EDITORIAL Y PORTADA EL LIBERTADOR JUNIO 2022/ LA POBREZA DEL CAPITAL

Redacción/ EL LIBERTADOR                                                                                                                                                                                        

Editorial 

LA POBREZA DEL CAPITAL 

Esas astutas alimañas confirman su psicosis en el siniestro razonamiento que fija su certeza en que jamás perderán la explotación del presupuesto público y de los bienes nacionales si eternamente hunden en la mayor vulgar miseria a siete millones de hondureños y un millón más cada cuatro años.

Es muy fácil hallar la solución al acertijo del fundamentalismo de la desigualdad hondureña, está en esas bandas de zoquetes emergentes y tradicionales de la política y en el volátil capital golondrina de un pequeño portafolio de apellidos; el propósito de vida de esas pocas familias aturdidas por mezquindad y “pisto” malhabido, reside en apropiarse de los monopolios y duopolios naturales y artificiales de la nación que sin dudas y en un solo debate aprueban sus laboriosos parlamentarios.

De esas mentalidades en lividez post mórtem ha surgido por siglos la tétrica fórmula del obscurantismo y la vergüenza mundial del pueblo hondureño, sellada por brutales golpes de Estado, dictaduras y dictadores, regímenes militares, desprecio contra Honduras y su población, corrupción como sistema, narco-gobierno y la indigencia e ignorancia como estrategia de esclavismo social.

Al costo que sea se aferran a los negocios más turbios en el país para disfrutar las abusivas ganancias en el extranjero.- Por eso la actitud de los sectores conservadores es inamovible en Honduras, por eso mismo están en contra de cualquier cambio, peor si favorece a la sociedad y les quita una porción del ingreso, de inmediato activan sus medios de comunicación y sus parlantes ante la leve percepción que están desviando su doctrina del robo y las prácticas que consideran esenciales e inmutables en su viejo pero funcional sistema ideológico.

Es tan compacta la estrechez mental del capital hecho en Honduras que regalan todos los recursos naturales del país siempre que la empresa conlleve riesgo de inversión, les basta la negociación segura con el gobierno, por eso el oro de las minas lo sacan en broza transnacionales que pagan un canon para estallar de risa o morirse de cólera, no llega ni al 1 por ciento del total explotado en metales, sin saber nadie cuál es la extracción exacta.   

A nuestras tierras todavía no ha llegado ni la primera revolución industrial, aquel proceso de profundos cambios económicos, políticos, sociales, culturales y tecnológicos que se desarrolló entre 1760 y 1840, y tuvo su origen en Inglaterra, después siguieron Francia, Estados Unidos, Alemania y otros que hoy se sientan en la mesa de las naciones más desarrolladas del planeta.- En todos esos países hubo un denominador común, los dueños del capital apostaron por la evolución de sus pueblos, apreciaban la ganancia y su lugar de nacimiento, marcaron un antes y un después de sus tiempo cuando apoyaron sus economías creando invenciones.

En Honduras no hay capitales de inversión con visión futurista, hay simples masas de dinero a tasa de interés de agiotista o de prestamista usurero de mercado popular.- Aquí, quien tiene dinero monta una carpa plástica que llama bazar para ganarse el laurel de empresario del año, cualquier bagatela consentida por la prensa tiene más valor que los diseños inéditos de un inventor desconocido.

El capital hondureño aún no sabe que forjar innovaciones tecnológicas y científicas planteará una ruptura con las estructuras sociales, políticas y económicas existentes, y sólo así, alguna vez dejará de ser pobre como es hasta 2022. ¿No les gustaría ganar, siendo útiles a la sociedad, tratados como visionarios y gente respetable?

 

VEA AQUÍ EL LIBERTADOR IMPRESO, JUNIO 2022

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