ASFURA “CHIVO EXPIATORIO” DE SUS CREADORES: TORRE DE BABEL DEVORÓ GOBIERNO NO NACIDO

Apunta nuestro Director, que el lenguaje como comunicación encierra códigos, lo que se dice son mensajes, ocultos y obvios y, éste parece ser el castigo para Nasry Asfura, en medio de Honduras como Babel sin torre, no logrará siquiera construir bases para el “gran proyecto”, ha renunciado al presente y a luchar contra sus antiguos amigos, ahora adversarios, que lo obligan a ser juzgado hasta el 27 de enero 2030, sin que su llanto lo entendamos todos.

El discurso de seis meses de “la Racha” al mando del país, se tornó un reproche a sí mismo, rogó que lo dejen trabajar y su equipo que deje la “hueva”, pero, ¿a quién suplicó el máximo líder del país?; en el extremo, Tomás, con su propio gobierno, con su gerencia de leyes que roban las cámaras al Ejecutivo: Washington en lo suyo y como cereza, el condenado se incorporó a esta tragedia teatral.

El presidente tiene que volver a nacer para botar esa “inocencia de quinceañera” que tuvo como alcalde, quienes lo han puesto ya no quieren a su “Papi”, anótelo, son como los cerdos que al olfatear el desperdicio se abalanzan y comen entre sí por ver quien se harta más o el relato de Orwell y su rebelión, de nuevo, una rima a esta hondonada que algunos amamos como país. El culpable en el país no es el creador de la porcicultura, el fracaso lo tira a los cerdos.

Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Ante una decena de lentes apuntando exactamente al rostro del gobernante, que mantiene fija la mirada en el reloj que marca cuántos días lleva en el “Altar Q”, como dijo Cortazar: “El reloj no es un regalo, nosotros somos el regalo del reloj, por eso está aferrado a nosotros con una correa”, en verdad acelerar el tiempo puede ser el camino de huida, de escape como el doctor Strange. Esta vez, el señor regresó la mirada a las cámaras fijamente y, entre sollozos, reclamó que “trabaja día y noche, sin parar” y recordó que su tiempo expira el 27 de enero de 2030 y le dijo a sus secretarios que “dejen la hueva” y fue más allá su mensaje a otros más allá del otro lado lejano: “déjenme trabajar”, mientras, las lágrimas caían suavemente con cierta angustia que nadie entendió. Muy bello todo, pero… ¿Para quién iba dirigido el discurso y el tiempo de agua durante el partido? ¿Por qué el jefe del Estado tiene que suplicarles a sus colaboradores que trabajen? ¿A quién le decía que lo dejen trabajar? ¿Quién le vela el sueño de los días contados? ¿Está el presidente atrapado y sin salida del poder como el percepcionista “Reni”?
Y, si, por supuesto, hay conspiración en los mismos sectores que apoyaron “la Racha”, pero si pensamos como hondureños, ningún gobierno debe fracasar, al final, ellos tienen platos llenos y ocho de cada diez compatriotas, no tienen más que huir del país, suicidarse, ser violentes con la mujer o con el hombre, o morir con el discurso dominguero de pastores y curas, que también comen en puta del botín en el gobierno y en el poder tradicional de la república bananera.

El presidente Asfura, frente a su gabinete del Gobierno.

Génesis 11 cuenta que los hombres, envanecidos, decidieron levantar una torre hasta el cielo, Dios que al parecer llevaba un rato observando el proyecto con más fastidio que ira, no derribó la construcción, simplemente confundió las lenguas de los albañiles, no hizo falta más, el andamiaje siguió en pie, los ladrillos siguieron cociéndose al sol, pero nadie volvió a entenderse lo que decía el otro del partido o del lado, la obra se abandonó no porqué faltara quién se pusiera los burros para echar riata, sino por exceso de idiomas; tres mil años después, en un país centroamericano cuyo nombre oficial –no histórico– significa “profundidades”, alguien volvió a intentarlo, se llama Nasry Asfura, y su torre (la Presidencia de la República) también tiene el andamiaje completo y ningún piso terminado. El problema, otra vez, no es la falta de albañiles, es que cada una de las partes construye en su propio idioma.

Juan Hernández, condenado por narcotráfico, celebrando su retorno a Honduras.

Desde Washington llega un dialecto hecho de condicionalidades: hable de caravanas, cállese sobre China; aplauda a Israel y tal vez le dejemos seguir con la obra, y recuerde “yo lo puse y, en verdad, si cumple no me importa su hoyo de mierda”, es una lengua de trueno y orden; desde el Congreso, Tomás Zambrano habla otro idioma, el de la gerencia de las leyes que aprueban para sus grupos y benefactores y lo habla con fluidez y tranquilidad de quien también cuenta el tiempo para ocupar el espacio que de verdad quiere para hacer sus propios escalones. Y desde el fondo del corredor, casi susurro, pero audible para todos los que necesitan oírlo, reaparece la lengua antigua, la de Juan Orlando, que no volvió para pedir perdón sino para recordarle a la maquinaria territorial cuál es su acento original. “Te voy a dar una lección” o el “como quieran, quiero; como puedan, puedo, me deben favores, yo puse, yo te dí”.

El presidente del Congreso, Tomás Zambrano, participando en un Congreso del sector de Palma Africana en Honduras.

