REGRESO DE JOH, LA “JOYA DE LA CORONA” DEL HONDURASGATE

Para el analista social, Armando Orellana, el regreso de Juan Hernández –luego de ser indultado por Trump–, simboliza una nueva fase del “Hondurasgate” pues observa que su nueva misión no es solo retomar poder político sino también ser otra pieza en la reinstalación de la doctrina Monroe ante el avance de la derecha en América Latina.

Orellana advirtió que, si bien no lo manifiesta de forma abierta, Hernández tarde o temprano, buscará el control absoluto del Partido Nacional, siendo ésta su plataforma a una “misión superior”, pues su postura autoritaria está latente.

Redacción Central / EL LIBERTADOR

Tegucigalpa. Mañana domingo, Honduras será protagonista de un nuevo suceso insólito en su historia política, ante activistas del Partido Nacional y con un fuerte despliegue de seguridad, el dictador Juan Orlando Hernández, que gobernó el país de 2014 a 2022 y que fue condenado por narcotráfico, regresa al territorio gracias al indulto de Donald Trump que lo sacó de prisión pero que no logró borrar los delitos que le condenaron a 45 años tras las rejas.

El indulto de Trump llegó en diciembre 2025, como una promesa a nacionalistas que si votaban por Nasry Asfura –en un intervencionismo claro y denunciado ante el mundo–, éste sacaría de la cárcel a Hernández.

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Y así fue, ratificando a los hondureños que el daño causado por Hernández en el país no importó nunca al sistema judicial estadounidense, a pesar de la escandalosa corrupción que acompañó su gobierno, entre tanta tela para cortar, su ilegal reelección en 2017, la promoción de las “ciudades modelo” –que llevó a un golpe técnico al Poder Judicial, cuando fue presidente del Congreso Nacional– y que luego renombró como Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE).

Hernández, entre muchos casos, usó recursos del Estado para comprar el jet presidencial recién “vendido” casi como chatarra –según investigación exclusiva de EL LIBERTADOR–, permitió el saqueo de instituciones y dejó un legado que se enmarca en la crisis del Seguro Social, la compra de hospitales móviles y muchos casos que nunca fueron llevados a juicio por el compadrazgo en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y Ministerio Público (MP).

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El exgobernante compartió que su regresó no simboliza una acción política, sino que viene a “vivir en paz”; no obstante, es recordado por haber mentido respecto a sus motivaciones, pues antes de reelegirse con fraude electoral, había prometido entregar el poder el 27 de enero de 2018, esto no se cumplió e influyó en una nueva masacre institucional y crímenes de lesa humanidad, al menos 50 muertes producto de la represión en el marco de la insurrección entre noviembre 2017 y enero 2018, según datos del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Cofadeh).

PARTIDO DE FRICCIONES

Ante este escenario, el sociólogo Armando Orellana, analizó que en un ámbito “íntimo” el regreso de Hernández genera un reto en el Partido Nacional por todas las fracturas que dejó su control de esa institución política que, para el juez Kevin Castel –quien condenó a toda la narcopolítica hondureña–, se trata de una “estructura criminal”.

“El partido tiene algunos actores internos que manifiestan desacuerdo y rechazo a la figura de Juan Orlando. Eso era evidente hace unos años previo a su extradición (en 2022), y posteriormente ya había desacuerdos internos que ahora se agudizan más porque en cuatro años se puso evidencia los actos de corrupción de muchos funcionarios (de Hernández)”, apuntó.

Juan Orlando Hernández, es detenido en el año 2022, tras una solicitud de extradición de Estados Unidos.

Orellana consideró que esas fricciones internas persisten, con liderazgos notables –como el del presidente Porfirio Lobo Sosa (2010-2014)–, que no terminan siendo solo un tema de la organización política, sino que se debe ampliar el espectro hacía el rol que tomará Hernández al regresar con la “bendición” de Estados Unidos.  

“En esencia, hay quienes se van a resistir a esa imposición de quien tarde o temprano, aunque no lo manifieste de forma abierta, trata de tener ese control absoluto nuevamente dentro del Partido Nacional. Esas posturas autoritarias, verticales, están latentes”, advirtió.

NUEVA FASE

Además, recalcó que el retorno de Hernández se enmarca en los audios que componen el caso “Hondurasgate”, pues no solo es su regreso al país, sino la función de recuperar el poder y, con esa lectura, trasladar su liderazgo a un ámbito de coordinación en la reimposición de la doctrina Monroe en América Latina, región que ha experimentado un avance de la derecha, en un escenario que difiere a las victorias progresistas de los últimos años.

“Ese intervencionismo (la doctrina Monroe), está imponiendo la ola de gobiernos autoritarios de derecha, neofascistas, que se imponen a través del fraude, de la violencia y de estas guerras cognitivas desde Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y que se intenta obviamente instalar nuevamente en Brasil y en cómo hacer caer el Gobierno de México”, resaltó.

Estas son parte de las situaciones que están evidenciadas en esos audios –agregó Orellana–, se muestra que Hernández estaría teniendo un papel protagónico no solamente para el control de la política hondureña, en ese giro hacia la derecha, sino que también en América Latina.

Por otro lado, enfatizó que, respecto al papel de figuras actuales de los nacionalistas y en la composición de poderes del Estado, no sería extraño ver a un Tomás Zambrano (presidente del Congreso), tomando un sometimiento inicial por el “peso simbólico” de Hernández y la percepción de respaldo externo que acarrea su figura.

Sin embargo, advirtió que la escenificación mediática de su regreso —donde se busca proyectarlo como el principal referente caudillista— terminará generando fricciones inevitables con aquellos cuadros y precandidatos que aspiraban a consolidar un liderazgo propio y que hoy ven reducidos sus espacios de maniobra.

GOBIERNO CONDICIONADO

El sociólogo sostuvo que no existen diferencias entre Nasry Asfura y Juan Hernández, dado que el proceso que llevó a la victoria del oficialismo en 2025 estuvo fuertemente condicionado por factores externos y alianzas del poder tradicional.

El presidente Nasry Asfura, en diálogo con el expresidente Juan Orlando Hernández.

“No vamos a decir que hay detrás de todo un proceso legal, transparente y democrático, fue realmente una manipulación y fue la imposición de Estados Unidos y otros actores que en el interior del país jugaron un papel, como las mismas maras y pandillas amenazando”, expresó.

Y agregó que Asfura ya está al tanto de la posición de Hernández en el tablero político nacional y regional, pues no duda que el presidente recibió instrucciones en su visita a la residencia de Trump en Florida; este escenario deja abierta la interrogante si el jefe de Estado, tomará también una posición de subordinado.

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