Dos petroleros con crudo, uno de bandera hongkonesa y otro ruso, avanzan hacia Cuba en medio de sanciones internacionales y restricciones de EE.UU., mientras la isla enfrenta una severa crisis energética, marcada por apagones, escasez y la incertidumbre sobre si el combustible logrará llegar a su destino.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Dos buques petroleros, uno con bandera de Hong Kong y otro de Rusia, se encuentran en ruta hacia Cuba transportando cientos de miles de barriles de combustible, en un contexto de crisis energética en la isla y fuertes restricciones impuestas por Estados Unidos, según información difundida por CNN con base en datos de la firma de análisis marítimo Kpler.
El primero de los navíos, identificado como Sea Horse, transporta aproximadamente 200 mil barriles de diésel. Aunque actualmente se encuentra en el mar Caribe, su destino reportado es Gibraltar, lo que introduce incertidumbre sobre si finalmente descargará combustible en territorio cubano. De acuerdo con analistas de Kpler citados por CNN, la embarcación realizó recientemente un giro en su trayectoria, alejándose de la isla, lo que deja en duda la operación.
El segundo petrolero, Anatoly Kolodkin, carga cerca de 730 mil barriles de crudo ruso y, según estimaciones, podría arribar a Cuba en los próximos días. Este buque partió desde Primorsk, en Rusia, a inicios de marzo, y su destino registrado es el puerto de Matanzas. Sin embargo, a diferencia del Sea Horse, el Anatoly Kolodkin se encuentra bajo sanciones de Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea, lo que complica aún más el escenario logístico y político de su eventual descarga.
La situación ocurre en medio de una compleja red de regulaciones internacionales. El mismo día en que se conoció el desplazamiento de los buques, el gobierno estadounidense emitió la licencia general 134A, que autoriza ciertas transacciones con petróleo ruso siempre que este haya sido cargado antes del 12 de marzo y se complete antes del 11 de abril. No obstante, dicha autorización excluye expresamente a países como Cuba, Irán y Corea del Norte, prohibiendo operaciones que involucren a estos destinos.
Este marco normativo evidencia las tensiones geopolíticas que rodean el suministro energético a la isla. Mientras Washington endurece sus condiciones, el Kremlin ha confirmado que mantiene conversaciones con el gobierno cubano para explorar posibles vías de apoyo, aunque sin detallar si incluyen envíos de petróleo.
La crisis energética en Cuba se ha profundizado en los últimos meses, con apagones prolongados, escasez de bienes básicos y un creciente malestar social. Este deterioro se ha visto agravado por la interrupción del suministro de petróleo desde Venezuela, históricamente su principal proveedor, tras cambios políticos que derivaron en la suspensión de esos envíos.
En este contexto, el eventual arribo de petróleo ruso podría representar un alivio temporal para la isla; sin embargo, las restricciones internacionales y la incertidumbre en las rutas de los buques reflejan un escenario volátil. La histórica tensión entre Cuba y Estados Unidos, vigente desde el embargo instaurado tras la Revolución de 1959, continúa condicionando el acceso de la nación caribeña a recursos energéticos.
A esto se suma el reciente discurso del presidente estadounidense, Donald Trump, quien insinuó la posibilidad de una “toma de control amistosa” de Cuba, generando una inmediata respuesta del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, quien prometió una “resistencia inexpugnable”.
Así, el tránsito de estos petroleros no solo expone la urgencia energética de Cuba, sino también la compleja disputa geopolítica que sigue marcando el destino de la isla en el tablero internacional.

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