LENIR PÉREZ: EL OTRO YO DE MIGUEL FACUSSÉ Y LOS CARROÑEROS DE LA BANANERA

Las familias vanidosas del poder en Honduras no pueden comprender que mostrar opulencia en un país de pobreza va concentrando indignación, desprecio y envidias, por eso en estas tierras se ve de lejos cuando aparece un nuevo rico escoltado por los constructores de la República Bananera. Entre ellos nuestro ratón Pérez, el de origen desconocido que llegó con historia montada para inspirar a los coaching, ¡hasta extraña que lo haya ignorado Netflix!

Ganó mil millones vendiendo láminas y escaló y escaló ¡tanto! Que entró hasta en el radar de fortunas sospechosas para el FBI; el poder cambia la piel sí, pero aunque vista de seda… Su biología no cambia, no cazan ni tienen espíritu empresario, viven de la carroña.

Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. El signo que en toda sociedad destaca el desbalance del Poder Judicial es la abundancia de empobrecidos y la escasez de ricos, por eso, cuando aparece otro poderoso de la nada asusta hasta el “águila calva”. La historia de Lenir Pérez es opaca, a diferencia de las familias poderosas que cuentan sus historias desde que venían del desierto –o huyendo cobardemente del imperio otomano–, parece que para él la vida comienza en dos hitos importantes: el primero, cuando se casó con la hija no aceptada del terrateniente y verdugo de campesinos en el Bajo Aguan, Miguel Facussé y el segundo, su encuentro definitivo con quien fue condenado por traficar cocaína hacia los Estados Unidos, Juan Orlando Hernández. Después de esos dos instantes mágicos, si hay mucha información sobre la sorprendente historia inspiradora de Pérez, “míster” empresario.

Lenir Pérez logró contratos millonarios con el Estado, incluido el control de aeropuertos a través de Grupo EMCO.

Los malos gobiernos también traen inversionistas, la pregunta real es ¿qué tipo?, así como un cuerpo muerto también cautivan animales carroñeros que husmean entre huesos y carne podrida, así aparecen ciertos personajes en las páginas obscuras de un cuerpo muerto llamado Honduras, todos volando sobre el Presupuesto General, esperando el momento perfecto para morder, lamer y llevar hacia sus entrañas un pedazo de la república bananera, algunos se llaman “empresarios”, más por moda que por acción. Casi la mayoría. Así aparecen muchachitos como Guillermo Peña Panting el nuevo gerente en la ENEE, pero viejo en las ZEDE, impulsor de ellas y sin alma cuando vende la Patria de los demás. ¡Nos vuelan los buitres panzones! Una conducta de espíritu chiquito navega en los cuerpos de estos seres, muy lejos del sacrificio de los empresarios hondureños, esos que llaman mipymes o “emprendedores”, ¡Ja! Paradoja, el vividor los llama así para diferenciarse que él se supone grande.

Guillermo Peña Panting (hoy gerente de ENEE), participó en un foro sobre las ZEDE en Honduras, foto tomada en 2014 durante el foro celebrado en la Universidad Nacional Autonóma de Honduras – Valle de Sula.

Es 2010 ¡Big Bang! De nuestro genio en negocios, el pequeño Pérez y como el ratón la supo hacer, la expansión de sus negocios comenzó con el ascenso de Juan al poder, es aquí cuando las empresas se consolidaron de la mano de papá Gobierno, más de 1,000 millones le dejaron los azules a Lenir, entre negocios de venta de láminas, materiales de construcción, solo un contrato de Rayos X para Puerto Cortes fue de 25.7 millones de dólares, que de hecho fue el Gobierno de Castro en 2022 que le dio por “finalizado” el contrato ¿de ahí viene el odio? Y eso que ni siquiera hemos mencionado la concesión aeroportuaria que los azules le dieron, pero ya vamos… Y para los que se lamentan que no hay esperanza en Honduras, solo froten la “Lámpara de Aladino”.

El extinto magnate, Miguel Facussé se dirige a Juan Hernández.

