SANDINO FUERA DE LA MONTAÑA, NO ES NADIE, LIBRE FUERA DEL PUEBLO HONDUREÑO NO ES NADIE

El proyecto de Libre nació para transformar, no para acomodarse; no se levantó para decorar estructuras viejas con discursos nuevos. Sin embargo, el ascenso inédito al poder trajo consigo una tentación antigua: creer que estar adentro es, por sí mismo, una victoria. No es solo que “Libre gobernó desde un Estado que seguía funcionando ideológicamente en su contra”; es que se hizo poco por cambiarlo, y la materia prima — la Resistencia— comenzó a sentirse espectadora de un proceso que está ayudando a construir. No se reclamaba milagros inmediatos, se esperaba coherencia con el proyecto de una Patria; no exigía perfección, exigía pertenencia. Quería ver reflejada en las decisiones la misma valentía que sostuvo en las calles. Honduras es una nación que necesita cambios estructurales, no reformas tibias.

La equivocación fundamental de la dirigencia de Libre, es creer que únicamente deben prepararse para el próximo proceso electoral, qué serán Tommy, Juan, Ana Garcia o Salvador como instrumento para robar votos y no defenderlos, no, no es así, el proyecto mediático para botar a Libre del gobierno durante 4 años, ahora mutará a la estrategia del desprestigio, del desmontaje de toda huella de refundación y libertad del pueblo hondureño ¿Ya vieron la primera “obra” de Juan Diego, borrar todo el grafiti de la reivindicación de los pueblos? ¿Ya vieron qué mataron el constitucional azul turquesa y volvió el azul simbólico de muerte y atraso?

Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Doña María entregó su vida a la labor de servir a los enfermos; nunca tuvo más que su cuerpo cansado y poco tiempo. Durante 5 décadas laburó, todos los días, entre los hijos, los buses amarillos y asaltos; servía con su vida a los demás. El sueño más grande de la anciana mujer fue una casa digna, sentir al menos que al final de su vida podía tener un lugar al que llamar “mi casa”. Más allá del ingenio tiktokero de los libertarios, abajo no se avanza por falta de “esfuerzo”, sino de oportunidades. —El pobre es pobre porque quiere —dice el “adolescente” de 30 años mientras se limpia la leche de la barba que mamá le sirvió. Llegó un día en que doña María decidió cambiar la historia: si votar por los mismos durante 50 años nunca le dio nada, entonces votaría por Libre; esa gente decía cosas que tenían sentido para ella y cambió la historia del bipartidismo de 130 años en solo 1 día. Luchó, peleó y cuando ese partido llegó al poder, escuchó a la mujer presidenta que había oportunidades para los que nunca habían tenido una casa, un mentado “proyecto de vivienda social” y así, doña María, siendo una mujer muy mayor, por primera vez, con llave en mano, materializó lo que solo había podido soñar. Eso es justamente lo que Libre es; más allá de un partido político, es la opción para la sociedad, si es que lo comprenden.

En la gráfica, «Mel» Zelaya y Jorge Cálix durante conferencia de prensa tras cerrar acuerdos luego que el entonces diputado de Libre traicionara el «Acuerdo Bicentenario», clave para ganar la elección en 2021; lo anterior, por «influencia» del Partido Nacional.

El error estratégico de la cúpula de Libre, es creer que únicamente deben prepararse para el próximo proceso electoral, qué serán Tommy, Juan o Ana Garcia sus adversarios, no, no es así, el proyecto mediático para botar a Libre del gobierno durante 4 años, ahora mutará a la estrategia del desprestigio, del desmontaje de toda huella de refundación y libertad del pueblo hondureño ¿Ya vieron la primera “obra” de Juan Diego, borrar todo el grafiti de la reivindicación de los pueblos? ¿Ya vieron qué mataron el constitucional azul turquesa y volvió el azul simbólico de muerte y atraso? Ven queridos, no es un cambio de gobierno ¿Qué están repitiendo los conspiradores y golpistas? Qué tenían miedo que Libre siguiera en el poder, que se lo quitaron y no volverá, pero esta no es la expresión de viejos atolondrados y periodistas muertos de hambre, es el programa geopolítico de hundir de nuevo al país, en la República Bananera.

