La escenografía de una carita joven, ¿inocente?, acapara los focos que reproducen los lamentos y hasta editan esos claros ojos verdes de “magic senior life” –su mejor recurso– gana likes y vistas, mientras nos cuenta como fue papito; su campaña, no convence al hondureño que nunca fue ciego, la toman de burla y gozan más los cheles de New York que no dejan a Juan comprarse una coca en lata en el correccional. Y de la burla a la reflexión, ¿qué tan mal padre tenés que ser para ofrendar así a tus retoños?, Ana, vos lo sabés, hubo delitos contra los hondureños y camisetas con “#Volverá” no lo van a sacar del MDC Brooklyn, excepto, para una cárcel más dura.
Hemos visto mal la fotografía de la familia en el poder, siempre nos quedamos en el primer plano y nunca vemos el ambiente de fondo, intentemos ver un degradado, ignoremos a quien ilumina el flash, a quién baña la luz y apunta el destello rojo de la cámara de televisión; veamos ahora los detalles, aaahhh, la familia, que como institución, si bien puede construir ciudadanos valiosos, también se suma a la “party” y empuja a sus líderes a la decadencia del alma, a transitar el delito del torvo y el siniestro.
Y otra vez, ejemplo hay para los nuevos y viejos inquilinos en el Gobierno, en el Estado hondureño ha pasado algo irracional contra la educación con valores, la ley y la ética, un grupo de familias y su descendencia se apoderan y disputan como buitres en el desierto un cuerpo público que nunca funcionó, se reparten el bien público y dicen: “esto es de todos”; no es normal mirar esos vicios en un Gobierno que prometió refundación. Nepotismo es corrupción ¿sabían?, EL LIBERTADOR –con pruebas– lo señaló antes, ahora y en el futuro.
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. ¡Qué momento! Cuando la miel se derrama sobre las manos y en la frente descansa el laurel, símbolo de domador de imperios; esos gladiadores que ensordecían cuando en su nombre retumbaban gritos frenéticos en estadios llenos de espectadores.- Según testimonio del escritor del siglo II, Tertuliano, un general sabio, cuando desfilaba victorioso en las calles de Roma, tenía un siervo que se le acercaba constantemente al oído y le decía: “¡Respice post te! Hominem te esse memento!” (¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre). Esto, para evitar que se derrumbara en la locura de la soberbia, creyéndose dios omnipotente y, lo peor, que usara el poder ignorando las leyes y las necesidades del pueblo.- Hoy en Honduras, deberíamos abrir esa vacante. ¡Memento mori!, eres simple mortal.


Ana García, hoy sin joyas, sin los gritos delirantes de “cuatro años más” detrás del marido, sin el almíbar en las manos, sin los bailes en tarimas para entretener al vulgo asistente en el teatro de la mofa, aparece aparentemente triste, alicaída y con una camisita de no más de 100 lempiras con la leyenda “#Volverá”, aludiendo el retorno de Juan que, mientras redacto estas líneas, los gringos no lo dejan comprar ni una Coca en lata en el comisariato del correccional del MDC Brooklyn, ni le pasan la pelota de baloncesto para entretenerse en una imperturbable prisión estadounidense, casa matriz de la sucursal “gran” Poder Judicial hondureño. La estrategia no le funcionó a Ana, no logró pegar la idea de la mujer sufrida que defendía a su esposo víctima de los delincuentes, pues, ese es justamente el problema del político que en verdad cree que “el hondureño es pendejo”; no hay en el ADN de nuestro pueblo el recuerdo de esa “primera dama” al lado de las causas justas, los necesitados o los hambrientos; evoca (guardado las muchísimas distancias), una fría María Antonieta. ¿Recuerdan el fin de ésta? Bueno, ante eso, sacaron a la hijita, carita inocente y ojos “extranjeros” y, a pesar de tanto chat en Telegram, tampoco funcionó, como si fuera un dulce-amargo chorro de vino en el vestido de “la prom”.


