AQUÍ, EL POBRE QUIERE SER POBRE, “HONDURAS IS OPEN FOR BUSINESS” Y SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO

La forma de pensar y mirar el mundo es la superestructura montada en la mente del hondureño desde hace 40 o 500 años, sigue el mismo patrón: “Honduras is Open For Business”, basta que nos dicen que vamos a estar bien y entregamos todo a quienes nunca nos han devuelto siquiera un poco y, han tenido éxito porque desde el control del poder han impedido con hambre, miedo, magia y circo que hallemos nuestra consciencia como pueblo.

Y el pobre, es “porque quiere” y nos pintan historias de éxito en “tiktokers” y presentadoras, primero, pero no te dicen cómo se les depositó un poco de presupuesto para sus boutiques, viajes, chiches plásticas y trasero gordo, ahí las ven luego pidiendo banquetes a cambio de subir historias de Instagram, aunque el mayor descaro está en quien cita la infamia, heredero de un clan que se enriqueció al expropiar lo público.

Los “nepobabys” sueltan las migajas a periodistas “aleros” para reproducir la ilusión, el zopilote no vuela después de hartarse la carroña; pero toda simulación tiene límite: el hambre no es espectáculo, la tierra arrebatada no es ficción y un salario miserable no desaparece con una nueva distracción, algún día se desvanecerá el humo, caerá la luz y se verá a los viejos acaparadores de los bienes y a quiénes rebuscan entre su basura.

Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Un niño se hunde en los desperdicios de los demás, tarea compleja: encontrar dulces y jugos. Con sus pantaloncillos cortos, los tres dientes de enfrente y actitud de pirata, busca en la noche obscura que ya ha tardado siglos en amanecer; cuando por fin lo logró, se acerca con una extraña confianza familiar al cementerio que tiene al lado y sin el permiso de los muertos esconde los tesoros recolectados en las tumbas aún sin dueño, para que nadie le quite lo encontrado, para volver después y disfrutar con la compañía de los muertos… y no es una metáfora, es la realidad del hondureño sumergido hasta el cuello entre fantasía y miseria. Un niño aprende a esconder dulces entre las cruces olvidadas, mientras, en algún lugar, alguien es dueño de la dulcería y, si pagara impuestos, quizá otro mundo tendría ese niño, que nació con la raíz hasta los huesos de los muertos.

En la gráfica, el gobernante Nasry Asfura junto al tiktoker «Supremo» a quien prometió ayuda millonaria.

Hoy, esta Honduras de contrastes, que por reales no son imaginarios, subsiste en tres capas contrapuestas entre sí: la primera es la vida real, el hondureño que cada semana grita de dolor con el familiar asesinado en el barrio, las casitas descascaradas color salmón, una pobreza pintada bonita molesta menos, el dinero no ajusta para lo “básico”, “mínimo”, como el salario, calidad de vida o esperanza de vivirla, los que no saben leer ni escribir, pero les piden el voto; en segundo lugar tenemos la capa de algodón, el aliciente, un amortiguador que mantiene a estos primeros en ensueño de Morfeo: “viene un temblor”, “ayer vimos un extraterrestre”, “el polvo del Sahara”, “nueva pandemia” o el chisme de esa televisora que usted está pensado; finalmente la súperestructura (los que producen las ideas y pensamientos de la mayoría de hondureños), los que ordenan las noticias falsas, los que aman este país, pues siempre está “open for business”, los que no se sienten hondureños, pero viven de Honduras; sus residencias están en Miami, aquí vienen rara vez. Honduras es la casa de campo, pero Miami es la ciudad, allá se comen en inglés lo que saquean de la finca, ellos, como dijo en una reunión privada el embajador estadounidense Cresencio Arcos: “El problema de Honduras es que la vida de los pobres no está en la mesa de los ricos de este país”. En lenguaje cultísimo, el bienestar del hondureño les vale mil kilómetros de verga.

El asesor argentino, Fernando Cerimedo, se le atribuye haber creado «la Racha», la tendencia que popularizó a Asfura y, entre otras, instaló el fraude electoral de noviembre 2025.

¿Somos acaso una “sociedad del espectáculo”?, como escribió el pensador francés Guy Debord o, más loco todavía, vivimos en una simulación tipo “Matrix” (en español se traduce como «matriz», que puede referirse a un molde, un útero, una entidad generadora o un conjunto de números organizados en filas y columnas, simples cosas, sin mucha paja). ¿Así no ven como población, éstos majes? Puueees siii hoombeee, donde el espectáculo no solo se mide por la televisión sino lo que nos quieran dar y, han de decir: “No necesitan desarrollo económico estos indios pendejos, no están listos, se conforman con darles un concurso de comer Hot Dog o baleadas, ja,ja,ja,ja”. Y, se levanta el intelectual pagado en aquella sala escarlata y habla con un estilo que nadie entiende: “Degrada la realización humana del ser al tener y finalmente del tener al parecer”, y así, afuera, en las calles y en todo espacio de la vida (ocio, cultura, emociones) se ha convertido en mercancía consumible (si tiene billete, obvio), donde los ciudadanos se transforman en espectadores que contemplan el mundo en lugar de actuar; o como sociedad somos “The Truman Show” donde no tenemos cortes comerciales pero somos mercantilizados, vida y muerte como un negocio de embrutecimiento o como Truman que no vive una vida real; sino que experimenta una simulación diseñada para el entretenimiento ajeno.

