HONDURAS ES DERRY, ANTIGUOS PAYASOS CON SED DE SANGRE Y MIEDO

La sombra de pactos bajo la mesa permite un vulgar festín, el terror que acerca las tinieblas a este abismo, no adopta caras o formas, ya nace con rostro: masacres, ignorancia, proselitismo, descaro, corrupción y mucho más; la muerte habita en el pensamiento: “Mejor viejo conocido a que el comunismo (cualquier propuesta de cambio, en realidad), se coma nuestros niños”.

El verdadero poder de la bestia que vive en Honduras no está en cuánta sangre puede devorar, sino en cómo logra establecerse en la comunidad y que ésta acepte vivir con el horror como vecino, en “Derry” se refugia en alcantarillas como advertencia de la superficie “sigo aquí, todos flotan y tú también flotarás”; aquellos que podrían cambiar destinos pactaron con el mal, pero el mundo tiene dientes y puede morder, como dijo Stephen King: cuando se pacta con el diablo, los pagarés huelen a azufre.

Pero todo es un ciclo, naciones como esta transmiten sus horrores por generaciones y la fe tiene dos filos: por cada mil hondureños que crean que este país no tiene salvación, puede haber uno –probablemente un niño– que imagine revoluciones a través de ideas, elecciones ¿por qué no? Las armas como estrategia política.

Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Honduras comparte con Derry, uno de los tantos pueblos malditos de Stephen King, una tragedia de siglos que va más allá de la simple coincidencia, ambos fueron fundados sobre sangre, silencio y terror social. En la ficción de King, Derry sufre carnicerías cíclicas que desaparecen de los registros oficiales y de la mente de sus habitantes a la mañana siguiente, en la realidad hondureña, el olvido no es una anomalía psicológica; es estrategia de dominación perfeccionada por las élites para implantar el miedo como arma de control mental, física y espiritual. El paralelismo entre la historia de Hibueras y los horrores subterráneos de Derry es directo, crudo y la inacción social es el final.

Fotografía histórica del 6 de Julio de 1944, tras la masacre en San Pedro Sula.

En la mitología de “It”, uno de los capítulos más oscuros es el incendio de The Black Spot (El Punto Negro), un club nocturno de la comunidad afroamericana incinerado por una secta de supremacistas blancos ante la mirada cómplice y posterior olvido de todo el pueblo y de los medios, la historia oficial borró el horror, normalizando el racismo y la barbarie, este episodio refleja directamente en las cicatrices históricas de Honduras, el olvido pactado tras las masacres de las Bananeras y la brutal represión de la huelga de 1954, que evidencian cómo las corporaciones extranjeras, aliadas con los gobiernos de turno, devoraron vidas humanas para salvaguardar sus márgenes de ganancia. Y bueno, es historia que se quiere ocultar, pero el bipartidismo nació como “inversión” de la United Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company, como emisario del mal, Zemurray puso dinero para que naciera el Partido Nacional y, al verlos débiles y siempre perdedores, años más tarde pondrían los dólares y el lema: «Una mula de Kentucky vale más que un diputado en Honduras», y después cobraron en concesiones, monopolios y muchos privilegios, las mejores tierras del norte.

Al igual que el humo de The Black Spot se disipó sin dejar culpables, las masacres agrarias y la persecución sistemática de los movimientos sociales en el siglo XX fueron archivadas bajo la alfombra de la identidad nacional y secreto de Estado, el monstruo en Honduras también viste de payaso y emerge de las cloacas; opera desde los despachos de las corporaciones y en las secretarias de gobiernos, ahora en esas torres modernas que adornan una capital llena de humo, su comida favorita es el olvido y perdón de un pueblo domesticado por el cansancio, hambre y olvido.

Imagen de la masacre de Chamelecón, departamento de Cortés, ejecutada el 23 de diciembre de 2004.

El mito de King se fundó sobre un asesino serial –de esos psicópatas que luego se transforman en personajes de culto–, en Honduras el parentesco no es que tengamos a un John Wayne Gacy –o Pennywise en los libros, series y películas–, sino que la matanza es una serie sin fin. Las navidades en Chamelecón siguen llorando a sus víctimas, nuestras prisiones incluso parecieran altares de sacrificios “alquímicos” o la sangre derramada que se necesita para meter proyectos que solo se justifican en escenarios de calamidad para amortiguar las críticas; a veces la muerte es institucional, no es al azar que esta semana eliminaron la Dipampco que con Castro dio resultados al país: primer acto, anuncian intervención; segundo acto, que pasen los días y ¡puf!, de pronto aparece banda criminal usando sus chalecos en video que solo divulgó la prensa tradicional; tercer acto, ¡felicidades!, ya hay nueva dirección policial… Y así, ejemplos, sobran, el maestro ya lo había hecho.

El verdadero poder de la bestia que vive en Derry no radica en su capacidad de matar, sino en cómo logra que la comunidad acepte el horror como parte de la “normalidad”, los adultos de Derry ven los globos flotar y deciden mirar hacia otro lado; saben que denunciar implica peligro, en la Honduras contemporánea, esta parálisis colectiva ha sido impuesta en el sistema de ideas macabras que gobierna desde hace mas de un siglo.

