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MISERIA HOSPEDA HONDUREÑO Y SU NIÑO EN VIEJO SOFÁ EN BULEVAR SAMPEDRANO

MISERIA HOSPEDA HONDUREÑO Y SU NIÑO EN VIEJO SOFÁ EN BULEVAR SAMPEDRANO

Un niño juega con sus carritos de plástico en la tierra de un parque, ahí habita a la intemperie con su padre, luego que fueron desalojados del cuarto por no poder pagar el alquiler, eso y más narra esta historia que para la televisora Canal 36 cubrió el periodista Ely Vallejo y, por su importancia humana, en medios escritos publica EL LIBERTADOR.

 

A escasos metros de la iglesia “Luz del Mundo”, con un viejo sofá, un par de baldes y ladrillos improvisados como sillas y un pequeño fogón de piedras para cocinar alimentos, don Iván Gonzáles Enamorado afronta con su infante, como miles de compatriotas, la crueldad degradante de la miseria a instancia del gobierno indiferente que reproduce violencia y desigualdad en Honduras.

 

 

Redacción Central / EL LIBERTADOR

 

Tegucigalpa. “Tengo hambre” para el hondureño es también un grito de protesta, porque la desgracia del pueblo es que el país ha quedado en manos de ineptos que ven como norma la miseria y la dividen en infinitas categorías y en confusos conceptos. La “pobreza relativa” esconde la desastrosa administración de los bienes del Estado, entre otros, el dinero público, que debería incentivar el desarrollo de cada ciudadano.

 

No había pasado un mes de confinamiento cuando en Honduras se empezó a informar de miles de familias lanzadas a las calles por no poder pagar el alquiler, de pronto, privilegiado aquel que hoy paga un espacio que lo proteja de la lluvia, el sol y el virus, aunque viva en condiciones de hacinamiento.

 

En Tegucigalpa las familias sin techo veían de reojo al gigantesco Centro Cívico Gubernamental, un complejo de tres edificios que les hubiera dado cobijo si los funcionarios que representan al hondureño, tuviera una pizca de humanidad. Escuelas, colegios, universidades e iglesias, todos esos centros han podido servir para dar techo a ciudadanos que han quedado en la calle durante los más de seis meses que el país lleva batallando contra el Covid-19.

 

El desempleo repuntó y entre tantas historias que conmueven el corazón del hondureño, está Ivan Gonzáles Enamorado, un padre soltero que tras quedarse sin trabajo fue sacado a la calle por su casero, pasando a vivir en el bulevar del Norte de San Pedro Sula, que de la capital industrial conduce a Choloma.

 

Asentado en un área verde cerca de un templo de la “poderosa” iglesia “Luz del Mundo”, este noble hondureño cuenta parte de su historia al periodista Ely Vallejo de Canal 36, ha buscado empleo sin éxito y mientras sueña con un techo, se las arregla con un viejo sofá como cama, baldes como sillas y un pequeño fogón para tener un bocado.

 

“Quedé sin chamba (trabajo) por la pandemia, no pude pagar cuarto y me sacaron”, cuenta que de vez en cuando vehículos se detienen para darle una mano y que si no han aguantado hambre es por los actos nobles de algunos sampedranos.

 

No obstante, don Iván pide ayuda para salir del bulevar, tener un trabajo y poder pagar por un techo. “Salí a buscar empleo, en una construcción me dijeron que me daban trabajo pero que no podía andar con mi niño porque es prohibido y no pude trabajar por eso”, menciona tras confesar que no tiene a nadie que lo ayude.

 

Sobre su pequeño, de 12 años, se duele que ha tenido que interrumpir sus estudios y que le es imposible tener internet para recibir educación, ningún funcionario se le ha acercado por auxilio, ni el alcalde ni los diputados que juraron legislar para él.

 

“Yo lo que busco es ayuda para trabajar o tal vez para surtirme de fruta y poder vender, buscar que hacer porque me ha afectado la pandemia”, relata el noble padre, quien ve al cielo esperando una intervención divina. “Ojalá que cambien las cosas porque no es bueno estar así”.

 

El Gobierno de Honduras prometió un socorro cada 15 días con el “saco solidario”, la acción humanitaria sólo se observó como una constante en el primer mes, a la fecha los casos de mendicidad van en aumento, igual que el virus.

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