

Al surgir, EL LIBERTADOR rompió el poder único de noticias que la prensa tradicional producía a favor del proyecto elitista de acumulación de riqueza en pocas manos y desigualdad en muchos; de ahí en adelante, la sociedad hondureña comenzó a recibir información basada en principios, no de dominación ideológica, sino más bien de liberación, observa en este artículo el sociólogo hondureño, César Servellón.
Y resalta que medios como El Heraldo, La Prensa, o Televicentro son propiedad de grrupos empresariales, por eso, seguirán presentando información que tendrá un sesgo marcado por los intereses de una clase que aspira en su conjunto a mantener permanentemente un control ideológico sobre de la totalidad de hondureños.
César Servellón*
Columnista
EL LIBERTADOR
redaccion@ellibertador.hn
Hace 23 años que EL LIBERTADOR nació promocionando un tipo de información que ni siquiera tangencialmente los medios históricos se ocupaban de hacerlo. Antes de ese hito, la sociedad hondureña recibía una visión sesgada de los hechos producidos por la dinámica del poder político y económico. Haciendo un poco de memoria, se puede recordar el papel que jugaron los medios de comunicación hegemónicos durante periodos importantes del desarrollo histórico del país. Acontecimientos importantes del pasado como la Guerra Fría, la imposición del modelo neoliberal en los 90, el golpe de Estado de 2009, la reelección de Juan Hernández en 2017, y más recientemente, el espurio triunfo de Nasry Asfura fueron abordados desde una perspectiva carente de neutralidad y objetividad, es decir, fueron sucesos interpretados y comunicados de forma unilateral.
Una de las características fundamentales de los medios de comunicación hegemónicos en las sociedades capitalistas es que sirven para la reproducción masiva de los intereses que tiene la clase dominante. Para nadie es desconocido que medios como El Heraldo, La Prensa, o Televicentro son propiedad de grandes empresarios, por lo tanto, estos medios han presentado y seguirán presentando información que tendrá un sesgo marcado por los intereses de una clase que aspira en su conjunto a mantener permanentemente un control ideológico sobre de la totalidad de la sociedad. Mantener el control supone manejar a la prensa escrita y hablada para subordinar de forma sutil mediante una estructura de significados a aquellos segmentos de la población que deben ser sometidos. Así, la burguesía se legitima configurando una subjetividad colectiva que aprueba, confía y empatiza con aspiraciones que no son las propias y que más bien van en su contra.
El 20 de mayo de 2003 surge el periódico EL LIBERTADOR como un medio de comunicación ofreciendo una versión diferente de los hechos noticiosos vinculados a la dinámica económica y política. La norma hasta entonces en los medios hegemónicos era establecer una agenda mediática vinculada al proyecto neoliberal impuesto desde inicio de la década de los 80 del pasado siglo. Nada debía salirse de la ruta trazada; sin embargo, ante esa hegemonía mediática signada por intereses de clase, aparece un medio que desde su origen resultaría contrahegemónico. ¿Por qué contrahegemónico? Hasta entonces, la prensa respondía a una lógica de poder omnímodo que EL LIBERTADOR rompió. Fue un punto de quiebre ya que la lógica de poder que producía noticias desde una perspectiva a favor de un proyecto elitista de acumulación dejó de ser absoluta. De ahí en adelante, la sociedad comenzaría a recibir información basada en principios no de dominación ideológica sino más bien de liberación.
Sin vínculos con el núcleo del poder oligárquico, EL LIBERTADOR le dio un giro de 180 grados a la forma de abordar hechos de crucial trascendencia histórica como lo fueron el golpe de Estado, la reelección presidencial de JOH y el fraude electoral de 2017 y el proceso eleccionario de 2025. Mientras los medios oligárquicos creaban espejismos de legalidad y legitimaban la violencia de Estado ejercida a través de sus aparatos represores, apoyaban el fraude como medio de reconquistar el poder, secundaban la violación de la Constitución, elevaban perfiles de personajes oscuros y le daban el visto bueno al injerencismo estadounidense, EL LIBERTADOR daba una versión que se alejaba profundamente del proyecto de dominación promocionado mediáticamente.
La independencia del poder económico y político le dio a EL LIBERTADOR la capacidad de señalar decididamente y sin eufemismos de ninguna naturaleza lo que realmente ocurrió: en 2009, identificó a los autores del golpe de Estado y resaltó la resistencia popular; en 2017, se opuso a la reelección inconstitucional y denunció con evidencias el fraude electoral; en 2025, nuevamente denunció fraude y señaló el injerencismo de los Estados Unidos así como el sometimiento de la oligarquía a los intereses imperialistas. La forma de presentar la noticia dice de qué lado se está: los medios hegemónicos tienen una posición a favor del proyecto fundamentalista neoliberal el cual es excluyente, violento y antidemocrático; EL LIBERTADOR, por el contrario, ha manifestado un compromiso con un proyecto progresista que apunta a la superación del orden actual cuya característica principal es la creación y mantenimiento de privilegios para unos pocos.
*Sociólogo hondureño.