GUERRA Y FÚTBOL: ¿SE JUGARÁ LA COPA MUNDIAL DE FÚTBOL 2026?

Rusia duda; EE.UU. sin control, advierte a selección que por su seguridad no vaya al Mundial; Canadá calla y México suaviza hacia el exterior las balaceras del crimen organizado y cuerpos del Estado. Mientras, Infantino —en silencio— mira cómo Trump destroza el Código de Ética de la FIFA, entre otros, no discriminación e igualdad, integridad y transparencia, juego limpio y respeto a la dignidad humana.

Al tiempo que en el Medio Oriente acontece un conflicto que muchos temen pueda escalar a Tercera Guerra Mundial, en Occidente se prepara la Copa Mundial de la FIFA 2026. Curiosamente, el principal actor del conflicto bélico, Donald Trump, organiza en su país el torneo más importante del fútbol y le llueven críticas por no promover un evento cultural, sino actos de racismo que la FIFA dice condenar, pero que, en la práctica, parece ignorar, incluso otorgándole “premio de paz”.

Redacción Central / EL LIBERTADOR

Tegucigalpa. «La selección nacional de fútbol de Irán es bienvenida al Mundial, pero realmente no creo que sea apropiado que estén allí, por su propia seguridad», escribió este jueves en la red “Truth Social”, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La Copa del Mundo 2026 se disputará en México, Canadá y Estados Unidos desde el próximo 11 de junio. El equipo iraní debía jugar sus tres partidos en EE. UU.; el 15 y el 21 de junio, en Los Ángeles contra Nueva Zelanda y Bélgica, respectivamente y, el 26 de junio ante Egipto, en Seattle.

Las acciones de Trump, de exterminio humano y sacar del torneo a un país que clasificó oficialmente, rompen los principios éticos sagrados y de fundación de la FIFA (acrónimo de Fédération Internationale de Football Association, el nombre original está en francés debido a que se fundó en París en 1904 y gobierna las federaciones de fútbol en todo el planeta. Su sede principal está en Zúrich, Suiza).

El Mundial de Fútbol nunca ha sido únicamente un espectáculo deportivo; es también un escenario geopolítico, un espejo del momento histórico que atraviesa el mundo. Esta edición 2026 no es la excepción, solo que ahora, como raras veces en la historia, este evento de enorme envergadura económica y de masas fanáticas está envuelto en más tensiones que, incluso, desembocan en esta interrogante: ¿Habrá mundial?

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, entregó el “Premio de la Paz” de la FIFA al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 5 de diciembre de 2025, en Washington D.C.

CREADOR DE CAOS

El escenario se tornó aún más complejo e incierto con la tensión internacional, a finales de febrero del presente año, derivada de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán (antiguo Imperio persa), en la que Washington ha actuado como actor principal de la tragedia; este involucramiento condujo a una escalada de violencia en el mundo árabe y persa con altísimo costo en bajas militares y pérdida de tecnología bélica, lo que ha llevado a EE. UU. a reforzar la alerta en sus bases militares alrededor del mundo, incluida la de Palmerola, ubicada en el departamento de Comayagua, Honduras.

En este contexto, si el Mundial de fútbol se llega a desarrollar, no solo será una fiesta de goles y banderas, además, será un evento bajo sombras de inestabilidad geopolítica. Trump busca legitimar su postura en política internacional de guerras y aranceles usando figuras deportivas destacadas, muy lejos del carácter popular de Maradona, como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo; en México la presidenta Claudia Sheinbaum trabaja por suavizar la imagen de violencia del país azteca y busca demostrar que puede recibir encuentros mundialistas, a la par que enfrenta –igual que Canadá— tensiones diplomáticas con su compañero de sede Estados Unidos.

La presencia de Messi junto a Donald Trump generó rechazo hacia el jugador argentino en todo el mundo, al percibirse como un aval de los discursos del mandatario estadounidense, nada que ver con su compatriota Maradona.

DEPORTE EN PAUSA

El 28 de febrero de 2026, día en que Israel y Estados Unidos atacaron a Irán y se produjo la respuesta iraní y de la red militar de Hezbolá en Líbano y hutíes en Irak, se reavivó un conflicto de siglos entre estas naciones y una reacción militar de los persas inesperada para los analistas de guerra en Washington y Tel Aviv. Según ellos, este episodio podría ser apenas el preludio de una crisis mayor que algunos ya describen como el posible inicio de una tercera guerra mundial.

Desde entonces, las consecuencias han comenzado a sentirse en distintos ámbitos: político, diplomático, económico y también deportivo. Fue precisamente Irán el primer país cuya federación nacional de fútbol anunció que sería poco probable su participación en la Copa Mundial de la FIFA 2026, torneo que se celebrará principalmente en EE. UU.; del total de los 104 juegos, FIFA le otorgó 78, en tanto, a México y Canadá les concedió la misma cantidad y albergarán 13 encuentros.

