No significa copiar un modelo extranjero. Es preguntarse qué nos puede ofrecer un país que, en pocas décadas, pasó de ser economía de bajos ingresos como la hondureña hasta transformarse en una de las principales potencias del mundo. Y, después de 500 años de sometimiento extranjero, basta mirar la calamidad social y económica de Honduras para, sin rodeos, empezar a trabajar con amigos y, ahí, está China.
La experiencia china demuestra que combatir la pobreza no consiste únicamente en entregar asistencia social. Es crear empleos, aumentar la productividad agrícola e industrial, conectar las zonas rurales con los mercados, invertir en educación y construir infraestructura para producir, no sólo para transportar.
La relación de amistad, respeto y de cooperación con China, responde estas preguntas: ¿Cómo puede Honduras construir políticas de Estado que sobrevivan a cambios de gobierno, en infraestructura, educación, energía, industrialización, innovación y eliminación de la pobreza? Esto, requiere décadas, no cuatro años.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Honduras tiene enormes potencialidades: una población joven, una ubicación geográfica estratégica, abundantes recursos naturales y una importante capacidad agrícola. Sin embargo, transformar estas ventajas en mejores condiciones de vida sigue siendo uno de los grandes desafíos nacionales.
El Banco Mundial señala que, aunque la economía hondureña creció 3.8 por ciento en 2025, la creación de empleo y el crecimiento de la productividad siguen siendo modestos. También identifica como prioridades mejorar el acceso a servicios básicos de calidad, generar empleos, fortalecer la infraestructura y avanzar en sectores como energía y agua.
Ante esta realidad, observar la experiencia de China no significa copiar un modelo extranjero. Significa preguntarse qué lecciones puede ofrecer un país que, en pocas décadas, pasó de ser una economía de bajos ingresos a convertirse en una de las principales economías del mundo.


DE LA POBREZA AL DESARROLLO
Quizás el ejemplo más importante sea la lucha contra la pobreza. Según el Banco Mundial, desde 1978 China sacó de la pobreza extrema alrededor de 800 millones de personas, una transformación acompañada por extraordinaria expansión de la educación, la salud, la infraestructura y oportunidades económicas. Para 2020, China había eliminado la pobreza extrema según su propio estándar nacional.
La experiencia china demuestra que combatir la pobreza no consiste únicamente en entregar asistencia social. Es necesario crear empleos, aumentar la productividad agrícola e industrial, conectar las zonas rurales con los mercados, invertir en educación y construir infraestructura.
Esta diferencia es fundamental. Una política social puede aliviar temporalmente las dificultades de una familia; una política de desarrollo puede cambiar las condiciones que producen esas dificultades. Para Honduras, donde todavía existen importantes brechas territoriales y sociales, esta experiencia merece ser estudiada con atención.


INFRAESTRUCTURA ESTRÁTEGICA
Al finalizar 2025, China contaba con 165,000 kilómetros de vías ferroviarias, de éstos, más de 50,000 kilómetros correspondían a ferrocarriles de alta velocidad; durante ese mismo año se pusieron en operación más de 3,000 kilómetros de nuevas líneas ferroviarias.
La importancia de estas cifras no está únicamente en la velocidad de los trenes, lo esencial está en que la infraestructura permite conectar ciudades, regiones industriales, puertos, centros agrícolas y mercados consumidores, reduciendo costos y ampliando las oportunidades económicas.
Honduras no necesita reproducir la infraestructura china a la misma escala, pero sí puede hacerse una pregunta fundamental: ¿qué carreteras, puertos, sistemas logísticos, redes eléctricas y tecnologías digitales necesita el país para que un pequeño productor de café, un agricultor, una empresa manufacturera o un emprendedor tengan mejores posibilidades de llegar al mercado?
ENERGÍA: DEL DESAFÍO A NUEVA OPORTUNIDAD
La transición energética ofrece otro ejemplo. En 2025, China incorporó más de 430 gigavatios de capacidad eólica y solar, llevando su capacidad renovable instalada a más de 1,800 gigavatios. Las energías renovables representaron más del 60 por ciento de su capacidad total de generación eléctrica.
Para Honduras, un país con abundantes recursos solares, hídricos y eólicos, la experiencia china puede ser especialmente interesante. El desafío no es solamente producir electricidad, sino garantizar energía confiable y accesible para los hogares, la agricultura y la industria.
La energía barata y estable puede convertirse en una política social, pero también en una política de competitividad nacional.