Asfura, pobre capataz, hace malabares entre tanto jefe de obra, todos se sienten presidente, todos son inteligentes menos Asfura hasta María Antonuieta que saluda sumisa al indultado sin quitar los coqueteos al cipote de los pescados de San Lorenzo, pero Asfura intenta traducir de manera simultánea esos dialectos con doble lengua, entenderlos a todos, a los empresarios de la pauta les dice una cosa; a los magnates de la energía, otra; a Washington, la versión más realista; a las bases de su partido, la versión de “entiéndanme”; sin embargo, nadie lo oye del todo, porque otros hablan y, él mismo, empieza a dudar en qué idioma piensa, en su balance de gestión no defendió resultados, lloró y entre lágrimas pidió lo único que un capataz puede pedir cuando ha perdido el control de la cuadrilla, que lo dejen trabajar en paz, frase cariñosa, si no fuera porque quien reparte los palas y los cuchillos, decide los turnos y firma los contratos no es él, sino los que están, convenientemente, un piso más arriba. Como dijo Indiano con su biblia en mano: “quien manda no es él”. Ay queridos y queridas, la política tradicional es una pasarela de vanidades y traiciones como “Miss Universo”, todas son bonitas, aunque no todas inteligentes, pero como dijo un señor, algunas en este este gobierno subieron a altos cargos porque hace mucho son bonitas y amables con los toros del partido y, aquí, todo está organizado.

El «querido» creador de contenido, Shin Fujiyama, posa feliz frente a un rótulo de la ilegal ZEDE Próspera, cuyos inversores son protegidos por EE.UU.

Pues bien, sigamos la buena senda, “Dios observó la ambición y la soberbia de los constructores”, la confusión fue el castigo perfecto para una obra que nunca debió servir a un solo dios, la torre hondureña se labra con planos de Washington y éste será solamente un gobierno de transición, si lo dejan terminar, eso es lo bueno para “el Chele”, entre más débil es el socio más fácil se le pega la patada; aquí todos los sectores se están desesperando, todos quieren sus negocios, los farmacéuticos el fideicomiso, por un lado y, la pauta jugosa multimillnaria, para sus medios de comunicación tradicionales ¡Queremos pasta abuelo, queremos feria se oye en los ataques y en los logros tapados! Por otro; la corrupta estructura del Partido Nacional quiere el control, los activistas sus panes con mostaza, todos quieren respuestas ¡Ya! La privatización de la ENEE ya está llevando demasiado tiempo, vean que la de la tierra (Ley Agroindustrial) va viento en popa. Cada uno mira su propio piso, nadie ve el conjunto, porque el conjunto no existe, existen lenguas, superpuestas, incompatibles, cada una jurando que la torre es suya.
Achicar chambas públicas, desató odio contra Asfura, se le quitaron chambas aquella vieja gritona y a los que aspiran a la guayaba ejecutiva, no nos referimos a Marlon Escoto con las pajillas ejecutivas y las manzanas verdes, naaaa, éstos quieren mudarse al Palacio Valle.

Y como en Génesis, no hará falta un rayo ni un terremoto para detener la obra, bastará con que sigan hablando cada uno lo suyo, Zambrano en el idioma de las leyes hechas para el poder obscuro del país; JOH en el idioma del “control territorial” y el dominio de una justicia flaquita y más floja que “las tóxicas”, algo así como lamina de aluzinc en medio de un huracán; Washington en el idioma de la migración y el control del Continente y, Asfura, en medio del andamiaje, hablando el único idioma que le queda, el del llanto, que hay que decirlo es universal y no es malo que lo haga cuando se sienta frustrado, pero eso no construye nada. Está acorralado por todos los que fueron sus generales ante Libre.

En la gráfica, la activista nacionalista protestando contra el Gobierno por no despedir masivamente empleados de la anterior administración para dar trabajo a los «cachurecos».

Asfura podría tener un salvavidas y siquiera tener un gobierno mediamente bueno, quitarse los funcionarios que no nombró, saber negociar con los gringos y de verdad querer hacer algo por esta población de desdentados, decirle que “no” al ambicioso sector económico del país; sin embargo para lograr una hazaña así, tendría que ser como Nicodemo y tener la entereza de confrontar y rodearse de pueblo que al final es el único que es agradecido, algo que solo Kalimán puede lograr porque no llegó de esa manera, pero las obras hablan más que las palabras, y el pueblo es el único que realmente ve un gesto genuino cuando se une a sus causas de siglos, al final, la gente que se está muriendo ya no tiene que perder y algo quisiera ganar con cada el que llega al gobierno. No sería necesario presidente, volver al vientre de la madre, pero si volver a nacer. Y este desafío significa todo o nada.

Imagen oficial de la reunión entre Donald Trump y Nasry Asfura celebrada en febrero de 2026.

Anótelo el día que le decimos desde estos borrosos teclados cansados ya de escribir con nuestra misión social, las ambiciones que lo rodean son tantas y también insaciables ¿Ha visto a los cerdos como corren a comer cuando se les llama con el “curró”? Unos se abalanzan sobre los otros sobre los desperdicios, se atragantan y se muerden entre ellos, ninguno entiende de razones o moral o espiritualidad, solo se quieren hartar todo y todo es todo, la comida, el caucho, a ellos mismos. Esa es la filosofía de los arquitectos que lo persiguen y la guerra no se llega hablando de poesía o llorando.

La torre sigue ahí, incompleta, mientras las lenguas se multiplican rumbo a las próximas elecciones y como toda Babel que se respete, terminará abandonada no por un dios vengativo, sino por la simple imposibilidad de que los mismos albañiles se pongan de acuerdo sobre a quién, en realidad, le pertenece el edificio. Todos lo reclaman, pero las obras hablan y aquí se requiere cruzar el Rubicón, si puede: ¡A trabajaaaar, pues! ¡Avanti!

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