FIFA ESTÁ MUDA

A la determinación de Irán se sumaron rápidamente varias ligas del Medio Oriente que anunciaron la suspensión temporal de sus campeonatos nacionales, entre ellas las de Irán, Bahréin, Kuwait, Irak, Líbano y Qatar, que llegó a la decisión de cancelar la “Finalissima”, donde se enfrentarían las selecciones de Argentina y España, prevista para disputarse en marzo de este año, debido al riesgo militar y al cierre del espacio aéreo en la región.

El impacto no se limitó al fútbol. En el tenis, el ATP 500 de Dubái 2026 también sufrió interrupciones, mientras que en Teherán un estadio utilizado para deportes como el voleibol, entre otras disciplinas, fue destruido en medio de la escalada de tensiones y misiles que también cegaron la vida de 165 niñas.

La presidenta de México, Claudia Sheuban, declaró que no fue invitada a la Cumbre de las Américas.

Este ambiente hostil ha puesto en duda la realización de otros eventos deportivos programados en el Medio Oriente, como carreras de Fórmula 1, el campeonato de MotoGP en países del Golfo y diversas competiciones internacionales de ciclismo, todos a la espera de la postura definitiva de los organizadores.

Ante la incertidumbre, varios deportistas han optado por abandonar temporalmente los países considerados de riesgo. Entre ellos se mencionó al astro portugués Cristiano Ronaldo, estrella del Al-Nassr FC de Arabia Saudí. Algunos medios informaron que el delantero habría salido de manera preventiva en su jet con destino a Madrid; sin embargo, otras versiones indican que se trató de una ausencia breve y que el jugador ya se encontraría nuevamente en territorio árabe entrenando con su equipo. FIFA calla.

RACISMO Y CACERÍA

Pero las dudas sobre el desarrollo del Mundial de Fútbol 2026 no surgieron únicamente a raíz del reciente conflicto bélico en Medio Oriente. Mucho antes ya existían interrogantes sobre el éxito del torneo por las políticas y declaraciones racistas del presidente estadounidense Donald Trump, una práctica que contrasta con los valores que promueve la FIFA.

Las muestras de xenofobia de Trump no comenzaron durante su actual periodo de gobierno. Sus posturas ya habían generado controversia desde su primera campaña presidencial en 2015, cuando sus declaraciones hacia la comunidad latina y otros países provocaron fuertes críticas, llegando incluso a referirse a algunas naciones como “países de mierda”.

Hoy, ese discurso se ha endurecido e incluido más países; para el caso, en enero del presente año, el mandatario anunció una lista de 75 países —entre ellos varios de Europa, Asia, África y Medio Oriente— cuyos ciudadanos enfrentarían la suspensión del trámite de visado para ingresar a Estados Unidos.

Cristiano Ronaldo aún no ha confirmado su participación en el partido amistoso entre la selección de México y Portugal, programado para el próximo 28 de marzo. Oficialmente, su posible ausencia se atribuye a una lesión; sin embargo, se considera que la ola de violencia que atraviesa el país azteca podría ser otro de los motivos por los que el jugador no viajaría.

Estas medidas colocan en entredicho el espíritu que tradicionalmente acompaña a una Copa del Mundo, porque históricamente ha sido un espacio de encuentro entre culturas, una celebración global donde el fútbol sirve como puente entre pueblos y naciones.
No es casualidad que futbolistas de talla internacional, como Vinícius Júnior y Kylian Mbappé, hayan alzado su voz en distintas ocasiones para exigir sanciones firmes contra cualquier forma de discriminación dentro y fuera de las canchas.

Ante este panorama surge una pregunta inevitable: ¿cómo garantizar ese espíritu de inclusión y respeto que el fútbol proclama, cuando el principal anfitrión del torneo está gobernado por una figura que promueve discursos divisivos y de odio?

“SÍMBOLO DE PAZ”

Y es que parece que la FIFA es la única que no se percata de los discursos y acciones que promueve Trump y, por el contrario, lo presenta como un símbolo de la paz mundial. Esta percepción quedó en evidencia el 5 de diciembre de 2025, cuando, en el marco del sorteo de los grupos del Mundial, se creó también el Premio de la Paz de la FIFA, cuya primera edición tuvo como ganador al propio Trump.

El galardón fue entregado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien justificó la distinción al señalar que el mandatario estadounidense es un promotor de la paz, de los esfuerzos diplomáticos y de las mediaciones internacionales.

Para muchos, sin embargo, la escena resultó difícil de interpretar sin cierto tono de sarcasmo. Trump, por su parte, afirmó que recibir el reconocimiento era un honor, pues —según dijo— su misión es salvar vidas y promover la paz.

POBRE MESSI

En medio de la guerra patrocinada por Estados Unidos y a menos de cien días de la Copa Mundial de Fútbol, Trump ha buscado legitimar sus acciones recurriendo al deporte y algunos presidentes de América Latina a quienes históricamente ha tratado como su “patio trasero”. El 5 de marzo, apenas cinco días después de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, Trump invitó al Inter de Miami, campeón de la MLS, a la Casa Blanca. Aunque es tradición recibir al equipo ganador, sorprendió la premura de la invitación, como si buscara transmitir al mundo una imagen de calma absoluta.

