

En marzo de 2019, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió cartas al rey Felipe VI y al Papa Francisco, instándolos a pedir perdón a los pueblos indígenas, víctimas del despojo y el genocidio durante la invasión española.
López Obrador explicó que “la ‘conquista’ se hizo con la espada y la cruz, entonces ya es tiempo de decir ‘vamos a reconciliarnos’, pero primero pidamos perdón”. Los conservadores de la región reaccionaron furiosos por la afrenta contra su “madre patria”.
René Novoa*
Columnista
EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Con el “descubrimiento” de América, España condenó a Honduras a tres siglos de asesinatos, violaciones, despojo, torturas, persecución y horror, pero hasta la fecha los ibéricos no han mostrado ni un asomo de vergüenza. De hecho, algunos aparentan adolecer de memoria histórica al asegurar que la conquista trajo “excelentes beneficios a Honduras”.
Para los ibéricos, el idioma y la religión forman parte de esos beneficios; probablemente desconocen que para cumplir con ese objetivo los conquistadores y la iglesia Católica utilizaron como único método el genocidio. Y las cifras son abrumadoras: antes de la llegada de los españoles, en 1502, se estima que en la región que hoy ocupa Honduras vivía medio millón de indígenas; tres siglos después, la población apenas superaba los 90,000 habitantes. Parece poco un perdón, porque la invasión española mató al 82 por ciento de la población.
LA VOZ DE LOS VENCIDOS
En este punto, algunos historiadores y los conservadores criollos dirán que ya no viene al caso que pidan perdón, que eso no refuerza el orgullo, sino que minimiza el sentido patrio; también dirán que es discutible lo del genocidio porque la población indígena murió “por las enfermedades europeas más que por la guerra” (¿en serio?, ¿quién trajo entonces esas enfermedades de Europa?).
Pero esgrimen esos argumentos porque carecen de identidad o porque “La Historia la escriben los vencedores”, como decía George Orwell (frase que erróneamente algunos atribuyen a Winston Churchill). Y sobre esa cita de Orwell, con el tiempo alguien completó la idea: “La Historia la escriben los vencedores, pero el tiempo da voz a los vencidos”.
Además, omiten decir que la colonización abolió el devenir histórico de grandes civilizaciones e importantes culturas de toda América. Modificadas las jerarquías sociales, alterada la estructura económica y amenazadas sus lenguas y creencias religiosas y, en general, ante el imperio del terror, a los indígenas sólo les quedó adaptarse a las nuevas circunstancias impuestas por los invasores. Los pueblos que no lo hicieron, desaparecieron para siempre.
UN “VORAZ” NAVEGANTE
No falta quien afirme que la conquista sólo es un capítulo más de la historia, esa aseveración es casi tan insultante como negar que la herencia tanto religiosa como educativa sigue presente. No, el saqueo español no es parte del pasado y no lo será mientras sigan presentes sus consecuencias.
Por ejemplo, antes de la invasión de América, Honduras fue habitada por numerosos grupos indígenas, que mantenían comercio o trueque con otras regiones, como Panamá y México. Pero con la llegada de los españoles inició la depredación de los recursos naturales, aunque historiadores y escritores domésticos se han encargado de lanzar incienso a los conquistadores, al presentarlos como “héroes” que vinieron a “civilizar” a los “bárbaros” aborígenes.
Una prueba de esa alabanza es el Himno Nacional de Honduras. Pues en textos de historia e incluso en el himno se califica a Cristóbal Colón como “audaz navegante”, por su arribo a Honduras en 1502. Quizás algunos historiadores nacionales y extranjeros, al igual que Augusto C. Coello, ignoran que la palabra “oro” aparece 83 veces en el diario de Colón, una clara muestra de cuáles eran sus verdaderos objetivos en tierras americanas. O quizás en un olvido Coello uso la palabra “audaz” en lugar de “voraz”.
