ANALISIS / NADIE ENGAÑA AL TIEMPO: “MEL” Y JOH MÁS ALLÁ DEL PRESENTE

Manuel Zelaya no creó la crisis del Estado hondureño, ni Juan Hernández la explica por sí. “Mel”, simbolizó el derrumbe del equilibrio político que había regido durante décadas; JOH, hizo visible la profundidad del último asalto institucional. Ambos fueron espejos, en que una nación terminó viendo reflejadas las debilidades acumuladas por generaciones y siglos, analiza el pensador Rodolfo Pastor Fasquelle.

Es probable que Manuel Zelaya sea recordado como el presidente bajo cuyo mandato terminó de desintegrarse el engañoso consenso político construido durante la transición democrática. Será visto como catalizador de tensiones que acumuladas por décadas: desigualdad extrema, desgaste del bipartidismo, descrédito de las élites tradicionales y creciente confrontación sobre los límites del poder presidencial y representatividad del legislativo.

Con casi toda seguridad, Juan Hernández aparecerá como el gobernante bajo cuyo mandato las fracturas institucionales alcanzaron su máxima expresión. Su violencia evidenció la complicidad entre las armas, capitales, crimen organizado y aliados externos para controlar el Estado. El gobierno de JOH simboliza el momento en que esa captura dejó de ser una sospecha para convertirse en una realidad documentada.

Rodolfo Pastor Fasquelle
EL LIBERTADOR
redaccion@ellibertador.hn

El tiempo es el único juez cuya sentencia no prescribe. Por eso el historiador procura mirar la escena desde una distancia y una altura mayor. Se conmueve menos, puede ser —esa es también su limitación— pero gana perspectiva y sentido de proporción. La ventaja de la historia es que no se confunde con los detalles y los ruidos del momento. No abdica de establecer responsabilidades, aunque tampoco personaliza las explicaciones.

Sabe que las subjetividades forman parte del devenir social, aunque casi nunca determinan por sí los procesos de larga duración. No sabe lo que ocurrirá, pero aprende a distinguir el saber del cuento, la evidencia del mito y la explicación de la justificación.

Hace poco más de un siglo, después de la Primera Guerra Mundial, la historiografía comenzó a orientarse al estudio de los procesos, antes que de los acontecimientos y de los individuos. Si hoy preguntamos a una Inteligencia Artificial razonablemente entrenada en ese método qué dirán los historiadores dentro de cien años sobre nuestros caudillos, probablemente respondería algo así: A diferencia de las visiones epopéyicas, la historia crítica rara vez se pregunta solamente qué hizo un hombre. Se pregunta por qué y cómo una sociedad hizo posible a ese hombre.

Del mismo modo que hoy Nerón ayuda a comprender la crisis del Imperio romano, Luis XVI el derrumbe del Antiguo Régimen y Napoleón las contradicciones de la Europa revolucionaria e imperial -toda proporción guardada- Manuel Zelaya y Juan Orlando Hernández ayudarán a explicar en parte una etapa decisiva de la historia hondureña. La crónica registró sus ascensos y caídas; la historia buscará comprender porqué ocurrieron.

Por supuesto que no fueron iguales, pero es innegable que sus trayectorias históricas estuvieron entrelazadas. Y dentro de cien años, probablemente ni Juan O. Hernández ni J. Manuel Zelaya Rosales serán estudiados principalmente por sus cualidades, defectos o responsabilidades personales, muy distintas. Las campanas habrán doblado por ambos. Serán recordados, sobre todo, como actores y, a la vez, productos de una misma crisis histórica: el agotamiento del Estado hondureño de comienzos del siglo XXI.

Es probable que Zelaya sea recordado como el presidente bajo cuyo mandato terminó de desintegrarse el engañoso consenso político construido durante la transición democrática. Su expulsión del país en 2009 marcará el intento de los poderes fácticos por revertir ese desenlace y, al mismo tiempo, el inicio de una prolongada etapa de polarización, de reconfiguración del sistema de partidos y de disputa permanente sobre la legitimidad del poder.

