FRANKLIN DEL CID: PASTOR DE VERDAD, CONTRA EL PODER QUE EMPOBRECE AL PUEBLO HONDUREÑO

Hay humanos valiosos para la sociedad donde nacen y ejemplos para el mundo, al marcharse hacen falta por su pensamiento y acción centrada en el bienestar de los demás; sus críticas ante la injusticia social no son tibias ni acomodadas a las mesas del poder, así ha sido el evangelio de “Franklin del Cid (gráfica), el pastor insumiso al poder oligárquico”, lo cita con reconocimiento el sociólogo César Servellón.

Los evangelios nunca relatan algún vínculo de Jesús con el poder económico, poder político o religioso de su tiempo. Esto dice con exactitud de que era un ser trascendente porque a pesar de tener poderes atribuidos a la divinidad, nunca los utilizó para consolidar o profundizar la dominación romana ejercida contra su propio pueblo, como tampoco los utilizó para lograr beneficios personales.

Así fue el ministerio que llevó del Cid, en el lado de los que soportan el sufrimiento de la desigualdad social y económica en tierra hondureña, un pastor verdadero que dedicaba su tiempo a lucha pública contra los abusos de los poderosos, como pastor de la Iglesia Cristiana Ágape y también máster catedrático del Departamento de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

EL LIBERTADOR
César Servellón
Sociólogo

El pasado 8 de octubre partió hacia el infinito el pastor y docente universitario Franklin David del Cid. Atrás, deja un legado de lucha por la justicia social y los derechos humanos en Honduras. De forma decidida, del Cid apoyó esfuerzos de diversos grupos que aspiran a construir una Honduras buena para todos los hondureños. Se le recuerda su involucramiento con el movimiento estudiantil de la UNAH y los campesinos del Bajo Aguán, así como su solidaridad con el golpeado pueblo cubano y el pueblo palestino.

Cuenta su hermano que antes del golpe de Estado de 2009, del Cid tenía sensibilidad, pero no un compromiso con el cambio social, pero a raíz de una misión luterana venida después del delito constitucional a dar capacitación en temas de derechos humanos, el pastor sufrió una metamorfosis que derivó en una postura permanentemente activa en pro de los que sufren injusticia, o sea, alrededor del 80 por ciento o más de la población.

Después de conocer un poco sobre la obra de un pastor que se mostró rebelde a practicar una religión como instrumento de la clase dominante para subordinar a las masas, es preciso dilucidar a partir de los hechos que lo diferenciaba del resto de líderes religiosos; para ello, es preciso remontarse a los orígenes del cristianismo. Aunque Jesús no fundó ninguna religión es inevitable considerarlo como el punto de partida de lo que después pasó a conocerse como cristianismo.

Franklin Del Cid no solo lideró una iglesia, apoyo al movimiento popular hondureño en su noche más obscura.

Al leer los evangelios, los autores nunca relatan algún vínculo de Jesús con el poder económico, poder político o religioso de su tiempo. Esto dice con exactitud de que era un ser trascendente porque a pesar de tener poderes atribuidos a la divinidad, nunca los utilizó para consolidar o profundizar la dominación romana ejercida contra su propio pueblo, como tampoco los utilizó para lograr beneficios personales.

En el siglo IV, el emperador romano Constatino declara al cristianismo religión oficial del imperio. Algunos historiadores consideran que fue una decisión política astuta para controlar a una población que respondía favorablemente ante el creciente avance de la nueva religión. Fue un momento clave para entender la institucionalización del cristianismo y cómo se va convirtiendo en una estructura de poder alejada de las enseñanzas de Jesús.

La historia demuestra abundantemente ese vínculo entre religión y el poder oligárquico de distintas épocas: Edad Media, conquista de América, y Guerra Fría. En el periodo en que se enfrentaron los Estados Unidos y la Unión Soviética, ocurre el triunfo de la Revolución Cubana. Así, ante el avance de la izquierda que era acompañada por la Teología de la Liberación, el establishment estadounidense decide que hay contratacar con una fe religiosa para dominar a los sectores que se servían de base al movimiento revolucionario.

El pastor Del Cid cargando con laminas metálicas en una brigada solidaria en Lepaterique.

Ya en el siglo XXI con la ofensiva estadounidense para conservar su hegemonía frente al avance de China y Rusia, el evangelismo se constituye como un actor fundamental. Los pastores -también sacerdotes católicos- muestran una postura abierta y clara en contra de los partidos progresistas y a favor de los partidos que representan los intereses que apuntan a la acumulación de capital. Su activismo se caracteriza por incidir en el Estado laico para tornarlo religioso y llamar al electorado a votar por los representantes de la derecha y no votar por los representantes de la izquierda; sin embargo, no cuestionan en absoluto la violación de los derechos humanos de pueblos originarios, de campesinos o sectores vulnerables. Tampoco hay una voz que exija la disminución de la desigualdad en la distribución de la riqueza o que haya apego irrestricto a la Constitución para así garantizar la alternabilidad en el poder.

Es cierto que el mensaje de Jesús no tuvo tinte político, pero su mensaje de amor debe ser un referente para que en última instancia haya una postura clara en contra de la injusticia social por parte de un líder religioso. No tener esa convicción puede conducir a convertir la religión en un instrumento ideológico de sometimiento y es a eso a lo que renunció el pastor Franklin del Cid.

Mientras algunos líderes evangélicos y católicos alineados con el poder oligárquico guardaban silencio ante la barbarie cometida por la derecha nacional e internacional, del Cid elevaba su voz de apoyo solidario a favor de los grupos afectados. Resulta curioso que los medios hegemónicos de comunicación al informar de su muerte, lo presentaron como un pastor más, uno que se dedicaba a celebrar el culto dominical; sin duda, obviaron conscientemente su trayectoria de compromiso con la justicia social. Al estar decididamente separado de la lógica de dominación del capital, del Cid marcó la diferencia y es ahí donde está la trascendencia de su obra.

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