¡REBELIÓN INDÍGENA!
Pese a eso, se omite el hecho de que Colón realizó el viaje motivado por la promesa de la reina Isabel de darle el título de almirante en todas las tierras que “descubriese o ganase”, y el 10 por ciento del producto neto de “la mercadería” que tomara en nombre de la corona.
Al margen de eso, en 1523 Gil González Dávila llegó al Golfo Fonseca, en la costa del Pacífico. Y al año siguiente, cuatro expediciones de españoles invadieron Honduras reclamando como suyo el territorio, lo que atrajo a Hernán Cortés, quien se trasladó desde México para establecer la autoridad de la corona desde su cuartel general en Trujillo.
En octubre de 1526 arribó el primer gobernador de la corona, Diego López de Salcedo, quien desató un conflicto fronterizo con Nicaragua. El hallazgo de oro y plata atrajo a nuevos colonizadores e incrementó el maltrato a los nativos. Pero en 1537 surgió una esperanza: el cacique Lempira lideró la rebelión de 30,000 hombres dispuestos a ofrendar su vida antes de ceder al yugo español. Durante un año, la montaña de Cerquín resistió a los cañones invasores.
La derrota de la rebelión, tras el asesinato de Lempira, y el establecimiento de un obispado en Comayagua, entre otros, contribuyeron a la expansión colonial para 1540. Con esto se incrementó la minería de oro y plata, lo que provocó mayor deterioro de la población indígena, hasta casi el total exterminio. No fue sino hasta la independencia de 1821 que la región se libró del yugo español.
LA INQUISICIÓN
Por esos tres siglos de despojo, muerte y destrucción es que, en marzo de 2019, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió cartas al rey de España, Felipe VI, y al Papa Francisco, exhortándolos a pedir perdón a los pueblos indígenas durante la invasión española, pues “la ‘conquista’ se hizo con la espada y la cruz, entonces ya es tiempo de decir ‘vamos a reconciliarnos’, pero primero pidamos perdón”.
Un dato curioso es que la acción del presidente mexicano hizo que muchos en el continente se rasgaran las vestiduras, pero sí estuvieron de acuerdo con el expresidente José María Aznar cuando, en 2006, demandó en Washington que los árabes se disculparan por haber conquistado España durante ocho siglos. Españoles y árabes lucharon en igualdad de condiciones.
Aznar no mencionó que cuando los españoles reconquistaron su territorio protagonizaron uno de los capítulos más negros en la historia: la inquisición. Desde 1478, persiguieron a árabes, judíos y conversos por considerarlos herejes por no profesar la fe católica. Se menciona con frecuencia el Auto de Fe de 1481 cuando fueron quemadas 2,000 personas. La inquisición también introdujo la noción de “pureza de sangre”.
PEDIR PERDÓN
No cabe duda que antes de dar su discurso, Aznar tuvo que reflexionar acerca de pedir perdón. Enlistar todo lo que España arrebató a Honduras sería objeto de una colección de colosales libros y exigir que devuelvan lo robado es sólo lo justo, pues el impacto de la invasión va más allá de la sustracción y exportación de materiales y recursos, sobre todo está la explotación, genocidio y esclavitud del que fueron víctimas las poblaciones que habitaban el territorio.
Y no se debe olvidar que España fue potencia gracias a nuestros recursos, es más, todos los metales y maderas que sustrajo de América Latina sentaron las bases de la opulencia económica y social que ahora disfruta Europa.
Esos recursos se exhiben en famosos museos o son propiedad de importantes familias europeas. Esto sólo confirma la deuda histórica, la que también se constata en el contraste de los fastuosos palacetes de Madrid y en los oscuros socavones a lo largo de América Latina. Por ello, este 12 de octubre en que se conmemora el Día de la Raza, es necesario demandar que España pida perdón por tres siglos de espanto y horror en nuestro continente.
*Escritor y periodista.