El presidente Manuel Zelaya
El presidente (2006 -2009), Manuel Zelaya Rosales.

Más que autor de esa ruptura, Mel será visto como catalizador de tensiones que venían acumulándose desde hacía décadas: la desigualdad extrema, el desgaste del bipartidismo, el descrédito de las élites tradicionales y la creciente confrontación sobre los límites del poder presidencial y la representatividad del legislativo.

Con casi toda seguridad, Juan Orlando Hernández aparecerá como el gobernante bajo cuyo mandato esas fracturas alcanzaron su máxima expresión. Su violencia pondrá en evidencia la complicidad entre las armas, los capitales, el crimen organizado y sus aliados externos.

Su condena por delitos relacionados con el narcotráfico ocupará un lugar relevante en los libros. Pero su verdadero significado histórico será haber revelado hasta qué punto las élites políticas y el clientelismo capturaban el Estado, mientras el crimen organizado y la corrupción penetraban sus instituciones. Su gobierno de JOH simboliza el momento en que esa captura dejó de ser una sospecha para convertirse en una realidad documentada.

Presidente (2014-2022), Juan Orlando Hernández, siendo extraditado a EE.UU. el 21 de abril del 2022.

El juicio histórico más profundo no recaerá sobre ellos como individuos, sino sobre el sistema político que los produjo. La pregunta fundamental no será cómo gobernaron Mel o JOH, sino qué condiciones permitieron que Honduras llegará a ese punto.

«JOH» y «MEL».

Los historiadores investigarán la politización de la justicia, la debilidad institucional, la concentración del poder, la subordinación de los órganos de control, la ausencia de un servicio civil profesional, el financiamiento ilícito de la política, el clientelismo y la incapacidad de la crítica pública para remediar esos males.

Desde esa perspectiva, ambos dejarán de ser vistos como héroes o villanos para convertirse en expresiones de un proceso más largo. Zelaya representará la ruptura del viejo orden político; Hernández, la culminación de su degradación institucional. Uno simboliza el colapso del consenso; el otro, la evidencia de que el Estado había sido secuestrado.

Quizá la síntesis que mejor sobreviva al paso del tiempo sea: Manuel Zelaya no creó la crisis del Estado hondureño, ni Juan O. Hernández la explica por sí. El primero simbolizó el derrumbe del equilibrio político que había regido durante tres décadas; el segundo hizo visible la profundidad de la última captura institucional. Ninguno explica aquella época. Ambos fueron espejos, en que una nación terminó viendo reflejadas las debilidades acumuladas por generaciones.

Ambos tendrán todavía sus detractores y sus panegiristas, aunque serán pocos y cada vez menos. Zelaya le podría hacer bien a su Partido aún, JOH le puede hacer mucho daño al suyo. El significado definitivo de ambos dependerá, sin embargo, de lo que Honduras haga después.

Si el país consigue construir instituciones más sólidas, un servicio civil profesional, una justicia independiente y una democracia capaz de imponer el bien general sobre los intereses particulares y los arbitrios de los caudillos, ambos serán recordados como figuras de una dolorosa transición. Si esa reconstrucción no llega, pasarán a la historia como episodios ilustrativos de un prolongado ciclo de crisis.

El fallo sobre estos personajes dependerá de si -al final- habrán contribuido a resolver las contradicciones de las que surgieron, o si morirán prisioneros del delirio de creerse superiores, y más grandes que la historia.

Por ahora, el pronóstico no parece favorable. Todo indica que, entre falsas piedades, retóricas y pantomimas, siguen representando el teatro de su hýbris: la ilusión de situarse por encima de la ley, de sus conciudadanos y hasta del destino. En la tragedia griega, al final, la hýbris convoca inevitablemente a la némesis de sus caídas.

Más que las ignorancias, lo que hoy nubla la mirada de sus compatriotas —correligionarios y adversarios— son las pasiones y los olvidos. Pero el tiempo termina revelándolo todo. Nadie engaña al tiempo.

San Pedro Sula, julio, 2026

Deja un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Contenido Protegido