Irán acusa a Estados Unidos e Israel de instrumentalizar las protestas internas para desestabilizar a la República Islámica, citando como prueba el mensaje de un exalto funcionario estadounidense que afirmó que detrás de las movilizaciones opera el Mossad israelí.
Agencias / EL LIBERTADOR
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Seyed Abbas Araghchi, afirmó este lunes ante representantes diplomáticos que Teherán posee “pruebas” de la implicación de Estados Unidos e Israel en las protestas que calificó de “acto terrorista” dirigido a desestabilizar la República Islámica.
Araghchi citó como ejemplo un tuit del exsecretario de Estado norteamericano Mike Pompeo en el que deseaba “Feliz Año Nuevo a los iraníes que están en las calles y a los agentes del Mossad”, interpretación que el régimen interpreta como una admisión de apoyo externo.
El funcionario acusó a los líderes occidentales de hipocresía por condenar a las fuerzas de seguridad iraníes —que han reprimido duramente las protestas— mientras, según él, “ignoran” el genocidio en Gaza y no repudian ataques israelíes contra Irán.
Las protestas, que comenzaron por motivos económicos y una profunda crisis del rial, han dejado un saldo mortífero que según grupos de derechos humanos supera los 500 fallecidos y miles de detenidos en todo el país. A pesar de los cortes de internet y el despliegue de fuerzas, las manifestaciones persisten en ciudades como Teherán y Mashhad.
Desde Washington, el presidente Donald Trump ha sido ambiguo: por un lado, amenaza con “opciones muy fuertes” si las fuerzas iraníes continúan matando manifestantes y afirma que Irán ha mostrado disposición a dialogar; por otro, no ha detallado pasos concretos para intervenir.
En este contexto, las acusaciones de Teherán se inscriben en una narrativa que mezcla crisis doméstica con rivalidad geopolítica: Estados Unidos e Israel no solo son responsabilizados de “instrumentalizar” las protestas como parte de una “guerra blanda”, sino de jugar un papel activo en su gestación.
Para Teherán, el mensaje es claro en que las protestas se desarrollan en un contexto de crisis económica real, pero están siendo instrumentalizadas por potencias que históricamente han utilizado el caos interno como arma política.

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