“El 28 de junio al darme cuenta que se había violado el orden constitucional de Honduras, a través de un golpe contra el presidente Manuel Zelaya Rosales, inmediatamente tomé un taxi con mi hijo y me presenté frente a Casa Presidencial y ese momento no lo voy a olvidar y fue ese momento el que me dio más animo de salir de frente con el Frente”, declaró cierta vez la Profesora Yolanda Chavarría, 91 años, inmortalizada como “La abuela de ‘la Resistencia’”.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Y todas las mañanas durante 210 días había violencia, también en las tardes. Los militares arrojados a las calles con sus fusiles y caras sin emociones, sin color, ni luz, ni Patria; los mares eran personas que inundaban los bulevares de Honduras y la tonada era aprendida cuando se helaba la obscuridad o cuando ardía el sol, “Nos tienen miedo, porque no tenemos miedo, están atrás, van para atrás, piensan atrás, son el atrás, están detrás de su armadura militar”. Y estando aquellos dos ejércitos, frente a frente, una sola palabra, un comentario era suficiente para que iniciara al caos. Y algunos murieron ahí y otros después, bastantes.
Los jóvenes adelante, la primera línea, recurso piedra en mano y vinagre por el gas en la otra ¡incansables! Por una cuestión biológica empujados al frente. En 2009, estas escenas se volvieron parte del panorama en todo el país, las auto convocatorias y, en segundos, eran miles de miles, mientras los medios de comunicación tradicional decían que eran “tres o cinco” los vándalos que andaban protestando en la calle contra los golpistas, y se supo quién era quien: “No somos cinco, no somos mil, prensa vendida cuéntanos bien”.
Cierto director tradicional que llora por las noches decía a solas a los periodistas “nosotros somos parte del poder”, dando a entender “bajar perfil a la sociedad que defiende el orden constitucional en las calles” y “levantar el perfil a los golpistas vividores escondidos en casa de gobierno”. Y por eso cuando muere alguien de “la Resistencia”, conviene hacerlo invisible, no existió, que la lucha ahí murió, entonces queda claro que el sistema que reproduce la desigualdad y la impunidad, apoya la corrupción y a los enemigos del pueblo, está muy vivo y muy vigente.
Y de pronto en los momentos de calma, las mayores que aparecieron con pañoletas en la cabeza, las madres del “28J” siempre luchando, no sabemos de dónde llegaron, pero antes de la hora ya estaban ahí, con agua, algún plato de comida y la palabra fuerte a quien se decaía o quien se cansaba.


Doña Yolanda no fue la dulce anciana que apacible espera morir cuidando a sus nietos o que convencida de que no habrá cambio en Honduras decide irse como migrante ¡Para nada! Rebelde desde el blanco pelo hasta las uñas de los pies, una supernova de energía, un soldado de bien entregada a la disciplina, congruente con su estilo de vida y su lucha social, estuvo contra el golpe de Estado, la corrupción, el fraude y la reelección. Como dijo Ali Primera “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos y a partir de este momento es prohibido llorarlos”. Aquí nadie llora, pues aquí no ha muerto nadie. ¡Doña Yolanda vive!
“La abuela de la Resistencia”, así se llama para la memoria del pueblo hondureño para la lucha popular pendiente y para la inminente victoria estratégica contra la tiranía que lleva 500 años sometiendo y despojando a Honduras y su pueblo. En esta madrugada dejó esté mundo físico a los 91 años.


En ella se entraña “la Resistencia”, la resistencia de no soportar un país horrendo creado por malnacidos, la resistencia a vivir en la miseria, la resistencia de no ser una más, profesora por amor y luchadora por convicción, dedicó su vida a la defensa de los pobres y de los ricos convencidos de que ha fracasado la actual élite política y económica, y este modelo de sociedad se ha vuelto malo para la felicidad de todos, porque está muy lejos de satisfacer las necesidades humanas.
La historia de una vida digna, de un carácter indómito y visionario no cabe en cinco mil caracteres, pero el recuerdo de una institución de lucha social como doña Yolanda perdura para siempre, vivirá en la inmortalidad de una Honduras moderna, civilizada. Abuela, la lucha sigue y aunque hay traidores y otros se han cansado, algunos y sólo algunos aún van a caminar con su estandarte. Hasta luego, con sus palabras, que son las palabras necesarias hoy, ¡Hasta la victoria siempre!

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