LA «TRUMP-DEPENDENCIA» O FINAL DE GALLINAS AZULES Y NO PREGUNTEN POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS…

Al haber intervenido Trump en las recientes elecciones en el país para respaldar a Asfura e indultar a JOH, el Partido Nacional ha atado su destino político y su vida al de la Casa Blanca. Si Trump pierde las elecciones intermedias como todo indica pasará el próximo noviembre, los nacionalistas perderían el apoyo internacional y sus líderes expuestos a hallazgos y presión internacional para llevarlos a tribunales.

En ese escenario, el Partido Nacional se vería obligado a defenderse de investigaciones externas por corrupción, el Congreso cachureco se convertirá en campo de batalla legal, en lugar de trampolín político. Tommy, pasaría de coordinar el Estado a desgastarse tratando de evitar la fragmentación interna y la prisión para los suyos.

Juan regresará a refugiarse al país y así nace un Triunvirato con lucha feroz, donde el ego y la codicia no dejarán a Tommy ser inquilino en presidencial y cada error de Asfura suma a la derrota en 2029, pero para los tres tristes tigres hay malas noticias, aún no está el final de “los Hernández” en la serie de HBO, y quienes hoy se preocupan por lo cara que está la comida no les importa esa pelea de las gallinas azules ¡Atención, viene el guazalo!

Reflexión
EL LIBERTADOR
redaccion@ellibertador.hn

Tegucigalpa. No es tan cierto que Juanchis viene con la gallardía de Alejando Magno a conquistar la tierra catracha. También viene a refugiarse del incierto noviembre en el norte. Tiene la seguridad que sus antiguos socios, hoy dominan todos los poderes, todas las armas y todas las voces, son jefe de jefes y papá de los pollitos. A solas, en la helada cárcel gringa, de cuando en cuando se le venía a la cabeza su frase bravucona: “Cómo quieran, quiero y, cómo puedan, puedo…”. Pero señores y señoras, esta serie “los Hernández”, aún no tiene final en HBO.

Imagen oficial de la reunión entre Donald Trump y Nasry Asfura.

En universos paralelos, la noche ha caído en Tegucigalpa, se sirve la cena en el “Altar Q”, están sentados los comunicadores que construyeron la “Racha”. Han escuchado el discurso que no querían oír y, todos, murmuran que ya pronto viene un viejo socio: lo ha liberado el anaranjado. Nadie come, nadie bebe, el arroz sabe amargo, para ellos la reunión ya terminó y sus pláticas son mentales. Solo el señor de los burros, que nunca cena, está parado masticando un pedazo de carne. —Es que usted no está haciendo bien las cosas, presidente —le recriminan, —van seis meses y nos tiene sin “cariñitos”, no olvide que somos el “cuarto poder” y somos legión. Una mirada como rayo eléctrico cruza la habitación y el maestro del cemento les grita —¡No ve que no hay dinero! —Pero ese negocio de la ENEE, si es para sus amigos —responde aquel periodista que guarda las dagas en el saco y toma un sorbo débil de vino tinto. Una gota cae sobre el mantel blanco. Únicamente el silencio reina entre los retratos de los presidentes y da la impresión que de un cuadro emerge un susurro de ultratumba: “Mercenarios del Templo”.

Tommy Zambrano del Partido Nacional entrega regalo a la republicana, María Salazar.

En ese contexto de malestares, Tommy increpa al gobernante —Señor, debemos ser más flexibles con los nuestros, ellos y los extranjeros nos tienen aquí. El presidente no escucha, se encierra en la torre y, por sobre su hombro, brillan los puñales de los que no están dispuestos a hundirse con el barco. Hábiles marineros de la política vernácula olfatean dónde se mueve el poder y, según parece, se está hospedando en Barrio El Centro, en la esquina de la 2ª Calle y 7ª Avenida de la capital. Tommy se levanta de la mesa, debe atender una llamada importante desde el extranjero y no deja más que flotando en el ambiente un “así se hará, líder”. Sun Tzu, explicó que una de las formas más eficaces de vencer un enemigo es aislarlo de todo lo que lo hace fuerte; en este caso tan maravilloso en que la presidencial ha abandonado a todos sus generales, cabe preguntarse ¿Cuándo fue la última vez que habló con sus diputados? ¿Con sus alcaldes? ¿Con sus secretarios?
Mmmmm, o ¿Será que el señor del que todos asumen son más inteligentes hasta María, Luz y Johana, está siendo fiel al libreto original? ¿Estará mejor informado y asegurado que todos? No olviden la fábula de la zorra y el cuervo.