La concesión aeroportuaria merecería un capítulo aparte en la novela del milagro Pérez. Porque los buitres del “Dorado” no siempre llegan con botas embarradas y machete, y espíritu malinche; a veces llegan con corbata italiana, sonrisas de inversionista y discursos sobre modernización. Mientras el país seguía atrapado entre caravanas, hospitales desmantelados y una institucionalidad hecha de cartón mojado, algunos descubrieron que el verdadero oro no estaba bajo tierra, sino sobre las pistas y con alas. El negocio aeroportuario cayó en manos cercanas al pequeño empresario del aluzinc, convertido ahora en arquitecto de megaproyectos y hombre de confianza del poder azul. Y como ocurre en Honduras cuando el Estado reparte el país como si fuera hacienda familiar, las preguntas llegaron después de las firmas: críticas por los términos de concesión, dudas sobre beneficios, señalamientos sobre procesos y un viejo pecado nacional, la falta de información. Porque aquí los contratos multimillonarios nacen entre reuniones silenciosas, oficinas cerradas y una frase que los hondureños conocen demasiado bien: “Todo está en orden”, es asunto de contactos queridas y queridos. Curioso país: el ciudadano espera años por una cita médica, se muere esperando la cirugía, pero los negocios gigantes encuentran pista libre para despegar, al estilo Toño, “A punta de Verga”.

LEnir Pérez, esposo de Ana Facussé, estrecha la mano de Juan Hernández en evento celebrado en Palmerola, proyecto construido por Grupo EMCO que pertenece a la familia Facussé.

¡Sin sorpresas en Palmerola! El esquema de siempre, hondureños ponen el dinero de su jubilación —“primavera” del campeño en nuestra Prisión Verde– en una inversión que parece apuesta de casino. Y en el foro de “la Frente” nos hechizaron que íbamos a quitarle el trono al gigantesco Tocumén al final, solo nos hicieron falta 47 mangas de abordaje ¡Ja! Casi nada, tiembla la tierra canalera, pero de risa ante tal vulgaridad o el “Puta dije yo, cuando lo vi”… Aún tenemos vergüenza por ese discurso soez ante invitados internacionales en octubre 2021, sobre cadáveres esperando el hospital móvil, así inauguraron Palmerola que hoy “da dinero” porque sí, ni modo que no usarlo; entre otros casos, ya contamos también lo del Centro Cívico y bueno, las fichas se mueven a gusto cuando no son de sus bolsas del modelo piramidal, donde el dinero sale del lomo suyo y mío, querido lector.

Habitantes de Guapinol en protesta por caso judicial contra defensores.

Pero luego vino la otra mina y la incapacidad de pensar negocios nuevos sin sangre y sin víctimas, no la mina de hierro sino la de conflictos. El Bajo Aguán conoce demasiado bien esa historia. Allí, donde campesinos y comunidades llevan décadas peleando por sobrevivir entre promesas y fusiles, aparecieron proyectos mineros –como si se quisiera volver al origen de todo, por el otro yo de Miguel Facussé– y con ellos vino una guerra de desinformación: desarrollo contra resistencia, inversión contra territorio. En medio del ruido quedaron hombres procesados, ambientalistas perseguidos, comunidades divididas ¿quién paga el costo del progreso? Porque en la república bananera hay una extraña costumbre; los grandes proyectos casi siempre llegan acompañados por “pequeños” sacrificios humanos, daños colaterales a la inversión. Y qué coincidencia: casi nunca son sacrificados quienes firman contratos en oficinas con aire acondicionado. Son otros. Los que siembran la tierra, los que viven cerca de los ríos contaminados, los que protestan, los que terminan entrando a tribunales mientras los verdaderos gigantes permanecen observando desde arriba, como aves que aprendieron hace tiempo que la mejor carroña no se encuentra en los cementerios, sino alrededor del Estado. Y la Justicia con tres millones en la mano hace la mirada hacia el lado.

Durante décadas el Bajo Aguan ha sufrido el mismo conflicto, la sangre derramada involucra agentes de seguridad, paramilitares, guardias privados y, sobre todo, campesinos.

Lenir no es una excepción; es una historia repetida demasiadas veces en Hibueras, es otro “Banana Man”, Cambian los nombres, cambian los apellidos, cambian las fotografías y los trajes, hasta el origen “noble”, pero el mecanismo sigue intacto, gobiernos débiles, privilegios fuertes, Ley asolapada y empresarios mágicos que aparecen donde el Estado comienza a desmoronarse. Si revisáramos con honestidad el origen de muchas fortunas nacionales quizá nos quedaríamos sin héroes empresariales y nadie seria “El Forjador” del año.

Hoy el muchacho que vendía láminas aparece en su residencia en Palm Beach, Florida, celebrando junto a Salazar que “salvaron la democracia”, sonriente, bronceado por el poder y cada vez más lejos de aquel origen humilde que tanto adorna las leyendas empresariales. Los contactos obscuros también cambian la piel; a algunos incluso los vuelve irreconocibles, pero una cosa conviene recordar, amigo Lenir: los buitres no cazan, no son predadores. Esperan. No construyen el cuerpo; llegan cuando otros lo dejan herido. Y en Honduras ya conocemos demasiado bien quiénes sobrevuelan cuando el país empieza a oler a descomposición. Avanti.

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