RETOS DEL SISTEMA POLÍTICO
Existe además una dimensión institucional que merece discusión seria y sin prejuicios.
Una de las características del sistema político chino es su capacidad para establecer objetivos de largo plazo y movilizar recursos nacionales alrededor de ellos. Los planes quinquenales permiten definir prioridades durante períodos prolongados y mantener determinadas políticas estratégicas más allá de los ciclos electorales.
En la era actual, ya no podemos etiquetar de manera simplista al sistema socialista con características chinas como un “demonio comunista”. Una China cada vez más abierta, reformista e innovadora se ha convertido en la nueva imagen del país. Lo que deberíamos hacer es reflexionar sobre cómo podemos extraer experiencias útiles del camino de desarrollo de China, que pone al pueblo en el centro.
Esto no significa que Honduras deba adoptar el sistema político chino. Las instituciones de cada país responden a su propia historia, sociedad y cultura política. Pero sí plantea una cuestión importante: ¿cómo puede Honduras construir políticas de Estado que sobrevivan a los cambios de gobierno? La infraestructura, la educación, la energía, la industrialización, la innovación y la reducción de la pobreza requieren décadas, no cuatro años.


La experiencia china demuestra el valor de combinar planificación de largo plazo, capacidad de ejecución, evaluación de resultados y continuidad de las políticas estratégicas. Su modelo también ha tenido costos, desafíos y aspectos que deben analizarse críticamente; ningún país ofrece una fórmula perfecta.
OPORTUNIDAD PARA HONDURAS
La cuestión central no debería ser si Honduras debe “convertirse en China”. No se trata de eso. La verdadera pregunta es qué puede aprender Honduras de aquellos países que han conseguido transformar sus capacidades productivas en bienestar para millones de personas.
China posee experiencia y tecnología en agricultura moderna, infraestructura, energía renovable, transporte, manufactura, comercio electrónico y digitalización. Honduras, por su parte, posee recursos naturales, producción agrícola, posición geográfica y una población joven.


La cooperación entre ambos países puede ser más valiosa cuando combina esas fortalezas: tecnología y conocimiento con recursos y oportunidades locales; inversión con generación de empleo; infraestructura con producción; comercio con transferencia de capacidades.
El desarrollo no se construye en un día. Tampoco depende exclusivamente de cuánto dinero recibe un país del exterior. Depende, sobre todo, de su capacidad para convertir recursos en productividad, productividad en empleos y empleos en una vida mejor. Para Honduras, mirar la experiencia de China no debería significar abandonar su propio camino. Debería significar ampliar el horizonte de lo que considera posible.
Vale reflexionar para interés de la nación hondureña, ahora mismo que se conmemora 205 años de una independencia que no puede ser posible mientras casi siete de cada diez hondureños subsisten en pobreza y cuatro de cada pobre muere en miseria; la migración es la expresión concreta de un sector privado minusválido, más político que empresarial; dos siglos de malas relación con la única potencia que dominado el destino del pueblo hondureño con golpes de Estado, injerencia, dictaduras y ocupación. Honduras y su pueblo, después de 500 años de postergación, demanda contar con amigos que nos ayuden a salir del criminal atraso social y económico. Ahí está China, listo para darle una mano sincera a Honduras sin pedir a cambio sumisión. Es hora de abandonar los caminos de tristeza con el vecino del norte.

Deja un Comentario