ANÁLISIS / EL SEÑOR JORGE CÁLIX, LIBRE Y HONDURAS

“Jorge Cálix es un fenómeno paradójico. No es un hombre de ideas, ni tampoco un empresario, no es un constructor de consensos, ni tampoco un revolucionario. ¿Entonces? Un flautista. Es un zapador que distrae y divide. De manera precoz, se delató como traidor cuando, a la primera oportunidad, pretendió alzarse contra el Partido y contra la Presidenta, antes de la elección de las autoridades del Congreso, conspirando junto a los diputados del tradicionalismo”, medita en este artículo el pensador y embajador hondureño, Rodolfo Pastor Fasquelle (gráfica).

Y, reflexiona: “Honduras necesita un gobernante probo y cuerdo que ame al pueblo, sensible a sus necesidades más esenciales. Uno que asegure la oportunidad para la participación de todos a quienes la ley da derecho y no uno que venga otra vez a colocar a una hueste de secuaces….  Una gobernanza capaz de resolver sus problemas profundos; de la que pueda estar orgullosa. No sobreviviría otra vergüenza como JOH, a nadie debe permitírsele repetir eso”.

“Algún aliado externo de la derecha internacional extrema entendió que su alternativa era minar LIBRE por dentro. El antiguo ardid del Caballo de Troya, aquí pintado de berenjena, aprovechando que el control del Estado en el régimen anterior le dejó una buena cantidad de diputados (electos a partir de múltiples fraudes), a pesar de que carecían de bases, fuera de las manipuladas por la maquinaria de ese partido. Es una banda o una conspiración”, advierte Fasquelle.

Rodolfo Pastor Fasquelle

“Compromiso de memoria con el Tribunal de Honor”

EL LIBERTADOR

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Computar rumores y especulaciones es antieconómico. Hay muchos hombres y mujeres buenas en Honduras, incluso fuera del Partido LIBRE y nadie es perfecto. No tiro la primera piedra y no voy a involucrarme en lo que un amigo y maestro llama el lodazal de la política vernácula, ni menos adentrarme en las acusaciones que se hacen que no me incumben ni me importan contra la intimidad de nadie. Puedo hablar de la política del mundo porque no soy vocero oficial, pero tengo restricciones para hablar de la política local. No puedo participar directamente en la lucha electoral porque soy funcionario de Estado, ni en la disputa interna de mi Partido, porque soy Magistrado de su Tribunal de Honor, de los más antiguos. Pero como Magistrado debo recordar los hechos, y rechazo como inviable la candidatura en LIBRE del Sr. Jorge Calix que sería una burla.

No desprecio a nadie ni a J. Cálix ni le niego alguna razón su planteamiento crítico, ni aun dejo de verle cualidades de político, que no son universalmente compartidas, su juventud, astucia y su jovialidad. Pero él no tiene la necesaria calificación de lealtad al Partido, que tuvo que serle rescatada con prebendas. De hecho, tendrá que superar en la próxima Asamblea de LIBRE la recomendación no prescrita de desconocer su membresía, que formuló el Tribunal de Honor en su momento. No creo que la ideología como la fe tenga un lugar en las relaciones internacionales. No tienen esas creencias que oficializarse en un Estado laico, ni tampoco tienen importancia la ideología y la religión en las relaciones personales, tengo amigos de izquierda y de derecha moderada. Tampoco soy marxista, pero la disputa cívica es entre planteamientos coherentes; las ideas nucleares fuertes definen nuestros programas de trabajo y nuestras líneas de acción. Y nuestra religión e ideología del Partido prohíben hacer acepción de persona, porque invoca una filiación. El Sr. Cálix no parece entender la naturaleza de un partido popular, con un proyecto comprometido de justicia y transformación estructural profunda. Ni tener sensibilidad ni visión. Hay jóvenes que no lo vieron, y no pueden recordar y que son fácil presa del entretenimiento.

La ya no nueva candidatura y ambición de Jorge Cálix se entiende en un contexto coyuntural muy especial. Por la implosión de los partidos tradicionales, que tampoco supieron hacer una oposición leal para recomponerse, mientras los partidos nuevos se quedan sin aire, sin prender en la imaginación o arraigar en la voluntad popular, entre otras cosas por falta de liderazgo creíble. LIBRE ha estado a punto de convertirse, sin proponérselo, ni por vocación propia, en un Partido Único, pero paradójicamente inhábil. Por la debilidad y la falta de credibilidad de la oposición, la contradicción política se trasladó primero al interior del Partido (entendido como única opción de poder electoral y luego, al interior del Estado, entendido otra vez como patrimonial y base material de un partido popular oficial). Una contradicción legal que no puede sino degradarse, a menos que la manejemos con sabiduría y pericia. Ningún partido rechaza a la gente a priori, y LIBRE no es un partido de clase. Tampoco puede ser cobijo de todo prófugo, sin que me conste que lo sea, por cierto J.C., ni siquiera de su propia conciencia.

LIBRE se había establecido no solo como una alianza electoral coyuntural, sino también como amalgama de varios sectores desafectos, sobre todo de los sectores populares que buscaban una opción política consistente, y de muchos ciudadanos honestos rechazados por sus estructuras cooptadas. Quizá, además de inevitable fue positivo para la transición, que los tradicionales conservaran bases locales en las alcaldías. Luego del triunfo de LIBRE, en la medida en que nadie más le ofrecía ya una opción real a nivel nacional, muchos pretendientes del poder escogieron seguir ubicados dentro del Partido, y la oposición profunda hondureña (los capos, los intereses materiales y la cultura oligárquica, acaso algún aliado externo de la derecha internacional extrema) entendió que su alternativa era minar al partido por dentro. El antiguo ardid del Caballo de Troya, aquí pintado de berenjena, aprovechando que el control del Estado en el régimen anterior le dejó una buena cantidad de diputados (electos a partir de múltiples fraudes), a pesar de que carecían de bases, fuera de las manipuladas por la maquinaria de ese partido. Es una banda o una conspiración.

