

La derecha y el bipartidismo han convertido a la UNAH en un mercado, donde las únicas transacciones que importan son las que dicta el comportamiento individualista, observa el sociólogo Engels López en este artículo de opinión compartido con EL LIBERTADOR, donde, además, hace hincapié que producto de esa orientación un gran sector de egresados poco les importa el país en su afán de lucrarse con el conocimiento adquirido.
Siguiendo la línea del título de este escrito, López apunta que la Alma Mater del país quedó a deber ante su último pronunciamiento sobre la crisis electoral, lamentando que el documento dejó al margen el análisis de contexto y perspectiva geopolítica, siendo carácter “obligatorio” considerar la injerencia de Estados Unidos, la coerción de maras y pandillas para impedir el voto, el modelo de amenazas de Donald Trump, la irregularidad técnica del CNE y, ante todo, la omisión que Honduras aún carece del “Estado de Derecho”.
Además, plantea que, bajo el eslogan de la “UNAH-Nueva Historia”, en la universidad se está concluyendo lo que comenzó Julieta Castellanos: la desnaturalización política de la universidad pública y la legitimización de un conservadurismo académico.
Engels López*
Columnista
EL LIBERTADOR
redaccion@ellibertador.hn
Con esa frase empezaba Vargas Llosa el relato de una de sus obras más espectaculares: Conversación en La Catedral. Llosa hace una explicación (que puede aplicar a cualquier país de Latinoamérica en la actual coyuntura del avance de las ultraderechas y la crisis del proyecto de las izquierdas), sobre la forma en la cual la corrupción, la militarización y el autoritarismo pueden desembocar en un crisis social y política generalizada. El Perú (país que siempre recuerdo con cariño y que me acobijó en momentos difíciles), en los últimos 10 años ha tenido 8 presidentes.
Recientemente la UNAH (Universidad Nacional Autónoma de Honduras) hizo público un posicionamiento sobre las elecciones generales, alrededor de una lógica técnica-jurídica, que refuerza la colonialidad del poder y la colonialidad del saber. Por otro lado, trae a la memoria presente la idea de una universidad pública al servicio del orden hegemónico establecido. Además, un comunicado descontextualizado y desprovisto de toda rigurosidad académica y política, sin una lectura crítica sobre el actual momento del país, irónicamente, tratándose de la máxima casa de estudios.


Este artículo de opinión, a manera de alegato político, trata de poner en perspectiva lo que sucede en la UNAH desde la llegada de Odir Fernández y la corrección política que ha tomado la UNAH en la actual administración, sobre algunos temas de realidad nacional. Aquí defiendo la idea que bajo el eslogan de la UNAH-Nueva Historia, en la universidad se está concluyendo lo que comenzó Julieta Castellanos: la desnaturalización política de la universidad pública y la legitimización de un conservadurismo académico de corte tecnocrático, autocrático y populista.
En el pensamiento político moderno existen dos autores claves para comprender el desarrollo político de las sociedades y el mundo de las ideas: Immanuel Kant y Karl Marx. Para Kant la historia tiene una finalidad intelectual y, por lo tanto, la evolución de la especie humana estará regida en la medida que los humanos cultiven la razón, la moral y expandan su autonomía. Mientras para Marx, la historia, es la historia de la lucha de clases. Si unimos a Kant y Marx, diríamos que la UNAH es el principal centro de ideas e historia y, por lo tanto, un importante espacio de lucha de clases, como en su momento nos lo recordó y refrescó la lucha estudiantil del MEU (Movimiento Estudiantil Universitario).
Desde el 2013 comencé con mis estudios sobre la Universidad Pública, Reforma Universitaria y Movimiento Estudiantil y siempre ha existido una unidad de análisis que nunca he perdido de vista: la vocación académica y política de la UNAH y el rol que juega en la formación de conciencia crítica-humanística y en la transformación de la sociedad. El próximo año (2026) saldrá el segundo tomo de mi libro, que lleva como título: la contrarreforma universitaria en la UNAH, una aproximación desde las luchas estudiantiles (2004-2024). Y un tercer tomo en proceso de diseño, titulado la privatización del campo universitario y la refundación de la universidad en Honduras. Proyectos con más de 10 años de investigación. El primer tomo titulado: la lucha del movimiento estudiantil en la defensa de universidad y educación pública (2006-2016), se publicó en el 2023 y está disponible en formato digital en: https://secapph.gob.hn/libro-virtual/movimiento-estudiantil