El exmandatario Hernández, condenado por narcotráfico, habla al oído a Donald Trump.

Esa mesa, sin saberlo, ya era el bosquejo del Triunvirato que Honduras estaba por parir. Hay países que tienen instituciones y hay otros que tienen realismo mágico con olor a pupusa quemada de “Chicho”. Honduras, fiel a su tradición de que la historia se repita primero como tragedia y luego como chiste de WhatsApp, acaba de estrenar su propio Triunvirato: no el de Roma, con Craso, Pompeyo y César repartiéndose el imperio, sino uno más humilde y sangre inculta, con “casamiento” (arroz y frijoles), y la bendición desde Mar-a-Lago. En una esquina, Juan Orlando Hernández, a quien un tribunal de Nueva York condenó por convertir el país en aeropuerto privado de la cocaína, y a quien Donald Trump —con la generosidad de quien no paga la cuenta— le firmó un perdón “por persecución injusta”, como si cuarenta y cinco años de sentencia fueran un malentendido de tránsito. Juan regresa, no a la cárcel, sino al imaginario nacionalista, como el fantasma de Banquo en el banquete de Macbeth (que regresa por su venganza a la traición): nadie lo invitó, pero ahí está, señalando desde su silla vacía a quien lo traicionó.

Y en la tercera esquina —porque todo buen triunvirato necesita su Craso, el que nadie recuerda hasta que traiciona— Tommy, flamante presidente del Congreso, calienta la silla contigua con la paciencia de quien ya se probó el sombrero presidencial frente al espejo. Como en Cien años de soledad, en Macondo-Tegucigalpa cada generación repite el nombre y el vicio del abuelo, solo que aquí el coronel no tiene quien le escriba, tiene quien le tuitee.- Estas obsesiones pueden quedar en eso, para muchos y muchas, ya lo inmortalizó el famoso monólogo donde el protagonista, Segismundo, concluye que la realidad es ilusión y afirma: «que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son», en la obra célebre que explora la libertad y el destino, «La vida es sueño», del autor clásico Pedro Calderón de la Barca (1600–1681).

Salvador Nasralla habla a los allegados de la republicana María Salazar, famosa en la comunidad de cubanos en Miami por su postura injerencista.

El gran dilema que decidirá todos los movimientos que hierven ahora en el estómago hambriento del Partido Nacional son los resultados de las elecciones intermedias de EE. UU., este próximo noviembre de 2026. Actualmente, las encuestas perfilan una fuerte caída electoral en la aprobación de Trump, crisis en las bolsas de los estadounidenses, mala gestión económica, negativa política migratoria, precios elevados en bienes y servicios, guerra costoso y perdida contra Irán, etcétera, lo que apunta a que los demócratas podrían recuperar el control total del Congreso estadounidense. Si Trump pierde el Congreso, afectaría gravemente la fortaleza del Partido Nacional. Aunque mantenga la presidencia en Washington, un Congreso dominado por los demócratas paralizaría sus políticas y activaría comisiones de investigación. Esto debilitaría el escudo político internacional que protege a JOH y Asfura, dejándolos vulnerables a presiones de agencias multilaterales e investigaciones por corrupción institucional. Ese declive, expondría al propio Tommy, históricamente, salpicado por casos de corrupción impulsados por la extinta MACCIH como «Fe de Errata» o «Pacto de Impunidad» por supuestas alteraciones de leyes y decretos para proteger a funcionarios investigados. Sin respaldo de la Casa Blanca, la amenaza exterior forzaría reactivación de esos expedientes en tribunales hondureños Tommy se ha alineado con la derecha republicana, incluso, recibió en New York el galardón conservador premio Richard Nixon.

Una anciana hondureña sostiene la bandera de EE.UU. en las afueras del Congreso donde se realizó la toma de mando de Nasry Asfura.

