¡MALDONADO PRESIDENTE! O LAS VIEJAS CADENAS AZULES Y EL FANTASMA DE SAN JUANCITO

El 2029 suena lejano, pero no para la casta política que ya está en campaña, mientras Ana y Cossette afinan su “magia negra”, el san Juancito va montando, Tomás ya le robó eslogan al “Tigre de la Espriella”, Libre que vuelve a la misma fórmula sin representantes en órganos electorales y allí, casi inadvertido, el cáliz de fuego de Potter saca el nombre de un Eduardo Maldonado, hablando como habla, en paz con el partido de “izquierda”.

«El Tigre» Zambrano sabe lo que Marco Aurelio Soto entendía en el siglo XIX: que la ideología es un estorbo cuando se trata de sobrevivir, para la “estrella de la muerte” es una nueva amenaza un “Maldonadismo” con fuerza popular, porque sumando sus malas gestiones y caudillismo de Gracias, la derrota es inminente. Descanse en paz Ramón Rosa.

Pero cuidado con los paralelismos, un jefe de Estado de otra bandera nombró a Soto y éste, según historiadores, fundó la corrupción como sistema en Hibueras, no solo eso, sentó las bases de abuso de mineras y el inicio del enclave bananero; es decir, tomó un país en crisis y lo empeoró ¿Ya lo captó? Y como los traidores murió en París.

Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. El problema de los puristas en los cafés es su sectarismo en el cerebro, la plaga que se harta el estómago y secuestra la mente, olvidan que el poder real en este país nunca se ha cocinado en las urnas, sino en los pactos secretos, el pragmatismo absoluto y la bendición del extranjero, una receta que el doctor Marco Aurelio Soto patentó con maestría allá por 1876; aparece la figura del zar de la televisión hondureña, Eduardo Maldonado, mientras Libre lo ve de reojo. ¡Ironías!

El dueño de HCH (Hable Como Habla), Eduardo Maldonado, saluda a la entonces presidenta Xiomara Castro.

Es 28 de enero de 2030 y HCH reporta desde la tribuna que Eduardo Maldonado es el nuevo presidente de Honduras, un hombre que aparentemente es inocuo, ni derecha o izquierda, con buenas relaciones con el poder y ningún problema para seguir lineamientos de potencias extranjeras; Marco Aurelio Soto tomó la presidencia en Honduras de una forma similar, Honduras entonces estaba sumergida en una profunda crisis e inestabilidad interna por los gobiernos conservadores, que dejó un país empobrecido y dividido. ¿Les suena conocido el escenario? Por si no lo recuerda, luego vinieron las bananeras a “imponer” orden, primero para salvar sus mínimos de la guerra civil, y luego controlar todo el país.

El entonces presidente del Congreso Juan Hernández, dialogando con Maldonado en 2013.

Quienes ven una «alianza antinatural» entre el silencio calculador de Libre y el emporio de HCH sufren de una severa amnesia histórica, los hilos de este romance político no son nuevos; se tejieron mucho antes del fatídico golpe de Estado de 2009, en aquellos días de fervor y «Cuarta Urna», don Eduardo no era un espectador, sino el más fiel escudero del Gobierno de Manuel Zelaya Rosales, un aparente Sancho con ambiciones de Don Quijote, apoyó el proyecto con el pecho abierto, conformó mesas patrióticas y cuando sacaron a Mel en pijama, el comunicador del “pueblo” terminó buscando amparo, irónicamente, en la embajada de los Estados Unidos, ese viejo matrimonio por conveniencia entre el zelayismo y el gigante de los medios, nunca se divorció; solo entró en una fase de «mutuo respeto corporativo», hoy, ante la cacería de los azules contra Libre, ese silencio… no es inacción, es ebullición interna.

En la gráfica, Tomás Zambrano junto a Nasry Asfura en campaña electoral, hoy presidente del Congreso y presidente de Honduras.

Pero en este festín de la realpolitik de las Repúblicas Bananeras, las sillas están calculadas para todos los comensales, desde el Congreso Nacional, Tomás «El Tigre» Zambrano observa el panorama con el colmillo retorcido siguiendo las enseñanzas de su “lord oscuro”, el indómito, domidadl, Juan Hernández. «El Tigre» sabe lo que Soto entendía en el siglo XIX: que la ideología es un estorbo cuando se trata de sobrevivir, para el nacionalismo huérfano de su caudillo de Gracias, un gobierno del «Maldonadismo» es una amenaza nueva, ya de por sí la mala gestión de su gobierno es un peligro para sus ambiciones, que el exprivado de libertad aparezca haciendo fiestas y ahora que Maldonado aspire a la presidencia, es un mal escenario y quizá la bukelización quede en segundo plano para el hondureño, tendrá que encontrar su lugar en este zoológico el “Tigre”; Soto pudo gobernar uniendo a liberales reformistas y conservadores dóciles bajo un solo presupuesto.

Fotografía de Marco Aurelio Soto, presidente que, según historiadores hondureños, inauguró los escándalos de corrupción y sentó las bases del enclave bananero.

El paralelismo es oro, sin embargo, el pacto no se va a firmar en Tegucigalpa, sino en el extranjero; a Marco Aurelio Soto no lo sentó en la silla el fervor popular, sino el dictador guatemalteco Justo Rufino Barrios y el beneplácito de los financistas de Nueva York, a quienes les entregó el subsuelo del país a cambio de sostener su «Reforma», un eventual gobierno de Maldonado operaría bajo la misma estricta obediencia, Detrás de los discursos folclóricos de soberanía y los enlaces en vivo desde el interior del país, el guion principal se seguiría dictando desde las embajadas y los organismos multilaterales, cambiemos la legendaria Rosario Mining Company de San Juancito por exenciones fiscales modernas y las corporaciones transnacionales; mismo resultado: territorio concesionado, recursos entregados, los intereses internacionales blindados y represión campesina e indígena mientras el pueblo se entretiene viendo disputas vecinales en pantalla dividida.

En la gráfica Ana Paola Hall hace comentarios a la presidenta del CNE, Cossette López (Partido Nacional), quienes se negaron a contar e impugnar actas que avalaban el triunfo del Partido Liberal, según denuncias del tercer consejero electoral, Marlon Ochoa.

Autores e investigadores como el Doctor Carlos Elvir Aceituno en “El laberinto dorado”, señalan a Soto como el primer presidente hondureño involucrado en un esquema estructural de corrupción y negocios privados desde el poder y desde entonces ese laberinto nunca encontró su fin, solo la infinita expansión; los liberales no han vuelto a ver el Altar Q en 20 años (para cuando termine este periodo nacionalista) y cuando más cerca estuvieron, se acomodaron y traicionaron no a su presidente, a su pueblo que todavía no olvida los muertos de la guerra civil de 1924. Y el niño Tonka, sigue reclamando que él era el presidente y el pueblo le recuerda, levantá la cadena de Alauca. Y el Tonka murió.

La historia nos recuerda que Soto terminó sus días en el exilio en París, distanciado de sus titiriteros y cargando con el peso de los escándalos de corrupción minera, pero mientras duró la función, ¡vaya que supo montar el espectáculo! Si Eduardo Maldonado decide finalmente dar el salto definitivo, la pauta ya está servida: Libre pondrá la estrategia y las bases, Zambrano y el nacionalismo cuidarán la retaguardia desde el poder judicial, los grupos de poder tendrán los negocios asegurados y Washington pondrá las directrices y el hondureño común seguirá llamando al canal, donde la noticia es primero, esperando que el próximo presidente le regale un ataúd o le pavimente la calle en el bloque de las noticias de última hora. Avanti.

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