Pensadores de la Historia y lúcidos analistas de Ciencias Sociales ven incrédulos el posible levantamiento popular en el país, pero igual se creyó de otros pueblos que después de siglos de espantoso sufrimiento juzgaron para siempre la tiranía y los tiranos, ahora son naciones desarrolladas y otras aunque aún cargan problemas sociales y económicos, una revolución en su currículo frena dictadores y pone a pensar a sanguinarios y ladrones de esa misma estirpe que derrocha el presupuesto en el Gobierno de Honduras.
EDITORIAL
LA CULTURA DEL HAMBRE
El hondureño este día avanza inanimado, inmune al dolor de la nación, pocos increpan la egolatría y depredación del actual régimen en su empeño por extinguir el Estado, población y territorio, porque del Gobierno sólo resta barrer los despojos.- Se ha vuelto absoluto el clima de traición contra el pueblo y contra la Constitución; la mayoría duerme en la cómoda burbuja de la superstición, donde pereza y esperanza montan todo deber personal y social en los hombros de Dios.
En este país nada asombra, algo muy peligroso, la maquinaria que fabrica sumisión con miedo, crimen con complicidad y hambre con ignorancia, sigue funcionando por mecanismos que engrasa el poder desde hace 500 años; por eso, ciertamente, hoy estas palabras no serán leídas por muchos, ni agitarán a la sociedad hacia grandes acciones comunes de liberación y vergüenza. Aun así, jamás debemos admitir como normal lo anormal, sino la adaptación del hondureño como ser social e individual, impondrá una sociedad de locura y mente criminal.
Que Honduras aparezca en el continente americano en segundo lugar de peor desigualdad en ingresos entre los más pobres y los más ricos, no existe desarrollo humano; además, el primer país de mayor impunidad y segundo en el mundo, según el Informe Global de Impunidad 2020, tales cifras fatales deberían convocar a debates con solución en las mentes más lúcidas y en los sectores económicos dañados de manera directa como el capital, las empresas, la academia y organizaciones civiles, pero no se oyen, ni se oponen frontalmente al atraso.
Y, en primera fila, en semejantes reuniones, estaría sentado el Gobierno para que rinda cuentas, incluso, si sus argumentos son flojos como en efecto lo son en el plano de hechos y pruebas en la actualidad, tendría que ser sustituido por incapacidad peligrosa y corrupción permanente certificada durante una década, cada año, entre tantos, por los medios de comunicación nacionales y extranjeros, por la Cuenta del Milenio y por Transparencia Internacional (TI).
Pensadores hondureños de la Historia y lúcidos analistas de Ciencias Sociales ven incrédulos el posible levantamiento popular en el país, pero igual se creyó de otros pueblos que después de siglos de sufrimiento erradicaron a sus tiranos, ahora son naciones desarrolladas y otras aún cargan problemas sociales y económico, pero con una revolución en su currículo que frena nuevos dictadores y pone a pensar a sanguinarios y ladrones de esos que hoy hasta son funcionarios de Honduras.
Pero en la práctica se caen todas las teorías, y así como cada pueblo es único, cada manera de romper la opresión y castigarla también es distinta en tiempo y método en cada sociedad. La hora del pueblo hondureño llegará, así como nunca imaginaron en ningún sitio donde por generaciones un puñado de familias saqueó y tiranizó una nación que parecía aguantadora, tonta y cobarde, precisamente esa provocación infinita sin resistencia, es lo que confunde y autodestruye al poder salvaje.
Dicen investigadores que al hondureño del presente –evolucionado desde la ficticia emancipación en 1821, se le incrustó en el alma la cultura del hambre y, que de ahí, surgió ese paisano servil al forastero, indiferente y con débil arrojo para vencer los políticos y capitalistas que lo atan a los más crueles ultrajes, suma además para esa conducta, que durante 300 años se le había domado en servidumbre, con látigo y cruz bajaba la cabeza ante el amo, un vulgar sicario a sueldo de los reyes de España, pagado con nuestro oro, un rebaño de rabiosos requinteros españoles que robaron lo que hallaron mal puesto en América. España debe pedir perdón.
Se afirma que por esa mala herencia, los criollos ilusos, embebidos en creerse aristocracia no trabajaron en construir un capital hondureño, contrario a países vecinos, fue así que en menos de 50 años pasaron la riqueza nacional a los árabes que, desprovistos de tierra y dinero, con la marca de esclavos bajo la bota del imperio turco, hallaron aquí la tierra ideal, donde ahora ponen dictadores y quitan presidentes, son el poder político y económico. La historia del hondureño apenas empieza a escribirse, nosotros pondremos el punto final, seguro.
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