No es un poema épico el que se contará en 100 años, pero si un país surreal, el regresó de Juan es otro capítulo en el libro de los malnacidos en Hibueras, como Manuel Gálvez, Carías, Francisco Ferrera el militar enemigo de Morazán, Álvarez Martínez, Marco Aurelio Soto, Micheletti y etcétera; el hondureño es un pueblo noble, demasiado, para cargar tanta hipocresía y, sí, habrá carnaval de quienes lo hicieron presidente, ellos también son víctimas.
El indulto, conviene recordarlo, no borra condena ni declara inocencia, pero nuestros oráculos han previsto el llanto en los periodistas mercenarios que tuvo JOH, a sus correligionarios, diputados y todos los que han vivido siempre arrastrándose, que con dolor consolaron a Ana en su ausencia y que en redes se disputan el amor, más por miedo y regalías que por lealtad.
Mientras el hondureño sigue en estado de calamidad pagando la cuenta de todos los picaros, el Poder Judicial nos ha salido demasiado caro; parece ficción seguir dando el ejemplo del que robó una gallina frente al que saqueó de millones, el dinero para curarnos gastado en burdeles y, al final, solo en el pueblo está la salvación. Ningún “Capitán América” regresará a vengarnos.
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. El miserable y el desdentando, los “fieles al bono” y los leales de los pisos de tierra y laminas de Zinc, tienen una cita juntos: ¡Ir por el amo! Y lo mejor es que será hasta televisado para que no se pierdan ningún detalle, cuando aquel héroe de la Patria o Nobel de la Paz descienda las escalinatas hasta la tierra catracha, después de un periplo interminable de justicia y dolor, vendrán abrazos, llantos, miradas amorosas entre periodistas tradicionales y su antiguo empleador, una orgía de amor y pasión desbordante que marcará una historia épica en las tierras de la antigua capital de Honduras. Pero no con la grandeza de Odiseo o Morazán… Nos referimos a ese librito negro donde los protagonistas son Micheletti, Manuel Gálvez, Álvarez Martínez y una enorme lista de malos hijos que por fatalidad nacieron en esta tierra.


Aquí está el ángel caído que esperábamos. Todo mito vanidoso de regreso necesita un puerto, una multitud y un poco de mostaza, Honduras tendrá los tres el domingo 26 de julio, cuando Juan Hernández baje del avión como diva con altísima seguridad, serán las 9:00 en punto de la mañana, como quien llega no de una prisión federal en Nueva York, sino de un largo viaje de negocios, el científico pues, Salvador Moncada, falta únicamente que alguien mate al ternero cebado (y lo van hacer) el hijo pródigo que vuelve a casa, el héroe que regresa a Ítaca, el Conde que sale de su castillo de piedra convertido en hombre libre, nos hizo falta guion; nos sobró comparación literaria y ahí está exactamente el problema, no es ficción, pero si un país surrealista, irracional, absurdo.


Hay algo casi literario en el espectáculo que presenciamos, y por eso conviene tomarlo prestado. Si Edmundo Dantés pasó catorce años encerrado en el Château d’If para regresar convertido en el Conde de Montecristo y hacer justicia con sus propias manos, Hernández necesitó apenas un poquito más de tres para salir de sus prisiones, la “montaña del sufrimiento”, la de Pensilvania y la federal en Nueva York —donde un tribunal lo había condenado a 45 años por narcotráfico y tráfico de armas— convertido, gracias a un indulto de Trump, en hombre legalmente libre aunque no exculpado del delito, el indulto, conviene recordarlo, no borra la condena ni declara inocencia, solo lo dejó salir de la cárcel, la diferencia con Dantés es simple, aquel volvía a impartir justicia, éste vuelve a que se la apliquen con guante blanco, con una justicia dispuesta siempre a ser servil a su creador como Frankenstein, por eso los políticos no dejan de reanimar y armar con pedazos de muertos ese poder, nos toca a nosotros como ciudadanos darle vida saludable a nuestra justicia.


Y si Montecristo no te gusta, siempre está la Odisea de ejemplo: Ulises que regresa a su isla tras veinte años para reclamar el trono que es suyo por derecho, mientras Penélope (Que no es la doña que se va para los EE.UU. ni anda jugando con el largo del “Pitu”), noooo, de la dama que hablamos es otra, ella teje de día y desteje de noche para alejar a los pretendientes, esperando fielmente a su amado, la diferencia, otra vez, es de fondo, aquí no hubo espera ni tejido paciente, hubo funcionarios anunciando escoltas y dispositivos de seguridad para el “mandatario” —la misma seguridad que jamás llegó a tiempo para un maestro rural amenazado, un periodista exiliado o un dirigente comunitario bajo amenaza de muerte en la Moskitia o el Aguán—. El Estado que no puede garantizarle protección a su gente encuentra, sin embargo, los recursos y la voluntad para escoltar al jefe de jefes que asaltó la banda presidencial.