Hondureños acorralados por soldados salvajes durante el golpe de Estado 2009.

Libre pagó el derecho a piso, ante un bipartidismo que gobernó 130 años, el punto de partida era una verdadera y profunda refundación, que se mirara en los platos, escuela, era no transar con el viejo orden y en el simbolismo social ¿Qué hubiese pasado si en el primer mes de gobierno, Libre hubiese levantado a sus caras más visibles de la Resistencia, como lo está haciendo el partido Nacional, llevando a puestos a los más sucios enemigos de este país?. El Partido Libertad y Refundación llegó como genuina oportunidad, pero pronto comenzó a traer esos vicios del tradicionalismo. En menos de un mes, Libre encontró tiempo para escuchar al cardenal Óscar Andrés, símbolo intacto del viejo orden moral y quién invocó ríos de sangre en 2009, mientras líderes de base —los que caminaron bajo el sol, los que defendieron urnas, las abuelas de la Resistencia, los que tragaron gas 210 días, los que sostuvieron la fe cuando todo era derrota— nunca cruzaron las puertas del nuevo poder.

Foto panoramica de una de las cientos de concentraciones del Frente Nacional de Resistencia Popular que luego formaría al Partido Libre.

El mensaje fue silencioso, pero brutal: la validación seguía viniendo de arriba, no de abajo. El movimiento que nació como expresión de los excluidos comenzó a respirar el mismo aire enrarecido de los salones que había prometido desmontar. Los que por defender la República fueron llamados vándalos, después enjuiciados y después asesinados. El poder, como siempre, ofreció un antiguo veneno: reconocimiento de quienes nunca creyeron, a cambio del olvido de quienes siempre estuvieron. ¿De qué medios fueron los periodistas premiados el primer año con el reconocimiento “Mártires de la Resistencia»? ¿No fueron los mismos funcionarios de la Refundación qué elevaron la audiencia de Televicentro llevando las exclusivas al señor de la percepción? ¿Por qué no fueron a los medios que llamaron al golpe por su nombre “Dictadura” y «Golpe de Estado”? Mientras tanto, las instituciones claves del gobierno continuaron inundadas de furibundos activistas del partido Nacional.

Evelio Reyes y el Cardenal Rodríguez nos dejaron en visto, pero el «pastor» personal de JOH, Roy Santos se ofreció a llevarles el Marvin.

Y en ese intercambio, comenzó la fractura invisible. Se pagó a los medios tradicionales con la esperanza ingenua de comprar «lealtad” al proyecto social, se continuó engordando las bolsas de la misma bestia: la prensa tradicional, Libre no deja en pie ningún medio de comunicación afín a la lucha social; Libre no entendió que esos mismos aparatos ideológicos y políticos habían sido arquitectos del desprestigio histórico. Se fortalecieron estructuras vinculadas al Partido Liberal y al Partido Nacional, bajo la ilusión de gobernabilidad, mientras la propia militancia aprendía a esperar, callar, mirar desde afuera lo que había ayudado a construir. El poder dejó de ser herramienta y se convirtió en espacio confort: un lugar al que se entra, pero del que ya no se regresa siendo el mismo. El ego reemplazó la calle. La cercanía con los de siempre, con los eternos maquinadores opuestos a la felicidad del pueblo, los creyeron amigos, eso sustituyó el compromiso con la “Resistencia” y la gente de las calles, que es el alma de Libre. Y así, sin un solo disparo, sin un solo decreto visible, comenzó la verdadera derrota: el día en que el proyecto dejó de pertenecer a su gente y empezó a complacer al poder. Aunque en discurso sonara distinto. En privado se siguió hablando con los verdaderos opositores de una nueva Honduras.

Personal forense carga con el cuerpo de Pedro Magdiel, joven torturado y brutalmente asesinado en julio 2009, en el marco de miles de crímenes de lesa humanidad producto del golpe de Estado.