El último Rector de la UNAH en tomar la génesis reformista de la universidad pública hondureña y latinoamericana, fue el Doctor Juan Almendares Bonilla (1979-1981). Invitó a la ciudadanía a leer su discurso en el Tercer Encuentro de la Comunidad Universitaria. El Doctor Almendarez fue el último gran reformista-revolucionario de la UNAH, los demás rectores y rectoras, a excepción de Jorge Arturo Reina (1973-1979), continuaron con los postulados neoliberales sobre la universidad de José Oswaldo Ramos Soto.
En 1982 llegó a la UNAH, Oswaldo Ramos Soto, bajo el eslogan de la Nueva Universidad. Me he tomado el tiempo de estudiar las memorias anuales que se generaron en su rectorado y he llegado a la conclusión que en la rectoría de Oswaldo se sentaron las bases, para lo que he llamado en el caso de la UNAH: la contrarreforma universitaria. La reforma universitaria tiene cuatro pilares fundamentales: autonomía universitaria, co-gobierno universitario, libertad de cátedra y la vinculación universidad y sociedad. La contrarreforma universitaria, es lo contrario a los postulados mencionados anteriormente.
Sobre el modelo universitario que fundó Oswaldo Soto, se originaron las posteriores universidades privadas que fueron controlando el campo universitario en el país. En Honduras el 90% de las universidades son privadas y el 10% son públicas. Ojalá algún día a ciertos partidos políticos se les ocurra hablar sobre la privatización del campo universitario (no para ganar votos, aunque seguro ganarían muchos, sino, para politizar el discurso sobre la educación y universidad pública), que no solo excluye a las clases populares, sino, que también mercantiliza la ciencia y la tecnología al servicio del modelo económico neoliberal privatizador y concentrador de la riqueza. En la UNAH se forma a la clase trabajadora y en las universidades privadas a los científicos del mercado neoliberal.


En el Siglo 21 la actual administración de la UNAH, bajo el eslogan de la Nueva Historia, busca revivir el legado histórico de Oswaldo y radicalizar la promesa universitaria de Julieta Castellanos. La cátedra no es para demagogos, sentenciaba Weber, en una de sus obras clásicas: El Político y El Científico. La universidad es para personas de ciencia, sentenciaría décadas después Pierre Bourdieu, en su obra Homus Academicus.
Actualmente me encuentro estudiando las bases conceptuales y políticas de la Nueva Historia que propone la actual administración y puedo adelantar, que es el proyecto más acabado para terminar con la vocación política de la universidad pública, la misma que defendió el movimiento estudiantil cuando conquistó (a la par del movimiento obrero y popular de la época) la Autonomía Universitaria en el 1957 y la que defendió el MEU cuando luchó contra el modelo universitario privatizador del Julietismo (2009-2017). En la Nueva Historia existen seis elementos claves: primero, la puesta en escena de una formación universitaria light; segundo, la persecución encubierta hacia el sector docente y trabajador; tercero, la virtualización forzada de la educación universitaria; cuatro, la corrección política conservadora de la UNAH hacia la sociedad; quinto, la elitización de la universidad y el encubrimiento de la tradición plebeya y popular en el ingreso y permanencia del estudiante y, sexto, la repolitización autoritaria de la comunidad universitaria con base a un populismo académico de derechas y medidas de securitización interna de vigilancia y control. No es cualquier cosa lo que transcurre en nuestra Alma Mater.
La Nueva Historia, así como la Nueva Universidad de Oswaldo, se insertaron en un contexto más o menos parecido: crisis del capitalismo global y la creación de amplias redes mercantilistas en el campo universitario, ideologías políticas conservadoras, reaccionarias y autoritarias (como telón de fondo de la guerra fría y la doctrina de seguridad nacional) y en una contracción interna del modelo económico y el sistema productivo desconectado de la innovación, la ciencia y la tecnológica. Aunque en el contexto de la Nueva Historia hay un elemento central: la sociedad de la información, las redes sociales digitales y la virtualización de la esfera pública (por cierto, poco estudiada en el caso hondureño). Sobre estas bases Odir Fernández ha creado un perfil light o la imagen del rector “cool”, propio del modelo educativo que su administración promueve. Atrás ha quedado el modelo educativo constructivista (el cual critiqué con fuerza cuando fui militante del MEU, por su falta de filosofía educativa plebeya latinoamericana), ahora existe un modelo educativo de lo light, parafraseando a Francisco Esteban Bara, filósofo y pedagogo de la educación universitaria.