El angelito que regresa con aureola de neón, como si la reelección presidencial no es un delito constitucional porque atenta contra un artículo pétreo de la forma de Gobierno, traición a la Patria dice la Carta Magna, o si el saqueo documentado durante sus dos períodos de gobierno se pudiera diluir en las “visiones” mágicas de los pastores evangélicos o en las ofrendas para los católicos, vale la pena recordar, sin excesivo detalle pero sin pudor, algunas de las «obras» de este sacrificado padre de familia, la condena en Estados Unidos por conspirar para traficar cocaína y armas a cambio de protección a capos; el desfalco al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), que dejó muertos y a miles sin medicinas mientras se firmaban contratos con empresas fantasma y prostitutas; la compra de hospitales móviles inservibles en plena pandemia, pagados por adelantado como si la urgencia con factura de ferretería del Centro; desvíos de fondos públicos hacia campañas políticas bajo el ya célebre caso Pandora; el uso anormal de recursos del Estado en la llamada Caja Chica de la Dama; y una red de diputados financiados, según se ha documentado ampliamente, para aprobar leyes al servicio del poder empresarial y político del país. Ningún capítulo de una novela de aventuras necesita tanta contabilidad forense para narrar una sola gestión de cómo un gobierno construye una sociedad mala.


Sin embargo, aquí estamos, medios tradicionales narrando el aterrizaje con el tono de que se recibe un libertador, ¿usted se molestó por la cobertura de los argentinos ahora en el Mundial? Bueno, hágase la idea: periodistas hablando de «reconciliación nacional» como si ésta fuera posible sin memoria, ni justicia y una parte de la clase política recibiéndolo con la misma reverencia con la que Ítaca recibió a su rey, ese contraste entre el ciudadano común, desprotegido, y el hombre condenado por narcotráfico, escoltado, no es exageración retórica es el diagnóstico más preciso que existe de un Estado frágil, aquel donde la ley se estira o se encoge según el tamaño del poder de quien la desafía.
Calma, calma, nada de odio, ya la Corte puso su parte, suspendió la orden de captura para que el hombrón celebre en la finca y este tranqui.


Los malnacidos han hundido la Patria en un Estado de miseria, donde los criminales son recibos con la “Corona de San Eduardo”; mientras el hondureño sigue en estado de calamidad pagando la cuenta de todos los picaros, una justicia que nos ha salido demasiado cara para una inutilidad comprobada y confirmada, con la llegada de JOH el Poder Judicial no se pondrá a prueba, solo confirmará lo que todos sabemos, que no hay justicia y, sin ella, tampoco Estado de Derecho y menos Patria. Honduras no está frente al regreso de un héroe, está frente al espejo de su propia calamidad como nación, y lo que refleja no es a Montecristo ni a Ulises. Y la pregunta tiene respuesta, aquí la ley cuando se trata de élite política o indultados con respaldo transnacional, únicamente sirve para decorar los discursos de bienvenida.


En ciertos períodos, los pueblos están dormidos; los apetitos acosan a los ideales, tornándose dominadores y agresivos. No hay astros en el horizonte ni oriflamas en los campanarios. Ningún clamor de pueblo se percibe; no resuena el eco de grandes voces animadoras. Todos se apiñan en torno de los manteles oficiales para alcanzar alguna migaja de la merienda. Es el clima de la mediocridad. Los Estados en construcción o frágiles son tomados por los pencos, manda la mediocracia. Así describe esta tragedia histórica el escritor argentino, José Ingenieros.
Siempre habrá hombres y mujeres mediocres, en todas las sociedades y en todos los tiempos. Son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia. En las épocas en que las naciones florecen con sus mejores hijos virtuosos, cuando hay exaltación renovadora, esos parásitos se muestran humildes, son tolerados; nadie los nota, no osan inmiscuirse en nada de Estado, saben que no tienen espacio. En cambio, como esta noche en Honduras, cuando están tibios los ideales y se reemplaza la grandeza por la vulgaridad, se cuenta con ellos, cobran fuerza como virus agresivos en su ambiente listos para enfermar el cuerpo de la Nación hasta volver un sistema la estupidez, el chiste y la corrupción.
Todo pasa y esto también pasará. Avanti.

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