El analista social y político, Armando Orellana, comparte a EL LIBERTADOR su impresión sobre lo que dejó 2020, afirma que el repudio al régimen sigue activo, porque aunque no hubo manifestaciones multitudinarias, el hondureño buscó formas para protestar contra la corrupción, impunidad e ilegalidad de quien ostenta la presidencia.
En tanto, observa que el panorama electoral para 2021 no es nada alentador tomando en cuenta los antecedentes de 2013 y 2017, la única victoria segura que tiene la oposición es volver a firmar una alianza que acabe con la idea continuista, que aún vive en Juan Hernández.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. La sociedad hondureña ha vivido cosas terribles este 2020, la violencia, la pandemia, los huracanes, la miseria, la corrupción y la impunidad han dejado huellas muy profundas. Según el analista social, Armando Orellana, el año se caracterizó por el caótico modelo de política pública diseñado sólo para profundizar aún más los históricos problemas del pueblo.
Apunta que en esencia 2020 inició siendo uno de los últimos dos años de Juan Hernández en el poder, y con un pueblo embravecido desde años anteriores con la alzada de los movimientos sociales frente a la podredumbre de la elite política, pero que por el Covid-19 se desmovilizó a un pueblo que lleva ya 12 años protestando en las calles.
Orellana enfatiza que para 2019 se alcanzó el punto máximo de repudio al régimen y, si bien no tuvo la convulsión social que venía desde 2017 por la ilegal reelección, la lucha de la Plataforma en Defensa de la Salud y la Educación, abanderó el sentir de protesta y se extendió a 2020.
El analista observa que incluso al cierre del año anterior se comenzó a ver el pronunciamiento de sectores que en el pasado fueron antipáticos a la lucha del hondureño, tal es el caso de la Iglesia Católica que trascendió luego de hartase de la putrefacción estatal cuando emitió el “¡Basta ya!”, pero que el escándalo de los hospitales móviles, entre otras cosas, hizo resurgir la protesta en nuevas formas para evitar el contagio.


Pero fundamentalmente, para llegar a ese punto se tiene que negar “todo el proyecto del Partido Nacional y ese vínculo de la élite corrupta”. De cara al año electoral, hoy considera que la mayor fuerza para provocar ese cambio la tiene el Partido Libertad y Refundación (Libre); no obstante, insta que es urgente el acercamiento entre fuerzas de toda la oposición.
Y es que advierte que el régimen todavía tiene capacidad de maniobrar y mucho control en los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de los recursos económicos y la fuerza militar “que puede, obviamente, imponer el esquema del continuismo”.
“Se necesita un proyecto de unificación para sacar a esta fuerza política que significa es el retraso en nuestra sociedad”. Orellana alerta que quienes gobiernan actualmente usarán fondos y “recursos oscuros” para financiar sus campañas y con esos “dineros sucios” van a imponer el modelo “elecciones Honduras”.
Y ante ese escenario, critica que: “La Unidad de Política Limpia es una caricatura, y lamento decir que tiene un representante de la oposición, pero este organismo ha sido totalmente ineficaz”. Agrega que no hay un resultado de su gestión, no existe un informe contundente que defina de dónde y cómo surgen los fondos para apoyar candidatos.
“Es ridículo pensar que en cenas de carne asada o la forma que sea, ellos (los políticos tradicionales) han recogido el dinero para financiar sus campañas, solo falta que nos digan que han estado haciendo actividades de venta de enchiladas”.
Concluye que esta dirección de “transparencia política” nunca se interesó por incidir en la sociedad y llevar ante la Justicia a quienes han recibido dineros del crimen organizado, tal y como en 2018 quedó demostrado en los juicios a excapos de la droga en la Corte de New York. “Los funcionarios de la Unidad de Política Limpia no utilizan la tecnología informática y no tienen la capacidad de escanear y frenar el virus del dinero ilícito en la campaña electoral”.
Sentencia que aunque 2020 hubo “inmovilización” de protestas, el sentimiento insurreccional está latente y, la oposición está obligada a formar una alianza si quiere cambiar al país. Sobre la idea continuista ha sido directo: el pueblo no aguantará otro golpe.

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