Jorge Cálix es un fenómeno paradójico de esa dinámica. No es un hombre de ideas, ni tampoco un empresario, no es un constructor de consensos, ni tampoco un revolucionario. ¿Qué es entonces? Un flautista. Es un zapador que distrae y divide. De manera precoz, se delató como traidor cuando, a la primera oportunidad, pretendió alzarse contra el Partido y contra la Presidenta, antes de la elección de las autoridades del Congreso, conspirando junto a los diputados del tradicionalismo. Y esgrimiendo el chantaje de sus doce seguidores y su magdalena, se ha posicionado ahora como un aspirante que alardea tener fondos, dizque con bases y simpatías que captan desafecciones lógicas en la administración. Así hace reuniones con empleados porque, a cambio de disciplina, consiguió que se difiriese la Asamblea que debe resolver lo pertinente: la expulsión de LIBRE.

No dudo que tenga mucho recurso, que quiere que le autoricen a poner en una cuenta del Partido. Mucho da el Instituto de la Propiedad, antes dirigido por el Sr. Ebal Díaz, prófugo, cuya estructura burocrática se conserva intacta en este organismo tan importante con inmenso poder sobre el comercio del principal medio de producción. Entiendo qué lo apoya la estructura política profunda, la mafia del bipartidismo, cuyos peores socios le habrán prometido los votos duros cachurecos y liberales en las internas de LIBRE. Entiendo como lo respalda la clientela resentida, a la que era imposible emplear, toda; pero no hay un solo líder leal, de estatura nacional en LIBRE, que siga a J.C., nadie que haya sido consecuente con el Partido se ha acercado a su facción. Nadie que piensa por sí mismo y en el país. En cambio, él ha escogido como compañeros de viaje a gánsteres y a acomodados, a mentecatos y probados histriones que -desde ya- abandonan su barco de poco remo y calado, para buscar camarotes en otros más prometedores. «Dime con quién andas y te diré quién podrías ser», y a qué siglo perteneces, si eres genuino, una impostura, si explicas o relinchas.

Pero no solo con los amigos, el Señor Cálix se ha equivocado en todo, y a cada paso que ha dado. Se ha equivocado alienando a muchos de sus propios patronos originales, con los malos manejos continuados en el IP. Se ha traicionado a sí mismo, en sus constantes capitalizaciones de sus escasos pero cruciales votos en el congreso, devaluándolos. Aunque, como otros lados oscuros del Partido, confía en su capacidad para el motín y el desorden para obtener poder, y podría incluso aliarse con alguno de esos otros zafios. No ha mostrado hasta la fecha las dotes de competencia que reclama a terceros, no se ha pronunciado sobre ninguno de los más importantes problemas nacionales, y no ha dado señal del refinamiento y la dignidad que precisa un hombre de Estado. Y se equivoca hoy, creyendo que construye una base sólida en el partido, atacando a la Presidenta y al gobierno, de donde irradian las estructuras partidarias que lo van a desaparecer. Se dice que no se curan, aunque teóricamente todo el mundo puede arrepentirse y reivindicarse.

Pero eso requiere tiempo y consistencia, y no hay indicio de que Cálix ande en eso. (O anda ¿en la disolución? Se separa y divide quien no puede unir.) Si se resolviera en Asamblea que se le permita reconciliarse, antes de ser precandidato, Cálix tendría que demostrar que, pagada su pena, es merecedor de una consideración futura. Si se transformara, se disculpará como un caballero, pusiera a las damas en el lugar de respeto que corresponde y se empeñara en una carrera de servicio. Para ser aspirante relevante, Cálix tendría aún que desarrollar talentos, para calificar. Y necesitaría a LIBRE, mientras que, en cambio, LIBRE no necesita a Cálix.

Y Honduras necesita a LIBRE. Para que le dé estabilidad y confiabilidad en instituciones sólidas, que le inspire confianza y entregue la transparencia y la disciplina que se ocupan a mediano plazo, para que la mantenga enrumbada, a la búsqueda del bien general, que sólo se alcanza cuando, de distintas formas, se logra la armonía y la unidad precisa. Y necesita a LIBRE para garantizar que se atiendan las necesidades de la gente más desprotegida, para avanzar en la lucha por la independencia verdadera y el crecimiento con desarrollo social y bienestar. Y LIBRE debe comprometerse a gobernar, con probidad, con ánimo revolucionario, con la claridad de un maestro, un guía y con la sensatez administrativa y la seriedad de un jefe de estado, no un guasón.

Honduras necesita un gobernante probo y cuerdo que ame al pueblo, sensible a sus necesidades más esenciales. Uno que asegure la oportunidad para la participación de todos a quienes la ley da derecho y no uno que venga otra vez a colocar a una hueste de secuaces. Necesita un liderazgo que brinde la libertad que solo la educación (ilustración) puede dar. Una gobernanza capaz de resolver sus problemas profundos; de la que pueda estar orgullosa. No sobreviviría otra vergüenza como JOH, a nadie debe permitirsele repetir eso.

Seúl, abril de 2024

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