El primer lugar fue otorgado a “El Demonio en mi Cuarto”, narración de Juan Carlos Zelaya, originario de Juticalpa; el segundo puesto fue para “Un Hombre Pequeño”, escrito por Jhonny Josué Lagos Sevilla, de Tegucigalpa, donde trabaja como Gerente de Marca y Ventas de EL LIBERTADOR y, tercero lugar, lo obtuvo “El Precio de la Memoria” de Dick Lester Núñez.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. La creatividad y el esfuerzo narrativo de estudiantes ha destacado en el concurso de cuentos cortos “Narrativas Digitales”, organizado por la carrera de Comunicación y Medios Digitales (CMD) de la Universidad Metropolitana de Honduras (UMH), en el contexto del “Día del Periodista Hondureño”.
El certamen convocó a estudiantes matriculados durante el segundo período académico de 2026, quienes debían presentar relatos originales de entre 300 y 500 palabras. La propuesta buscaba historias capaces de conectar con las nuevas dinámicas de comunicación, expandirse a distintas plataformas narrativas y, a la vez, impulsar la escritura y la capacidad creativa entre los universitarios.
Tras el proceso de evaluación, docentes de la Metropolitana fungieron como jurado calificador, valoraron creatividad, estructura, calidad narrativa, entre otros factores. El primer lugar fue para el cuento “El Demonio en mi Cuarto”, de Juan Carlos Zelaya, originario de Juticalpa; el segundo puesto fue para “Un Hombre Pequeño”, escrito por Jhonny Josué Lagos Sevilla, de Tegucigalpa y, el tercero, se lo llevó “El Precio de la Memoria”, de Dick Lester Núñez.


Lagos Sevilla, que se desempeña desde 2007 como Gerente de Marca y Ventas de periódico EL LIBERTADOR, en su obra literaria logró la atención del jurado por su carga humana y reflexiva. Un Hombre Pequeño relata un encuentro inesperado entre el narrador y un personaje que, aun con las peores condiciones adversas de vida, transmite una actitud de alegría y resistencia frente a la realidad existencial.
La historia desarrolla una conversación con un hombre de baja estatura que irrumpe con preguntas y frases sencillas, pero cargadas de significado; todo transcurre en medio de una ciudad descrita como gris y desgastada, el personaje contrasta por su sonrisa y una forma particular de enfrentar la vida.
La narración concluye con una frase que resume el sentido del cuento: “¡Vaya pequeño que soy!”, un pensamiento que invierte la percepción inicial y plantea que la verdadera grandeza puede encontrarse en quienes enfrentan las circunstancias sociales de un Estado injusto con dignidad y optimismo.

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