el marco de lo que se ha denominado como UNAH Nueva Historia, uno de los principales elementos centrales ha sido la virtualización forzada de la educación universitaria, la corrección política conservadora de la universidad hacia los problemas de la sociedad con base a un populismo académico de derechas, la securitización interna a través de la vigilancia y control hacia la comunidad universitaria, entre otros.

El principal programa de la Nueva Historia ha sido el Programa mi Bienestar, una demanda histórica del movimiento estudiantil universitario, que pone a disposición de la comunidad estudiantil el transporte universitario, becas, útiles, libros y alimentación. Este programa no ha estado exento de críticas por falta de transparencia y rendición de cuentas en lo relacionado a la contratación de transporte, lo cual ha conllevado a que el caso se haya elevado ante el Ministerio Publico (MP).

En el contexto de la Nueva Historia el Abogado Odir Fernández ha creado un perfil light y de rector cool, propio del modelo educativo que su administración promueve. Es pronto para hacer un balance de su administración, lo que sí parece crítico es que su administración ha logrado generar un control jerárquico y vertical sobre la conducción académica, política y organizativa de la UNAH, en un marco de institucionalización del movimiento estudiantil y fragmentación del movimiento obrero representado por docentes y trabajadoras.

¿A dónde buscamos hoy la autonomía universitaria?
La autonomía universitaria hoy se debate en tres frentes. Los detractores, que abogan por su abolición. Los modernistas, que abogan por su moderación. Los rebeldes, que promueven su fortalecimiento. Los primeros proponen el modelo privado como forma de gestión universitaria, los segundos son partidarios de las alianzas públicas y privadas en la regulación de la educación universitaria y los terceros, son de la idea que para imaginar y actuar sobre el futuro es imprescindible la universidad pública. En la actual coyuntura global los tres frentes se disputan el sentido de autonomía universitaria y con ella, el futuro de la universidad pública y de la sociedad misma.

El Movimiento Estudiantil Universitario, consolidado como plataforma de lucha por la autonomía en 2016.

En ese sentido la UNAH, debe aprender a convivir con tres tensiones y desde ahí, imaginar, pensar y defender su Autonomía Universitaria en el Siglo 21. Primero, con el mercado. Es indiscutible que la formación profesional que brinda la universidad es un elemento central en la generación de conocimientos y habilidades que le permitan a la ciudadanía acceder a trabajos dignos. Segundo, con la sociedad. La universidad pública no solo genera conocimientos, también tienen la responsabilidad de transmitirlos y eso pasa por considerar la utilidad, la pertinencia y el impacto de sus más altos conocimientos, como la investigación científica, los programas culturales y la extensión universitaria. Tercero, con el Estado. El modelo napoleónico de la universidad profesionalizante se ha agotado y la UNAH no debe ser exclusivamente formadora de la burocracia estatal y de la clase política dirigente. La UNAH debe replantear su vínculo con el Estado en el marco de una nueva política universitaria que transforme y refunde el sistema de educación superior, el sistema científico y el sistema educativo primario y secundario.

Este replanteamiento sobre la Autonomía Universitaria, como nos hizo recordar el movimiento estudiantil y obrero de 1957, debe descansar sobre las bases de la educación pública, la democracia y la soberanía nacional. Para comentarios escribir a: lengelsbladimir@yahoo.com

*Egresado de la Escuela de Sociología y Trabajo Social de la UNAH. Tesista en la Maestría de Ciencia Política y Sociología en FLACSO-Argentina. Con estudios superiores en desarrollo territorial-rural, estrategias de profundización de la democracia, democratización del Estado y técnicas y métodos de investigación social, por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

NOTA: Las declaraciones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de EL LIBERTADOR.

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