La «Trump-dependencia» decidirá el rumbo y la muerte del Partido Nacional, actuando como un árbitro externo en la feroz disputa interna entre Asfura y JOH. Al haber intervenido Trump de forma directa en las recientes elecciones para respaldar a Asfura e indultar a JOH, el partido ha atado su destino político al de la Casa Blanca En ese escenario, el Partido Nacional se ve forzado a defenderse de investigaciones externas por corrupción, el Congreso cachureco se convertirá en campo de batalla legal, en lugar de trampolín político. Tommy, pasaría de coordinar el Estado a desgastarse tratando de evitar la fragmentación interna y la prisión para los suyos. Y, Asfura quedaría contra las cuerdas, obligado a optar entre mantener la alianza interior con los sectores salpicados (JOH y Tommy) o entregarlos a la justicia internacional para salvar su propia administración.

Mientras tanto, la base nacionalista —la de a pie, la que en 2017 durmió en la calle “defendiendo el voto”— protesta frente al Centro Cívico con gallinas. Gallinas vivas, cacareando su indignación: la metáfora más honesta que ha producido la política hondureña en años, el símbolo perfecto de un partido donde un tipo que viene de la prisión los pone a temblar, como dice la señora azul: “¡les faltan huevos!”. Julio César tuvo su Bruto; Asfura y Tommy tienen su Juan o, ¿Juan y Tommy su burrito). Y Honduras, pobre Honduras, tiene su corral: tres gallinas peleando por el mismo palenque, y el pueblo, otra vez, poniendo los huevos.

Nasry Asfura, firmando sus primeros decretos como presidente ante la mirada del mandatario del Legislativo, Tomás Zambrano.

En el presente, el retorno de Juan hará implosión en el Partido Nacional. El ego y los complejos no dejarán que un Tommy operativo llegue al ansiado poder, quedó cerca como Cabo Verde y ese será su mejor consuelo, pero de algo sí están seguros, cada mala acción de Asfura es un ladrillo más en la derrota de las próximas elecciones (en la nube del nacionalismo ya piensan en noviembre y tiemblan). A quién va a comprar comida, a llenar su tanque, a pagar la energía, no le importa quién de los tres gane la pelea del gallinero; le preocupa no saber qué le va a poner mañana en la lonchera a su hijo para ir a la escuela. Y es justo ahí donde ya comenzó la derrota nacionalista. Y, si Trump cae, con más cagazón que gallina oyendo los colmillos del guazalo, buscará la inmunidad presidencial ¡Cuatro años más!

La activista del Partido Nacional, Mercedes Saravia, sostiene una gallina durante uno de sus plantones donde reclama a funcionarios que «no tienen huevos», para borrar a todo Libre de empleos públicos.

Los liberales podrían levantarse, sacudirse el polvo y seguir, pero se han conformado demasiado tiempo con ser el tercero, el cómplice humillado está vez también condenado, un partido bisagra que cualquier jefe cachureco usa y luego le dice: “ustedes son tontos, deberían hacer oposición”. ¡Aspiren a la presidencia! Por su lado, Libre podría capitalizar esa indignación en una alianza con Salvador, si ambos son lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de que no son enemigos: solo han sido manipulados y ambos han caído. La pérdida de influencia de Trump en Centroamérica revitalizaría a los sectores de oposición en Honduras, que podrían utilizar la presión de agencias norteamericanas para deslegitimar al gobierno de Asfura y exigir el encarcelamiento o juicio de las figuras históricas del nacionalismo.

Y así termina esta escena del teatro nacional, tres hombres disputándose un partido como si todavía fuera un reino, mientras afuera las gallinas hacen más ruido que discursos y el pueblo sigue preguntándose cómo pagará la energía, el combustible o la lonchera de sus hijos. Hemingway escribió que no preguntáramos por quién doblan las campanas, porque doblan por todos nosotros y todos ustedes. En Honduras conviene actualizar la sentencia, ¿no pregunten por quién cacarean las gallinas azules?, cacarean por un partido que olvidó escuchar su propia granja y por una clase política y empresarial que sigue creyendo que el poder consiste en repartirse el gallinero, aunque ya no queden huevos que recoger. Avanti.

LEA AQUÍ, EL LIBERTADOR EDICIÓN MENSUAL

Deja un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Contenido Protegido