¡NO VALE SESIONAR CON BAJOS SALARIOS!

El que los diputados se victimicen por el poco salario que, según ellos, se les paga no tiene presentación, lo único que muestran con esto, es donde está su motivación y lo más lamentable sus respuestas subidas de tono.

Belinda Portillo*
Columnista
EL LIBERTADOR
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En Honduras, el debate público se concentró la anterior semana, en las declaraciones de algunos de los diputados que públicamente manifestaron que el salario de 92,000 lempiras mensuales más el pago de dietas, combustible y seguridad era insuficiente para el arduo trabajo que realizaban. Allá por el siglo XVIII, en su libro “La Riqueza de Las Naciones” Adam Smith presentaba su famosa división del trabajo entre productivo e improductivo, señalando que el trabajo productivo es el que genera valor (riqueza), mientras que el trabajo improductivo no añade nada a la riqueza de un país. De vuelta al siglo XXI y al debate que nos ocupa, basándome textualmente en la teoría del “Padre de la economía Moderna”, podría decir, sin temor a equivocarme, que el trabajo que realizan los diputados y diputadas es improductivo, la pregunta es si el producto (conocimiento, ideas, soluciones) que ofrecen de intercambio por el monto salarial que devengan lo vale; y esto también entra en el campo de la duda, cuando escuchamos las declaraciones que vierten sobre el acontecer del país, quedando en evidencia el bajísimo nivel de algunos diputados y su absoluta falta de responsabilidad ante los ciudadanos a quienes supuestamente representan.

Los Honorables diputados y diputadas viven en un mundo alterno, parece que no se dan cuenta que cuando vierten este tipo de declaraciones, los 2.6 millones de hondureños que ganan menos que el salario mínimo lo toman como una burla a su situación. En Honduras hay miles de familias, que su salario apenas alcanza para hacer dos comidas al día; lo que ha impulsado a la migración masiva por la imposibilidad de encontrar oportunidades y un trabajo digno aquí en Honduras. El que los diputados se victimicen por el poco salario que, según ellos, se les paga no tiene presentación, lo único que muestran con esto, es donde está su motivación y lo más lamentable sus respuestas subidas de tono cuando se habló de reducir sus salarios haciendo evidente su falta de interés por sacrificarse, aunque sea un poco por el pueblo que los eligió.

Hace más de una década que el pueblo hondureño ha ido perdiendo paulatinamente la confianza en los autonombrados “Padres de la Patria”, hoy encontramos una mayoría ciudadana descontenta que desconfía de la gestión del Congreso Nacional, esto debido a un sin número de desaciertos, peleas internas, acusaciones de ilegalidad, promesas de campaña incumplidas, gastos exorbitantes y el poco interés en las preocupaciones de los ciudadanos que han mostrado en estos tres meses de gestión; sumado a ello, la mala gestión del Congreso pasado por estar a los pies del Ejecutivo, nexos con los casos de corrupción y narcotráfico, son entre otros, algunos de los factores que reafirman la poca confianza en el Legislativo.

La democracia es tan frágil, como la línea que separa la cordura de la locura. La primera condición para que funcione la fantasía de que unos señores y señoras, de buenos propósitos e imagen prefabricadas y con excesivo Photoshop representan a todos sus conciudadanos, pasa como en todo cuento fantástico, que hay que creer y no cuestionarse; sin embargo, como sucede en toda fantasía, al despertar el sueño de democracia se puede desdibujar y esto sucede cuando la incoherencia sin límite de los diputados cansa a la población, como está sucediendo en estos momentos, donde miles de los votantes están decepcionados de aquellos que eligieron como sus representantes, ahora no les creen, y manifiestan que no los votarían de nuevo.

Ninguno de los partidos políticos cuyos diputados lograron un curul en el Congreso, representan claramente los intereses de los ciudadanos, porque no han logrado legislar de formar transparente y contundente. La ciudadanía esperaba que el cambio de Gobierno acabara con la práctica oscura de someter el Poder Legislativo al Ejecutivo, con el propósito de avalar la corrupción abierta como lo hizo el Gobierno de Juan Orlando Hernández.

La única opción clara que se tiene para servir al pueblo, rescatar la democracia y combatir la corrupción, que tanto daño le ha hecho al país; es que se pongan a trabajar en tres vías: primero que limen sus asperezas internas, dejen de lado los egos y humildemente procedan a validar la Junta Directiva del CN, aprueben leyes que reivindiquen las promesas de su campaña y las que enfrenten la corrupción venga de donde venga; la segunda que, los diputados de la oposición se unan para trabajar en el proyecto común de rescatar Honduras y dejen de jugar a ser los honestos y salvadores de la patria, no olviden que fueron cómplices silenciosos de la debacle que hoy vive el país y el pueblo lo sabe. Y finalmente la tercera vía asegurarse de que en los nombramientos de funcionarios que requieren el aval del Congreso se elijan aquellas personas que además de los conocimientos técnicos tengan la integridad suficiente para no corromperse ni amilanarse ante las presiones y cantos de sirena; porque de lo contrario, ninguna ley impedirá que la democracia se fracture, que la corrupción siga avanzando y que la promesa de cambio que hicieron al pueblo, se pierda; de seguir todo igual, lo único que nos quedaría a los ciudadanos, es rogar que Dios nos agarre confesados.

*Economista con estudios de maestría en Planificación y Política Económica, con más de 30 años de experiencia en el área de Derechos humanos de La Niñez y Derecho de las Mujeres; 20 años de trabajo en ámbito internacional en esos temas. Actualmente se desempeña en el sector Salud como representante en Honduras de la empresa “Procesos Inteligentes”, de capital colombiano.

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