Altas temperaturas, incendios forestales y baja circulación de viento elevan la contaminación del aire en Honduras, donde ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula registran niveles que, aunque moderados, ponen en riesgo a grupos vulnerables.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Las dos principales ciudades de Honduras, Tegucigalpa, M.D.C. —capital— y San Pedro Sula, enfrentan efectos de la temporalidad climática: altas temperaturas, bruma por incendios y contaminación del aire, afectando especialmente a la capital industrial.
EL LIBERTADOR constató en plataformas de monitoreo como IQAir y Windy.com que el Índice de Calidad del Aire (ICA) se mantiene en niveles moderados en varias regiones: Francisco Morazán registra 72, El Paraíso 61 y Olancho 50.
Pero en cuanto a Tegucigalpa, el ICA alcanza 77 clasificado como “moderado”, lo que indica que el aire no es completamente limpio, pero tampoco representa un riesgo inmediato para la mayoría de la población en condiciones normales.
Sin embargo, el principal contaminante es el material particulado fino PM2.5, con una concentración de 23 microgramos por metro cúbico, partículas diminutas que pueden penetrar en los pulmones y afectar la salud con exposición prolongada.
De acuerdo con estándares internacionales, este nivel supera en 8.4 veces el valor de referencia anual recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que evidencia una calidad de aire lejos de condiciones óptimas.
En términos prácticos, aunque el aire no se considera peligroso en el corto plazo, sí puede generar molestias en niños, adultos mayores o personas con enfermedades respiratorias si la exposición se mantiene durante varias horas continuas.
En San Pedro Sula, el Índice de Calidad del Aire (ICA) alcanza 117, una categoría considerada “perjudicial para grupos sensibles”, lo que indica que la contaminación ya representa un riesgo para personas con enfermedades respiratorias, niños y adultos mayores.
El principal contaminante es el material particulado PM2.5, con una concentración de 42 microgramos por metro cúbico, casi el doble que en Tegucigalpa, compuesto por partículas finas que penetran profundamente en los pulmones.
De acuerdo con estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este nivel supera en 8.4 veces el valor anual recomendado, reflejando una calidad de aire que, aunque no es extrema, sí implica riesgos si la exposición es prolongada.
Expertos explican que la acumulación de contaminantes, por ejemplo en Tegucigalpa, responde a condiciones atmosféricas que reducen la circulación del viento, lo que dificulta la dispersión del humo y partículas en suspensión en el ambiente.
Esta situación se agrava por la falta de lluvias y corrientes de aire constantes, lo que favorece que los contaminantes permanezcan concentrados durante más tiempo sobre la capital, deteriorando la calidad del aire que respira la población.
Datos del Instituto de Conservación Forestal (ICF) indican que en los primeros cuatro meses del año se han registrado al menos 448 incendios forestales, que han consumido unas 18,125 hectáreas, principalmente en Francisco Morazán, Olancho y El Paraíso.
A esto se suma que el sistema FIRMS de la NASA reporta más de 1,500 puntos de calor en el país, evidenciando una intensa actividad de quemas, en su mayoría provocadas por acción humana, lo que incrementa la contaminación atmosférica.

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