El mundo cambia y con él la forma de hacer política. En este nuevo orden que avanza por el planeta, son los partidos como Libre los que tendrán cabida. Este partido no es una opción, es la única para el desarrollo de la nación, nacido de las calles, no desde las élites, pero como dice Enigma, “return to innocence”, se deberá, como las serpientes, cambiar de piel totalmente, votar las viejas estructuras mentales que aún acechan al partido, dejar la romancería de que el poder los invita a cenar y no es una “boda roja”, dejar de llamar amigos a quienes el pueblo no identifica como propios. Entender que el Partido Liberal ha muerto y el Nacional lo absorbió para seguir subsistiendo, con tiempo prestado y “X” desde la Casa Blanca; ¿recuerdan? “No somos 5, no somos 100, prensa vendida, cuéntenos bien”; empero, desfilaban los funcionarios esperando la llamada del productor de TVC y Opsa y no paraban las llamadas de los Canahuati, Villeda y Flores cobrando facturas multimillonarias. Al final, por más que se le dio al mago, siguió en su “Torre” con su consejera. Y así cayó el telón, entre condiciones, desconfianzas, egos y peleas internas. Sí es cierto, uno de los mayores problemas de Libre fue no poder comunicar, pero nadie lo hizo.

La presidenta Xiomara Castro, siendo abrazada por una hondureña durante la inauguración de un proyecto.

La derrota no ocurrió el día de la elección. Ocurrió antes, mucho antes, en el terreno invisible donde se decide la fe. Ocurrió cuando la base comenzó a sentirse aislada de su propio partido. Cuando los que resistieron gases, persecución y burla mediática empezaron a notar que el acceso al poder no era para ellos, sino para los mismos apellidos en nuevos discursos. La política dejó de ser pertenencia y se convirtió en administración. Y el pueblo, que puede perdonar la pobreza, pero no la traición emocional, empezó a retirarse en silencio. No hubo ruptura estruendosa, sino algo más letal: indiferencia. El militante dejó de defender con la misma pasión, el simpatizante dejó de convencer, el ciudadano dejó de creer. No porque el proyecto hubiera muerto, sino porque dejó de sentirse suyo. El poder tiene esa capacidad, no necesita destruirte, basta con separarte de lo que te dio origen. Libre no fue derrotado únicamente por sus adversarios, sino por esa distancia creciente entre lo que prometió ser y lo que empezó a parecer. Las palabras de Froylan Turcios para Sandino, son las mismas para Libre «Sandino fuera de la montaña no es nadie», Libre fuera del pueblo no es nadie.

El director fundador de EL LIBERTADOR, recibe el reconocimiento «Pedro Magdiel» a manos de la presidenta Xiomara Castro. La entrega fue en 2023, en el marco de los 20 años de este periódico.

Sin embargo, la historia no terminó. Libre no es un edificio, es una anomalía en el sistema tradicional como EL LIBERTADOR en el periodismo tradicional. Es la grieta que demostró que el poder no era genético ni hereditario. La casa de doña María sigue allí, desafiando la narrativa de que nada cambia. Esa llave existe, pesa, abre. Los partidos tradicionales sobreviven porque nunca intentaron ser otra cosa. Libre, en cambio, carga con el peso de representar una esperanza real de cambio del pasado, por el presente y esa es su condena y su única posibilidad. Si aprende que su fuerza no está en los salones sino en la calle, si entiende que el reconocimiento que importa no es el de las élites sino el de los olvidados, entonces la derrota será apenas un episodio. Pero si insiste en parecerse a aquello que prometió reemplazar, entonces no será derrotado por sus enemigos, sino por algo peor: convertirse en uno de ellos.

Libre volverá al poder en 2030 si su cúpula bota los viejos egos, si reactiva el pacto social con la Resistencia, si recuerda que Libre solo es el brazo electoral de un pueblo harto del atraso, cansado de la miseria y aburrido de esta sociedad que mata. Hace 16 años este pueblo entendía y deseaba saltar al escenario político de las armas, pero esa parte tradicional y negociadora con el viejo poder orientó las calles hacia las urnas, Libre no puede volver a fallarle a ese pueblo que ya no tiene nada que perder. Avanti.

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