Siguiendo con el título de este artículo, que pretende ser un alegato político de lo que debería ser y no hacer la UNAH, me gustaría exponer algunos puntos al calor del último comunicado que publicó la Universidad sobre las recientes elecciones generales. Por un lado, sería bueno saber si el posicionamiento sale desde el Consejo Universitario, los Claustros de Profesores, o es una opinión personal del equipo rectoral, quienes, bajo una retórica hermenéutica del derecho, pasaron por alto cuatro elementos de coyuntura que son claves al momento de realizar una valoración estructural sobre las elecciones generales: i) la injerencia de los Estados Unidos en el proceso electoral y en la intención del voto, ii) el control y coerción que maras y pandillas ejercieron sobre la ciudadanía el día de las elecciones, iii) la doctrina de seguridad transnacional y el modelo económico corporativo que Trump despliega sobre la región y en particular sobre Honduras con las ZEDES y, iv) las irregularidades técnicas y administrativas alrededor del procesos electoral denunciadas por LIBRE. Y, ante todo, se les olvido que, en Honduras, hace buen tiempo dejo de existir esa cosa que los abogados siempre expresan con gran esmero: el estado constitucional de derecho. En una universidad pública, toda valoración sobre un problema social debería considerar los elementos de contexto desde una perspectiva geopolítica, histórica y estructural.
Cualquier estudioso de la jurisprudencia, concluiría que sin considerar esos elementos de contexto todo análisis que se realice sobre un problema determinado carece de objetividad y de cientificidad, de la misma que hace tanta alegoría el comunicado. Para los autoritarios la posverdad es su norte, la conspiración su brújula y la ciencia una forma de escudo. El derecho decía Hegel, sin base filosófica sobre la realidad es conservadora. Desde una mirada decolonial y marxista, Sousa Santos, expone como el derecho hegemónico liberal ha servido para encubrir lo político, desplazar lo social, legitimar la corrupción del sistema capitalista y neoliberal y defender los intereses de la clase dominante. En esos dos extremos es importante situar el comunicado de la UNAH.


La UNAH desde la década de 1980 ha sido el principal centro hegemónico de la derecha y del bipartidismo en particular. Esa condición vasalla que la derecha le ha consignado a la UNAH sigue persistiendo y se ha convertido en una enfermedad terminal en cada rincón físico, académico y administrativo. La Alma Mater y su Lucem Aspicio (aspirando a la luz), con el paso de las décadas se ha ido convirtiendo en los desolados y oscuros caminos que nuestros queridos Hobbits (Frodo y Sam) recorrieron hacia Mordor para destruir el anillo del Señor Oscuro de Mordor: Sauron, quien intentaba apoderarse de la “Tierra Media” (el mundo creado por el famoso autor). Suficiente con pasar por los pasillos de la UNAH de la Nueva Historia, para sentir el hedor de sus paredes, la podredumbre de su imagen y la calamidad de sus espacios públicos, donde antes, se deliberaba y discutía políticamente sobre los problemas del país, ahora figuran guardias de seguridad y gentes con semblantes desolados y despojados de su ser.
En la UNAH de la Nueva Historia, el “hippie” y la feminista que revolvía a las masas contra el Julietismo y el Juan-Orlandismo (en la UNAH nació el ANTI-JOH), hoy podrían ser una pieza de arte en cualquier museo de la Francia Revolucionaria. El niño y la niña que vendían dulces en las plazas de la universidad, para el día siguiente poder ir a la escuela, hoy solo existen en los harapos del libre mercado universitario. El profesor que hablaba sobre marxismo y leninismo hoy recuerda con nostalgia la libertad de cátedra. El hijo del campesino y del obrero que miraba a la UNAH como su oportunidad de crecer ética y académicamente, ve como sus sueños son presas del campo universitario privatizado. La comunidad universitaria que un día existió en la UNAH, hoy es un retrato del Macondo que describió García Márquez en su obra Cien Años de Soledad. En la UNAH de la Nueva Historia, reina la pulsión de muerte, que Freud y Byung-Chul Han mencionan en sus estudios.
En la UNAH no basta con hablar de estadísticas y de rankings universitarios (esos grandes monstruos del capitalismo académico que están terminando con lo que queda de la universidad pública latinoamericana) y de todo ese falso positivismo institucionalizado (que generan los rankings), el cual solo ha servido para mercantilizar la universidad, legitimar el discurso privatizador e incorporar los valores del mundo empresarial a la universidad. Poco o nada se habla de los saltos cualitativos y de cambios estructurales. El positivismo institucionalizado objetiva las estadísticas y las convierte en verdades absolutas que, en manos equivocadas, terminan creando monstruos y pequeños orcos académicos bajo el modelo educativo light.