Hemos visto mal la fotografía de la familia en el poder, siempre nos quedamos en el primer plano y nunca vemos el fondo, intentemos ver un degradado, ignoremos a quien ilumina el flash; veamos ahora los detalles, aaahhh, la familia, que como institución, si bien puede servir para construir ciudadanos valiosos, también puede empujar a sus líderes a la decadencia del alma, a recorrer el camino del delito, del torvo y el siniestro.- Cuando Juan en 2017 notablemente derrotado y notablemente inmerso en algún tipo de intoxicación… levantaba su manita ya muy débil, la mueca de payaso se dibujaba debajo de la boca, ojos rojos e inflados, miraba hacia atrás de él y volvía a levantar la manito figurando un “4” (con relación al delito constitucional de Traición a la Patria y cuatro años más en la presidencia). ¿Quiénes estaban de fondo en esa fantasmal foto? ¿Quiénes eran los monstruos que incitaban a la marioneta a seguir la función, aunque se desplomara en el camino? Y lo más importante, ¿por qué ellos se miraban tan bien en contraste con lo destartalado de nuestro primer plano? Eran las hijas, los hijos, la esposa, la madre, los hermanos y hermanas, primos, tíos, todo el clan. Gente que jamás hubiera salido del barrio si no fuera por la figura de aquello que parecía un hombre: Juan.
Estas familias se incrustan en las costillas de la cosa pública, abiertamente fracasados en el emprendimiento privado, pues siempre están listos para agarrar una chamba en el Gobierno o aprovechar la influencia para ser becados en el extranjero y, lo peor de esto, es que el virus se extiende hasta los funcionarios de menores categorías, todos quieren llevar a su parentela, a sus hijos, esposas, amantes y hasta a algún amigo. Entonces, las instituciones públicas son asaltadas por el ADN familiar, cadena interminable de parásitos de amplio espectro, lo vimos con la profe Alba en salud: hijos, primos, novias de los hijos, hermanos, cuñados y solo el mismísimo Dios desde las alturas sabrá qué más metió con buen salario y sin tener para reservas de oxígeno en urgencia mundial. El actual Gobierno sigue la tradición del nepotismo, cada secretaría mínima tiene cuatro de la misma familia, les recordamos, nepotismo = corrupción ¿Sabían verdad?. ¡Y claro! No nos digan que “antes no se decía nada”, porque EL LIBERTADOR siempre lo dijo con pruebas, pregúntenle a Teodoro Bonilla. Pero eso ya lo saben, sólo que no les importa.


Y lo peor comienza, una vez en el puesto se trata del manejo de una hacienda privada ¡claro que sí! Convertir lo de otros en mío, si aquel de la OABI, un debilucho gatito entre los grandes tigres rayados, se llevó para su casa 20 carros del Estado ¡Santo Dios!, jejejeje, ¿imaginan qué se llevan los toros? ¿Cuántas veces se usó el West Wind para ir a fiestas? ¿Recuerdan a JOH con comitivas de 74 amigos y amigas allá por Europa, Israel y otras y otras por todo el bello cielo del planeta Tierra? Pero no se queda ahí, los bienes nacionales y los recursos son repartidos como en carnicería, lejos quedan las promesas de campaña y, entre el que prometió y el que gobierna, se abre una brecha interminable de mentiras e incumplimiento, así se templó la traición como el acero, y dos discursos se aplican: el público y el privado. Y mientras todo se despedaza, los familiares disfrutan tours, selfies en lugares lejanos “pal’ face”, juegan, viajan, tríos, chupe, alto vive y desgorre con tarjetas oficiales robustas en dólares, estudian en países lejanos, ajenos al sufrimiento social que causa toda su familia, totalmente indolentes de la realidad nacional. ¡La fantasía se convirtió en realidad! Tienen todos los beneficios sin que nadie los juzgue o persiga, los medios están ocupados con la gestión del gobernante y los secretarios, al final la familia es ese núcleo que la vive y la vive.
“El Estado somos todos”, nos gritan estas familias y sus caciques representantes, cuando se trata de pagar las cuentas de las malas decisiones y el derecho del dinero estatal, es decir, el suyo y el mio; sin embargo, sólo podemos confirmar (aunque ellos no lo entiendan en teoría, pero lo ejercen en práctica) en palabras del clásico Max Weber: “El Estado se define como la institución que posee el monopolio legítimo de la violencia dentro del territorio”. Desde siempre cada Estado ha definido su rumbo político y según los intereses de cada grupo, por ejemplo, si es un Estado religioso pues se trata de la conservación de eso. En nuestro caso parece más que el fin es la conservación de las castas que se han adueñado del territorio, las leyes y su población. El quehacer del Estado hondureño ha sido únicamente conservar los privilegios de la misma gente, lo demás es paja.


Por eso, para grupos extranjeros les ha sido fácil adueñarse hasta de las decisiones nacionales, casos como la malcriadeza de la embajadora gringa Laura Dogu o el presidente del BCIE Dante Mossi, contra la soberanía de la Estado, en la figura presidencial y en toda la mitológica “institucionalidad”, denotan que para ellos este país es un potrero donde un grupo de familias se acomodan a comer el presupuesto y repartir entre los suyos los recursos, que aquí la diplomacia sale sobrando en un mundo de salvajes con bandas presidenciales y familias amigas de las familias que braman un “#Volverá”.
Posdata: Entre documentos amarillos sobresale uno, con fecha de hace 10 años, y nuestro Director-Fundador se pregunta: “¿Valdrá la pena seguir escribiendo en una sociedad cómo ésta?”. Aun no se tiene la respuesta…
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