“Transnacionales de la Fe” y “Alianza con las Cúpulas Evangélicas” financiadas por la CIA desde Langley, Virginia, crearon la Confraternidad Evangélica de Honduras (CEH), en 1987 (plena guerra fría, nada sorprende), con los pastores más influyentes del país, figuras de la época y se alinearon firmes como siempre a las políticas contrainsurgentes de Washington, el gobierno hondureño y el tododeroso general y jefe de las Fuerzas Armadas, Gustavo Álvarez Martínez, estrecho colaborador CIA y de esas iglesias.
En noches de insomnio, Nietzsche cuestionó sí el hombre en su arrogancia, creó a dios a su imagen y semejanza, y, pensando en personajes como Evelio, el cardenal o el general de los desaparecidos (quizá), tres cabezas de muchas que tienen el sello de la CIA; el amor al prójimo del Mesías, los que cambiaron oro sobre el crimen por privilegios bananeros, los que construyeron imperios y avalaron y sueñan golpes y matanza, ¡vaya! La única profecía cumplida: baños de sangre.
En la agrietada pared de adobe, debajo de una cruz yace colgada una foto en blanco y negro, dañada por la humedad filtrada desde el techo de cartón; décadas de rezos por aquel joven brillante consumieron la piel de una madre, podríamos estar hablando de 1980, del golpe 2009 o anoche en tierras campesinas, esa es la democracia que han “salvado” o la obra del evangelio de la CIA que hoy ensucia las bodas del cordero y los diez mandamientos.
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. El día se nubló y la lluvia se acercó muy tímida, tímidamente lloraba en el cielo obscuro de San José, Costa Rica. Aquel día quienes apretaron el gatillo contra el héroe no fueron los desdentados guardias, fueron los enemigos que le decían “Chico ganzúa”, sobre el suelo el ruido sordo del último disparo escondido en el eco de todas las campanas de Centroamérica, todas las iglesias celebraron la muerte que consumaron: ¡Ha muerto! Escribían en jolgorio como si el fin del cuerpo termina la eternidad del ideal y la obra gigantesca que la humanidad seguirá estudiando. Se ocuparon dos descargas sobre Morazán y 184 años cumple ese crimen y, el mismo tiempo, un modelo que oculta la memoria entre los “amen” de los cardenales culposos. No lo lograron. Allá muy lejos, en el infierno, formándose en azufre y codicia estaban “los pastores”, sus ojos eran perdición.


El Premio Nobel de Literatura, Henryk Sienkiewicz en la obra «Quo vadis?» nos enseñó los horrores que sufrieron los primeros cristianos a manos de los romanos, fueron mutilados, torturados, devorados por leones para el deleite de los emperadores y para darle fiesta al pueblo –ahí nació la expresión que se sigue repitiendo entre poderosos “Pan y circo”, del latín “panem et circenses”– finalmente el imperio mutó y se comió el cristianismo hasta convertirlo en este extraño demonio político-empresarial-manipulador. Involucionó la doctrina que “ama al prójimo”, de ser instrumento de liberación a ser arma ideológica de control y dominio social, que se mete en el cuerpo de los hombres en forma de miedo y castigo o gloria y placer, depende el lugar de la “Montaña” donde usted se siente.


No es casualidad que es aquí donde las agencias de inteligencia encontraron la gran idea “¡Eureka!” gritó Langley, la influencia de las iglesias en la mente de los pueblos es el valor estratégico que fue perfeccionándose como operación secreta durante la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría (sobre todo en décadas de 1940 y 1950), usar la fe como código cultural para moldear el pensamiento, comportamiento y conducta de las personas ¡Fantástico!; la Guerra Fría no se planteó solo como choque económico o tensiones militares, sino como “guerra santa” global entre el “mundo libre temeroso de Dios” y el “comunismo ateo”. ¿Ha escuchado la expresión ateo comunista? Aunque usted no tenga la mínima idea de ninguno de esos términos ¡Felicidades! Es usted un cerebro ocupado. Y para los puristas, en este punto… ¡No!, no estamos discutiendo si Dios existe o no. ¡Tranquilos! Ese es otro tema y podemos hablarlo, pero, con-ciencia.


