VOLTEAR HACIA AFUERA: HONDURAS EN SU LABERINTO

Hoy nos alineamos alegremente con el eje político Washington–Londres–Tel Aviv-Kiev. Y somos parte del llamado Escudo de Las Américas, que garantiza la política continental de imposición tarifaria, bloqueo, operaciones de invasión y secuestro de mandatario, disuasión e intervención electoral, para garantizar la democracia y, según sus promotores, la seguridad y defensa continental.

El problema es que Honduras se queda otra vez sin estrategia derivada de su interés de país, cuyo criterio de acción sea el bienestar general. Y continúa improvisando su servicio exterior en provecho de grupos y clientelas. Se necesita una política exterior de Estado que prime apertura de mercados, inversión y cooperación estratégica para fortalecer nuestras capacidades, aunque permita las expresiones de gobiernos varios y la coyuntura.

El escenario actual—analiza aquí el doctor Rodolfo Pastor Fasquelle— se parece a lo que ocurrió con el advenimiento de Tiburcio Carías al poder y, después, de O. López A. cuando, en ambos casos, luego de una vacilación, el país volvió al redil y al alineamiento riguroso con Washington.

Rodolfo Pastor Fasquelle
A M. S. y A. finos lectores
EL LIBERTADOR
redaccion@ellibertador.hn

Siendo realistas, tener política exterior exige un estado soberano, independiente de otro, a saber, soberanía. Y mantener una extensa red diplomática demanda recursos de que se pueda disponer libremente; es un lujo para un país pobre. Honduras existe desde su gestación dentro de órbitas externas limitantes y tenemos recursos, pero no de libre disponibilidad.

Además, es chiquita. Muchas ciudades —secundarias— alrededor del globo tienen más población y el país cuenta con menos de un sexto del área de Tejas.[1] Apenas es un Estado en construcción que no alcanza a cumplir 200 años. Es difícil en esa circunstancia tener políticas nacionales, y es lógico que no ha alcanzado más que una política exterior reactiva

¿De satélite? ¿Sería posible dejar de ver hacia afuera como país, sin embargo? Claro: si Centroamérica estuviera unida, Honduras no necesitaría tener relaciones o un servicio exterior. Sin embargo, hoy Centroamérica es un brete más y varios de nuestros mayores retos no tienen una solución interna, con lo cual la política exterior resulta más necesaria que antes

Gráfica del doctor Rodolfo Pastor Fasquelle.

No tenemos el con qué. Para invertir en la producción de energía sostenible y en la infraestructura logística que dinamizará nuestra economía. No tenemos la tecnología, el know-how que aporta la cooperación internacional. Necesitamos ampliar el entorno abierto para el comercio exterior, nuevos mercados aún si la producción es poca y diversificar suplidores de alimentos, combustibles e instrumentos. De modo que, en un mundo en recomposición, necesitamos relaciones exteriores estratégicas.

No han sido nunca así. Tampoco es sorprendente la evolución más reciente casi inevitable de la política exterior. El escenario actual se parece a lo que ocurrió con el advenimiento de T. Carías al poder y, después, de O. López A. cuando, en ambos casos, luego de una vacilación, el país volvió al redil y al alineamiento riguroso con Washington. Allí, cuál déjà vu, se nombró al primer embajador de Asfura, R. Flores B, canciller de Flores y luego embajador de Mel y luego quiso serlo del golpe.

Se percibe asimismo una perezosa deriva. Las relaciones con Europa dejan de ser centrales. Un par de embajadores de la administración anterior continúan asignados en España e Inglaterra, acaso porque son muy útiles, aunque podrían cambiar de destino. Sólo se ha enviado a Europa como nuevo embajador al reincidente Jiménez T., ex ministro de Maduro, a Italia. Se envía otra ex Canciller, familia de la actual a Bélgica con la que hay poco trato, pero donde reside una sede de la UE.

Congruente con ese realineamiento, bajo el nuevo gobierno, se han fortalecido las relaciones exteriores con viajes presidenciales tres a Estados Unidos, como a Israel, donde se ha nombrado embajador al exministro de Defensa J. L. Núñez B. y ahora a Ucrania.

En otro tiempo, se llamó entreguismo. Hoy nos alineamos alegremente con el eje político Washington––Londres–Tel Aviv-Kiev. Y somos parte del llamado Escudo de Las Américas, que garantiza la política continental de imposición tarifaria, bloqueo, operaciones de invasión y secuestro de mandatario, disuasión e intervención electoral, para garantizar la democracia y, según sus promotores, la seguridad y defensa continental.

