A pocos días del encuentro entre ambos líderes, Pekín ha activado por primera vez un mecanismo legal contra las sanciones estadounidenses, enviando a Washington una señal clara: la bienvenida está servida, pero las reglas del juego están cambiando.
Agencia / EL LIBERTADOR
China y Estados Unidos se preparan para la próxima reunión de sus líderes, que tendrá lugar la semana que viene.
Aunque tras la anterior cumbre Xi-Trump las relaciones entre ambos países se estabilizaron en cierta medida, las contradicciones económicas entre las dos mayores economías del mundo vuelven a ocupar un primer plano.
En vísperas de las negociaciones, Pekín ha puesto en marcha un instrumento capaz de debilitar considerablemente la posición de Washington. Al mismo tiempo, se reserva otros medios de presión sobre Trump.
¿Qué ha pasado?
El sábado pasado, el Ministerio de Comercio de China anunció la prohibición de aplicar las sanciones estadounidenses contra cinco empresas chinas acusadas por Washington de participar en el comercio de petróleo iraní.
La redacción del documento es bastante firme y se basa en tres negaciones inequívocas que rigen la forma en que las entidades chinas deben tratar las sanciones estadounidenses: «no reconocer», «no aplicar» y «no cumplir».
Se insta a todos los ciudadano s, empresas y organizaciones chinas a que apliquen esas tres prohibiciones a la Orden Ejecutiva 13902 de Trump, de 2020, y a la Orden Ejecutiva 13846 de 2018, que sancionan a cualquier persona o empresa que mantenga relaciones comerciales con Irán.
Invocando esas órdenes, el Tesoro de EE.UU. designó en abril a cinco refinerías chinas por comprar crudo iraní. Con el nuevo anuncio, Pekín ha declarado que esas sanciones no son aplicables en suelo chino.
Medida sin precedentes
Tanto el instrumento en sí como el momento de su aplicación revisten especial importancia.
La base jurídica para esta decisión se estableció ya en 2021, cuando China adoptó normas para contrarrestar la aplicación extraterritorial de la legislación extranjera. Sin embargo, durante más de cinco años este mecanismo permaneció sin utilizarse. Ahora que la medida legislativa está en vigor, esta ley, parafraseando a Trump, ya no es un «tigre de papel».
La novedad clave radica en que las empresas chinas obtienen el derecho a presentar demandas ante los tribunales nacionales contra entidades extranjeras que cumplan con las sanciones estadounidenses y, por lo tanto, les causen perjuicios.
En otras palabras, si un banco, una aseguradora o un operador se niega a trabajar con las refinerías chinas sancionadas, corre el riesgo de enfrentarse a demandas judiciales en China.
El momento elegido es igualmente importante. La decisión se tomó justo antes de la visita de Trump, lo que, según Fortune, puede considerarse una especie de «alfombra de bienvenida» para el presidente estadounidense.
No es la única herramienta
La nueva medida es solo uno de los instrumentos de presión con los que cuenta Pekín. China sigue ocupando posiciones clave en las cadenas de suministro de elementos de tierras raras. Según datos de Bloomberg, alrededor del 4 % del PIB de EE.UU. —aproximadamente 1,2 billones de dólares— corresponde a sectores que dependen directamente de estos recursos.
Si bien es posible que algunas industrias estadounidenses puedan sortear cualquier interrupción en el suministro, la mayoría no cuenta con buenos sustitutos y algunas tendrían que cerrar en caso de que se produjera un corte.
China aprovechó su dominio de las cadenas de suministro de tierras raras para tomar represalias contra las medidas arancelarias de Trump el año pasado, restringiendo sus exportaciones. Tras una reunión entre Trump y Xi a finales de octubre, China acordó suspender por un año sus controles más estrictos. Sin embargo, si Trump decide presionar, China podría recurrir nuevamente a esta palanca.
¿Llegarán a algún acuerdo en la reunión?
Según declaró a RT Stanislav Tkachenko, doctor en Ciencias Económicas y profesor de la Universidad Estatal de San Petersburgo (Rusia), las partes llegan a las negociaciones con posiciones relativamente equilibradas. Sin embargo, a corto plazo, Washington se encuentra claramente debilitado.
«A corto plazo, Estados Unidos se encuentra claramente debilitado por la situación de crisis en el golfo Pérsico, la ausencia casi total de aliados y la falta de disposición en el mundo a aceptar el uso a gran escala y extralegal de la violencia (coacción) en los asuntos internacionales. China, en comparación, se ve más sólida; sus llamados a la paz y a desbloquear el estrecho de Ormuz, combinados con su capacidad única para hacer pasar sus petroleros incluso bajo bloqueo, muestran a China como líder táctico en vísperas de la cumbre», afirmó el experto.
Según el profesor, Trump intentará mostrar que Estados Unidos «se ha enfrentado a dificultades temporales en la arena internacional» de las que podrá recuperarse, pero los problemas clave seguirán sin resolverse.
«Creo que las cuestiones clave de la economía mundial (el uso de sanciones ilegales por parte de EE.UU., la piratería de facto en las vías marítimas) seguirán sin resolverse. Donald Trump intentará mantener el actual régimen comercial, en el que los productos chinos están sujetos a aranceles elevados en el mercado estadounidense, pero aun así aceptables para las empresas chinas», señaló.
Tkachenko considera que la principal incógnita de la cumbre es si los líderes de ambos países lograrán resolver la crisis en el golfo Pérsico «sin que Washington pierda prestigio» y sin un enfrentamiento militar directo, «en el marco de la garantía (o la violación) del principio de libertad de navegación». «No me atrevo a hacer conjeturas al respecto; el misterio se mantendrá hasta el último momento de las negociaciones. Las partes intentarán, sin duda, evitar una escalada. Sin embargo, lograr una distensión entre ellas es una tarea prácticamente imposible en la situación actual», concluyó. (Texto de RT).

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