La UNAH, parafraseando a George Ritzer, pasó a ser un gran McDonald’s, que vende títulos y entrega al mercado laboral estudiantes precarizados: profesional, ética y políticamente. La derecha y el bipartidismo han convertido a la UNAH en un mercado, donde las únicas transacciones que importan son las que dicta el comportamiento individualista, egoísta, patriarcal y narcisista del mundo universitario capitalista. A un gran sector egresado de la universidad le importa poco el país, su afán es lucrarse de los conocimientos recibidos. ¿Qué clase de educación recibimos en la UNAH?
¿Qué tiene que ver esto con el comunicado de la UNAH?, pues nada y mucho. Nada, porque la derecha históricamente ha convertido a la UNAH en un esqueleto de privilegios clasistas, donde solo ingresa el que puede, no el que debería de ingresar y porque la UNAH, dejó de ser aquella institución que orientaba el desarrollo de la sociedad a través de la ciencia, la técnica, la cultura y el arte. Se dice que la UNAH ocupa los primeros lugares en investigación científica; sin embargo, poco sabemos si esas investigaciones tienen relevancia y pertinencia social, es decir, si transforman el orden hegemónico establecido y mejoran las condiciones de vida de la ciudadanía vulnerabilizada por las políticas neoliberales. El problema no es la calidad de la educación universitaria (como abogan los intelectuales del capitalismo académico), el problema es la pertinencia social de la educación universitaria (como defienden los intelectuales decoloniales de la universidad pública).


Importa mucho porque la UNAH, oscura y silenciada, se enfrenta a una Nueva Historia que no puede ser, porque sus bases están rotas y fraccionadas por la herencia del Julietismo y los vestigios del pasado oscurantistas de Oswaldo Soto. La UNAH no se puede reconstruir si sus autoridades no reparan el daño que han hecho a cientos de estudiantes criminalizados, judicializados, perseguidos y exiliados y si tampoco repara el distanciamiento que ha tenido hacia la sociedad, en el marco de un silencio cómplice ante los grandes problemas estructurales del país. Por eso importa el comunicado de la UNAH, porque en una sociedad donde el uso público de la razón no se encuentra por ningún lado, lo que exprese la universidad toma mucha relevancia y su voz, se convierte en un sonido con resonancia política.
Termino mi alegato, expresando que, si LIBRE influyó para que Odir Fernandez fuera el rector de la UNAH, (como indican algunas fuentes) ha creado un gran verdugo político que, en el pasado tuvo vínculos íntimos con el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), uno de los principales brazos políticos de la Embajada de EE.UU. en Honduras.
¿En qué momento se jodió la UNAH?
*Sociólogo y trabajador social, con estudios en Desarrollo Territorial-Rural; 8 años de experiencia en investigación social en temas de realidad nacional. Actualmente, colabora con el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Poder Judicial de Honduras, en análisis e investigación social, y asesora a organizaciones territoriales en la defensa de la tierra y el territorio.
NOTA: Las declaraciones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de EL LIBERTADOR.