El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió haber llamado al titular de FIFA Gianni Infantino con el único objetivo de retirar la sanción de Folarin Balogun; el ente accedió y jugará esta tarde ante Bélgica que reclamó esa decisión ante el Comité de Apelaciones.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. “Creo que tomaron una decisión realmente brillante”, así reaccionó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, luego que el Comité Disciplinario de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), retirara la sanción al delantero norteamericano, Folarin Balogun, quien vio la tarjeta roja directa ante Bosnia y Herzegovina.
Trump admitió que hizo una llamada para “pedir explicaciones” por la sanción que recibió quien es ahora mismo el mejor jugador de la selección de EE.UU. –la única anfitriona con vida en el torneo– y que le dejaba al margen del partido que se disputa esta tarde contra Bélgica.
“Lo único que hice fue pedir [a la FIFA] que se revisara la jugada, porque no me pareció que fuera falta. Y, bueno, creo que tengo buen ojo para estas cosas. No me pareció una falta; vi a dos grandes atletas que chocaron entre sí y quedaron enredados. No fue alguien dándole un puñetazo a otro en la cara ni nada parecido”, dijo el mandatario al admitir una injerencia sin precedentes en la FIFA.
La resolución sorprendió porque, apenas terminado el partido disputado el pasado miércoles en el San Francisco Bay Area Stadium, distintos funcionarios de la FIFA habían asegurado a los medios que una selección no puede apelar ni la tarjeta roja directa ni la suspensión automática que la acompaña durante la Copa del Mundo.


Sin embargo, el organismo terminó recurriendo a otra herramienta prevista en su propio Código Disciplinario, en el comunicado oficial, la FIFA informó que Balogun fue sancionado con un partido de suspensión por infringir los artículos 14 y 66 del Código Disciplinario.
Pero inmediatamente aclaró que la aplicación de esa sanción quedará suspendida durante un período de prueba de un año y así, EE.UU. recupera a uno de sus principales delanteros para un partido decisivo.
Al mismo tiempo, la FIFA deja un precedente poco habitual en una Copa del Mundo: un futbolista expulsado con roja directa, sancionado con una fecha de suspensión, pero autorizado a jugar porque la ejecución de la pena quedó en suspenso.
La controversia puso en un serio dilema al presidente del organismo, Gianni Infantino, reconocido amigo de Trump, quien afirmó estar al tanto de los comentarios con respecto a la decisión del Comité Disciplinario.
“Me gustaría reiterar un principio fundamental de la gobernanza de la FIFA. Los órganos judiciales de la FIFA son independientes. Operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario de la FIFA y deciden los casos con base a las regulaciones aplicables y los hechos específicos ante ellos. Su independencia es esencial para la credibilidad e integridad del fútbol, y esto debe respetarse siempre”, dijo.


Infantino también confirmó que recibió una llamada de Trump y que durante esa conversación le explicó que había un proceso legal en curso que involucraba a los órganos judiciales independientes de la FIFA, “y que el caso sería decidido en su momento por los órganos competentes”.
“Así es como funciona el sistema de la FIFA, y es un principio que siempre defenderé”, concluyó el mandamás del fútbol Mundial; sin embargo, periodistas analistas especializados en el deporte le han recriminado que, con esta decisión, el organismo derribó un pilar de la alta competencia: la igualdad.
Al respecto, la Real Federación Belga de Fútbol (RBFA), presentó una queja formal ante la Comisión de Apelación de la FIFA, pero este reclamo fue desestimado por ese órgano al considerar que el combinado europeo “no es parte en el procedimiento y, por lo tanto, carece de legitimación para recurrir la decisión”.
Hasta ahora, las injerencias de Trump en el mundo se mantenían en una línea geopolítica: metió sus narices en elecciones de Honduras, Perú y Colombia, y desató la guerra con Irán –cuya selección también fue afectada durante el torneo–, entre otros temas; ahora, su visión demencial de imponerse ante todos, ha infectado el Mundial de fútbol que, deportivamente –y al margen de decisiones arbitrales– se mantenía equilibrado.

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