Cossette López en un evento de su Partido Nacional escucha al ahora presidente del Congreso Tomás Zambrano en evento político en pleno golpe electoral 2025.

Las estructuras de poder han diseñado una maquinaria perfecta donde el terror se recicla permanentemente, el narco-Estado y fraude, el comunismo y la democracia: Las instituciones electorales y de justicia han sido secuestradas históricamente para “formalizar” golpes de Estado, delito de reelección y redes de narcotráfico con traje y corbata y el sello “Made in USA”, la paradoja del bipartidismo, la complicidad pasiva se evidencia cuando los partidos tradicionales, sin diferencias ideológicas, se unifican tras las bambalinas para sostener el mismo modelo económico que mantiene a más del 64 por ciento de la población sumida en la pobreza, votar repetidamente por el opresor conocido no surge de la ignorancia, sino del terror inducido en el alma. Son las dos alas del mismo monstruo.

Prueba que Diario La Prensa modificó la fotografía de Isy Obed Murillo, reconocido como primer mártir de la dictadura.

El sistema nos dice que «todos son iguales», “el hondureño es cagado”, “el hondureño no puede hacerlo” y que cualquier intento de transformación real será un caos peor “mejor viejo conocido que nuevo por conocer” dice el anciano y el joven cobarde, que cualquier cosa extranjera vale mas que un catracho. Así, la amnesia se convierte en una estrategia de supervivencia biológica para el ciudadano de a pie; En los relatos de Stephen King, los periódicos locales de Derry operan bajo una directriz invisible, reportar las tragedias superficialmente, ocultar los hilos que las conectan y sepultar el pasado, si nadie conecta los puntos, el monstruo puede seguir alimentándose en paz; en Honduras, el rol de los corporativos mediáticos duplica esa función con precisión milimétrica, asesinos del contexto, los noticieros saturan las pantallas con la crónica roja diaria —masacres, extorsiones y violencia criminal— presentándola como un fenómeno meteorológico, como quien toma café con pan en medio de los cuerpos desmembrados, algo inevitable, desligado por completo de la corrupción política y la desigualdad económica. Así se borra la inocencia de los campesinos agregándole armas a la imagen de los muertos y así se borra al asesino borrando la sangre de la víctima ¿podría explicarme esto La Tribuna, El Heraldo y la Prensa?

Represión en Honduras, 28 de enero 2018 en momentos que Juan Hernández asumia segundo mandato, ilegal según Constitución del país.

Cuando el pueblo se organiza o protesta, las mentiras tradicionales activan el aparato que desprestigia, nombrando la disidencia como «vandalismo» o «caos», desviando la atención de las causas que provocan la indignación social, operan como un gigantesco filtro de relaciones públicas para los sectores oligárquicos, invisibilizan la miseria y limpian la sangre de tierras indígenas, daño ambiental de las mineras y no pagar impuestos como el pueblo, transformando a los victimarios en forjadores del desarrollo nacional.

La entidad de Derry necesita avatares humanos; personajes complacientes que miren hacia otro lado a cambio de migas de poder. El escenario político hondureño nos enseña cómo se reacomodan las piezas de este viejo engranaje criminal, las estructuras vinculadas a Juan Orlando Hernández —condenado en Nueva York— no se desmantelaron con su extradición, actores clave del Partido Nacional y facciones del Partido Liberal operan activamente para blindar la impunidad, boicotear reformas judiciales profundas y asegurar que los verdaderos financistas del crimen organizado sigan intocables en y desde el Congreso Nacional y desde el poder Judicial.

Foto de «Toño» Rivera en bajos del Congreso protestando contra proyecto de Constituyente previo al golpe de Estado.

La sombra de pactos bajo la mesa y el continuismo de prácticas políticas tradicionales siembran la decepción, alimentando el perverso cuento derechista de que «el cambio es imposible», que seamos conservadores de la miseria, mientras figuras emergentes o recicladas de la oposición tradicional se presentan cínicamente como «la solución mágica» de la democracia, mientras “It” se ríe de espaldas, utilizando el descontento popular para reposicionar a los mismos sectores económicos y políticos que saquearon las instituciones durante casi dos décadas.

Derry terminó reducida a cenizas cuando su complicidad histórica la hizo insostenible, un destino trágico similar al de Salem’s Lot, otro pueblo devorado por la avaricia y la maldad pura de fuerzas oscuras; Honduras camina sobre esa misma delgada línea, mientras la violencia siga cobrando miles de vidas anuales y la impunidad continúe cabalgando libremente, el país seguirá atrapado en un bucle temporal de angustia y desesperanza, romper el pacto de silencio exige confrontar el pasado, el movimiento social, memoria histórica y eliminar el sistema educativo colonial son las únicas herramientas capaces de desactivar el miedo como método de control, nombrar al monstruo, identificar alianzas y negarse a olvidar sus masacres es el primer paso indispensable para arrebatarle el control del territorio y, finalmente, obligarlo a retroceder a la oscuridad. Avanti.

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