Foto oficial del Escudo de las Américas, coalición creada por Donald Trump. Al fondo, se observa al presidente de Honduras, Nasry Asfura.

No la inversión… que precisamos. Para complacer a extraños, se da la espalda a países amigos, como Rusia, con la cual Honduras se distancia ineludiblemente y sin beneficio, tomando una posición abstracta que no tiene que ver con sus necesidades nacionales.

Hay varias ambivalencias. Hay bajo Asfura un acercamiento vacilante con Taiwán y con un Japón, que deja de ser estratégico. Quizás gracias a la firme exigencia de los empresarios, y pese a la incansable agitación en los medios por parte de los agentes de Taipéi en Tegucigalpa, se ha conservado empero —contra muchos anuncios de que ocurriría lo contrario— la incómoda relación de Honduras con China. Sin la expresa conciencia de que es un recurso para buscar una política exterior más pragmática y balanceada. Que podría resultar aún estratégica. Sin olvidar realidades objetivas.

El socio estratégico, declara la canciller Agüero al llegar, es EUA. Y ahora se reconoce la importancia de Corea, con la juramentación de una nueva embajadora, V. de Pierrefeu M., en Seúl. ¡Albricias! Ojalá Corea corresponda.

No es cierto pues —ni tendría que ser así— que los nuevos embajadores sean profesionales de carrera, como anunciara la Canciller que nombraría, para reconstruir el servicio exterior). Se restaura el statu quo ante. Cuatro nominadas se han desempeñado antes como embajadoras de administraciones nacionalistas. Cinco embajadores nuevos fueron antes ministros de gobiernos de ese partido o de su socio, desde tiempos de Reina hasta JOH.

Otros seis nominados están asociados a redes empresariales y zonas económicas identificables. No sé cuál nuevo embajador provenga solo del escalafón, que también tiene falla, porque la entrada suele ser política. Todos son de la confianza del régimen bipartidista. Nadie entre los confirmados ha estudiado relaciones internacionales, analiza la función diplomática u ofrece una visión internacionalista con rigor académico. La academia no es relevante.

Como siempre, lo determinante es la red política que garantiza la permanencia. En pocos casos en que no hay una filiación partidaria, se trata de personas ligadas a sectores económicos que influyen sobre círculos de gobierno.

Aunque aún no se ha visto que el presidente bese —como con Trump— la mano de Netanyahu, sobre cuya cabeza pende una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza. O la de Zelensky, de quien antes que Honduras tornara su aliada en Los Confines, se distanciaron sus vecinos inmediatos: Polonia, después de Hungría, Eslovaquia y Bulgaria. Sin olvidar que no es solamente la falta de tino para escoger causas, amigos y relacionarse con dignidad lo que está en juego.

Miembros de la guardia de honor china se preparan para la llegada de la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, y del presidente de China, Xi Jinping, durante una ceremonia de bienvenida frente al Gran Palacio del Pueblo en Pekín, el 12 de junio de 2023. (Foto de WANG Zhao / POOL / AFP)

El problema no es con quién, sino que cualquier alineamiento debería responder a una estrategia nacional y no a afinidades coyunturales, peor cuando suponga distanciarse de posiciones ampliamente compartidas por la comunidad internacional. El problema es la desubicación general y la falta de un propósito claro.

No busco solo opinar y menos molestar.[2] Pediría discreción -quintaesencial de la diplomacia- y consistencia. Pues si no, se corre el peligro de caer en el ridículo.

Todo gobierno legítimo y reconocido tiene derecho a definir su política exterior. Es lógico que forme un equipo en función de su visión. Es inevitable asimismo que cambie la orientación diplomática y roten los embajadores. Respeto a la ministra que sabe y cuenta con un equipo profesional.

El problema es que Honduras se queda otra vez sin una estrategia derivada de su interés de país, cuyo criterio de acción sea el bienestar general. Y continúa improvisando su servicio exterior en función del provecho de grupos y clientelas. Se puede tener —y se necesita— una política exterior de Estado que prime —con apertura de mercados, prospección de inversión y cooperación estratégica para fortalecer nuestras capacidades— aunque permita las expresiones de gobiernos varios y la coyuntura.

Finalmente diré: los embajadores nuevos —nombrados por la Administración Asfura— son, en general, personas de bien, calificadas para desempeñar sus misiones. Y alguna es gente de honor a la que debe acompañarse. Por el bien del país. Es lo que debe importarnos. Que sirvan al país.

San Pedro Sula, julio de 2026.

[1] ¡Aun si con 12 mil kilómetros cuadrados más que Corea del Sur!
[2] Es más difícil posicionarse en la incomodidad del poder.

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