En Honduras, la religión como arma de operaciones psicológicas (PSYOPS) alcanzó su punto máximo durante la década de 1980, en este periodo, la CIA convirtió al territorio hondureño en la gran base de operaciones (apodada la “U.S.S. Honduras”) para contener la Revolución Sandinista de Nicaragua y meterse en las guerrillas en El Salvador, la inteligencia militar estadounidense implementó una estrategia religiosa doble en Honduras, promover iglesias pentecostales conservadoras para frenar la movilización social y utilizar una “guerra santa” mediática para motivar a la Contra nicaragüense. ¿No les suena conocido eso? “los comunistas son peligrosos”, repiten y repiten, aún, y los cerebritos, sin hierro desde el vientre, con primaria pública inconclusa siguen como loras en redes, odiando y sin saber el porqué, atacan fantasmas hasta sus tumbas.


El General Gustavo Álvarez Martínez tuvo participación directa y central en la ejecución de estas estrategias en el país, fue jefe de la Policía Nacional (FUSEP) y luego el todopoderoso jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (1981-1984), fue el arquitecto de la doctrina de Seguridad Nacional en Honduras, trabajando mano a mano con el director de la CIA, William Casey y el embajador estadounidense John Negroponte; al mismo tiempo, los que hoy son grupos de poder se iban adueñando poco a poco de las empresas estatales y un presidente estaba pronto asomarse y traernos el “neoliberalismo” la fuente eterna de riquezas para todos en esta tierra de sangre, fuego y cazabrujas, sería como una cascada al llenarse las copas arriba, bajarían los derrames de abundante riqueza hacia las demás capas de la sociedad, pero eso no pasó. (Se los contamos en otra Reflex).


Siempre hubo hombres buenos de la fe, que con principios y virtuosismo no les gustaba lo que pasaba en el país y les hablaban a sus seguidores con tono de padre amoroso; para estos insurrectos teníamos a las demás iglesias y quien no entendía con la biblia se le daban balas o exilio o encierro (en 1930, el dictador Carías encerró en una helada bartolina llamada “La gota” del Castillo de Omoa, al hondureño, dirigente obrero y comunista, Manuel Cálix Herrera. Ahí murió por neumonía luego de meses y meses cayéndole agua sobre la cabeza y cuerpo).
Para eso fue creado también en la guerra fría el batallón 3-16. En septiembre de 1983, fuerzas militares capturaron y asesinaron al Padre James Carney o “Padre Lupe”, sacerdote jesuita estadounidense comprometido con las luchas campesinas en Honduras; por su lado Álvarez Martínez, años después abandonaría el catolicismo desde Miami en su “exilio” y se convirtió al protestantismo evangélico (pentecostal). Cuando regresó a Honduras caminaba por las calles predicando con su biblia en mano y afirmando que era un “hombre nuevo”, nunca pidió perdón por sus pecados. Fue asesinado a balazos en Tegucigalpa, algunos atribuyen el acto al comando guerrillero izquierdista “Cinchoneros”, otros involucran a soldados que nunca estuvieron contentos con el general “jefe” colocado por mandato gringo.


Siendo fieles a sus maestros, los religiosos hoy siguen su papel beligerante y activista de embrutecimiento masivo de empobrecidos, que la riqueza es mala y que ser miserable está bien, que es el máster plan divino del cielo, que deben conformarse, no protestar, no pensar, solo obedecer, escuchar y ser el rebaño que el poder desea que sean, porque Dios manda que “te esfuerces y seas valiente”, que te “ciñas” y sirvas, porque cuando tu cuerpo se pudra en la tierra, habrá leche y miel “en otra vida”. Aún se escucha la profecía hecha realidad del Cardenal Rodríguez profetizando “baños de sangre” para que los miserables no se manifestaran durante el golpe de Estado, y bueno, bueno, Evelio y su Vida Abundante facturando sin parar, sin importar si la factura viene del narcotráfico, la corrupción o el crimen. Y ni hablamos de los adivinos que sueñan que los criminales son los dueños eternos de honduras. Ya los retamos en otra reflex, el profeta Elías era tan puro que podía hacer descender fuego del cielo ¿Y ustedes? ¡Naammbeee!, ocupan decenas de militares por todos lados, ah por cierto, estas son lecciones que ustedes mismos predican en sus discipulados.


“¡Aún estoy vivo!” grita la estatua de Francisco Morazán en el Parque Central de Tegucigalpa, mirando de frente la iglesia día y noche, inmortal el gran integrador, cuentan las leyendas que cuando se pone el sol y ni un alma está en la Peatonal, se les ve a Evelio y Rodríguez intentar apuñalarlo por la espalda siete veces siete. Goya en el “Aquelarre” lo dibujó perfecto, el demonio está en el centro de los horrores humanos, inactivo, son ellos quienes le ofrendan a él, es decir, el humano en su maldad y tan malo que creó un ser para culparlo de sus acciones aun cuando siente asco de sí mismo. ¡Avanti!

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