El extinto magnate, Miguel Facussé, fundador de la guerra en el Valle Aguán, se dirige al entonces gobernante Juan Hernández.

Los arquitectos de esa superestructura, que es el orden impuesto a la sociedad (sistemas de leyes, educación, cultura, modelo económico y político “democracia”, medios de comunicación, partidos políticos, iglesias, valores de la familia) ven una Honduras completamente distinta, llena de oportunidades y buena salud; se habla en otro idioma y se piensa en ese mismo, “Honduras is Open For Business”, donde el hondureño no sale de la pobreza por haragán, es decir “es pobre porque quiere”, planifican los ríos, tierras y mires, periodistas y políticos arlequines empolvados que bailan al son de la música que les tocan, mientras se engordan de las migajas que caen de los manteles blancos del poder (frase histórica de nuestro Director-Fundador), comen “almas” (el caviar más caro y disfrute la metáfora) mientras destapan el Champagne Brut Nature y parten un país en pedazos mientras se ríen de ideas románticas como “tierras ancestrales”, “patriotismo”, “libertad” o “democracia”. Bueno, bueno, quizá exageramos, para degustar eso se necesita cultura y éstos son más de McDonald y Disney.

Fotografía histórica de hondureño durante pandemia.
Quo Vadis? – EL LIBERTADOR.

¡Ahora vamos al programa del día! ¿La presentadora se puso pechos elásticos talla 5XL? ¡Ultima hora! Un “influencer” será secretario de Estado ¡Oh! —perdón vamos a un corte comercial, a nuestro presentador se la infectó el bótox— pero continuemos que el espectáculo debe seguir. Luego viene la superstición, el duende rojo, la brujería, el miedo a Dios, que es mejor ser pobre, porque el rico no entrará al reino de los cielos, así que ponele, no le parés bola a la miseria en vida, pues cuando estemos muertos vamos a barrer felizmente las calles de oro ¡Jodas, ni muertos quieren que dejemos de trabajar!; el miedo como método de control, el entretenimiento como distractor y cuando menos te das cuenta alguien a tu lado te dice “¿Viste que hay una nueva pandemia?” o que debemos cuidarnos del “temblor”. Este justo momento es donde el hondureño olvidó el hambre y la enfermedad, algún día tendrá su conciencia del poder como pueblo y de la riqueza que hace 500 años le roban y disfrutan unos poquitos del patio y todos extranjeros.

La periodista de EL LIBERTADOR, Fanny Yanes, se funde en abrazo con niños que habitan a inmediaciones del botadero de Tegucigalpa, cuidados por la Fundación Amor, Fe y Esperanza. Archivo 2023.

Pero siempre se cae una lámpara del techo, hay un error o un exceso del poder, por ejemplo un Elvin Santos acusado de “lavado de activos” sale de la prisión en 24 horas (2018) y obviamente con su sobreseimiento definitivo, mientras un hondureñito que robó una gallina para darle de comer a sus 3 hijos lleva 10 años en prisión esperando siquiera la visita de algún abogado o fiscal que se acuerde que está allí, y no llegará nadie; esos excesos, un día le recuerdan al ciudadano sufrido, que le han robado la tierra, el río, hasta el derecho de soñar, despierta del letargo de siglos pero aún sin conciencia se convierte en masa; como el periodista miedoso que fue racista y ahora llora y culpa a otros de sus actos en fragante incapacidad para asumir la consecuencia de sus palabras, así el hondureño desesperado reclama por todo, lo destruye todo, se da cuenta que allá arriba en la torre en el piso más alto, alguien lo ha visto como pendejo y se vuelve imparable, donde ni influencer, Tiktokers, pastores o cardenales importan. Y la migración es el mejor síntoma de esa enfermedad, un “escape” a esta simulación.

Protesta de la comunidad Garífuna hondureña.

Quizá Honduras se parece a The Truman Show, no porque alguien controle cada movimiento del hondureño, sino porque una minoría tiene mayor capacidad para construir el escenario donde los demás viven con sus mentes controladas, decide qué se discute, qué se olvida y, sobre todo, quién posee los recursos mientras otros sobreviven con sus desperdicios; pero toda simulación tiene un límite material, el hambre no es espectáculo, la tierra arrebatada no es ficción y un salario miserable no desaparece porque llegue una nueva distracción; un día cae la lámpara del decorado y queda expuesto lo esencial, mientras unos poseen la dulcería, otros buscan dulces entre la basura. Y en caso de que no los vea: buenos días, buenas tardes y buenas noches… ¡Avanti!

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