Tras su ofensiva contra Irán y la presión sostenida sobre Venezuela, el Gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, coloca ahora a Cuba en la mira, elevando amenazas militares y tensiones en la región.
Agencias / EL LIBERTADOR
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó la tensión contra Cuba al sugerir que su país podría tomar control de la isla “casi de inmediato”, tras concluir —supuestamente— su ofensiva militar en Irán.
Durante un acto en Florida, Trump reforzó su narrativa de presión hemisférica, insinuando que la estrategia aplicada previamente contra Venezuela podría replicarse en la mayor de las Antillas como parte de una ofensiva geopolítica más amplia.
El mandatario incluso planteó el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas cubanas, afirmando que su sola presencia bastaría para forzar una rendición del Gobierno de La Habana.
Estas declaraciones se producen en paralelo a un endurecimiento de sanciones económicas contra Cuba, dirigidas a sectores estratégicos como energía, minería, defensa y finanzas, ampliando el cerco sobre la ya golpeada economía insular.
La escalada forma parte de una política más amplia de Washington que, tras intervenir en Venezuela y mantener confrontación con Irán, apunta ahora a Cuba como siguiente objetivo en su agenda de presión regional.
Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció que las declaraciones de Trump constituyen una amenaza de agresión militar “peligrosa y sin precedentes”, elevando el riesgo de un conflicto directo.
Díaz-Canel llamó a la comunidad internacional a pronunciarse frente a lo que calificó como un posible “acto criminal”, señalando que estas acciones responderían a intereses de élites políticas y económicas con fines de dominación.
El mandatario cubano aseguró que la isla no cederá ante presiones externas y advirtió que cualquier intento de intervención enfrentará resistencia en todo el territorio nacional, reafirmando la defensa de la soberanía.
En la misma línea, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla sostuvo que las amenazas de Washington elevan la agresividad a niveles peligrosos, denunciando una estrategia orientada a asfixiar económicamente al país.
Mientras tanto, el conflicto se inscribe en una crisis más amplia iniciada en 2026, marcada por sanciones, bloqueos energéticos y presiones para un cambio de régimen, configurando uno de los momentos más tensos en décadas entre ambos países.

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