La figura que más llamó la atención fue la de Messi, como si su presencia sirviera para avalar ante la opinión pública internacional las acciones del mandatario. Durante su discurso, Trump abordó tanto temas deportivos como políticos, refiriéndose al conflicto con Irán e incluso mencionando a Cuba, señalando que posiblemente se había llegado a un acuerdo. Todo esto con Messi detrás, un símbolo visual de respaldo a palabras que, en realidad, el astro no comprendía, ya que se pronunciaron en inglés, idioma que, según él mismo declaró recientemente, no domina.

La imagen de Messi detrás de Trump no pasó desapercibida. Pronto se volvió viral, incluso llegando a Irán, donde se difundieron vídeos de niños quemando camisetas con el número 10 del astro argentino. Lo que para el Inter de Miami fue una visita protocolaria, Trump supo convertirlo en una herramienta de proyección política.

Y solo dos días después, el 7 de marzo, Trump encabezó la cumbre de presidentes de América Latina, convocando únicamente a países de derecha, entre ellos Honduras, bajo el gobierno de Nasry Asfura, impuesto por el propio mandatario estadounidense.

Aquellos países ya no eran su “patio trasero” ni los “países de mierda” que él ha llegado a calificar; esta vez fueron la carta diplomática con la que buscó mostrar que no estaba solo en el mundo. Como era de esperar, tampoco dejó de menospreciar, mencionando entre otras cosas que no tenía interés en aprender “su maldito idioma”, refiriéndose al español.

Shakira concluyó su gira “Las Mujeres Ya No Lloran” con un concierto gratuito en el Zócalo de México, logrando un récord de asistencia estimada en 400 mil personas.

HOTELES GOLPEADOS

La violencia en México ha comenzado a generar dudas sobre la realización de algunos encuentros deportivos. Uno de los más próximos es el partido amistoso entre la selección de México y la de Portugal, previsto para el 28 de marzo. El partido forma parte de los actos de inauguración tras la remodelación del emblemático Estadio Azteca, recinto histórico situado en la Ciudad de México y que ha sido sede de tres Copas del Mundo.

Las tensiones aumentaron después de la ola de violencia que siguió al asesinato, el 22 de febrero de 2026, de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho” y señalado como líder del “Cártel Jalisco Nueva Generación”. Este hecho intensificó el clima de incertidumbre sobre la seguridad en varias ciudades del país, especialmente en Guadalajara, donde están programados algunos partidos.

La Federación Portuguesa de Fútbol no ha anunciado oficialmente la cancelación del partido, pero permanece atenta a la evolución de la crisis y a las medidas de seguridad adoptadas por las autoridades mexicanas. En medio de estas especulaciones, también se ha señalado la posible ausencia del capitán de la selección portuguesa, Cristiano Ronaldo, quien no participará debido a una supuesta lesión física.

A estas dudas se suma otra noticia que ha generado comentarios en el ámbito deportivo: la cancelación de aproximadamente 800 reservas hoteleras vinculadas a la FIFA en ciudades como Guadalajara. Aunque las razones oficiales no han sido comunicadas, diversas fuentes apuntan a que podría tratarse de ajustes logísticos relacionados con la organización del torneo.

En medio de este panorama, la presidenta Sheinbaum ha buscado proyectar una imagen positiva del país. Un ejemplo fue el multitudinario concierto ofrecido el 1 de marzo por la artista colombiana Shakira en el Zócalo de la Ciudad de México, patrocinado por el gobierno mexicano y con apoyo de marcas privadas, que reunió a más de 400 mil personas. El espectáculo no solo se convirtió en acontecimiento cultural histórico, también marcó récords de audiencia y asistencia, enviando un mensaje de vitalidad y seguridad de México ante el mundo.

SILENCIO DE INFANTINO

El mundo observa con preocupación un conflicto que muchos temen pueda escalar hasta convertirse en una tercera guerra mundial, y el evento sea cancelado como en 1941 y 1946 por la Segunda Guerra Mundial. La FIFA mantiene un silencio cómplice y molesto. Hasta ahora, lo único que ha anunciado es el éxito en la venta de boletos.

No se han mencionado retrasos ni posibles aplazamientos del evento deportivo, tampoco del racismo trumpista y la cruel cacería de inmigrantes que llenarían estadios.

Se percibe cierto rezago en la promoción del torneo en comparación con ediciones anteriores. Elementos tradicionales que suelen avivar la pasión mundialista —como la presentación de la canción oficial, la mascota y otros símbolos del campeonato— aún no han tenido la promoción mediática habitual, lo que contrasta con la intensa campaña que normalmente precede a una Copa del Mundo y que contribuye a encender la fiebre futbolística en todo el planeta. ¿Habrá Mundial? Quizá sí, no será igual, pero habrá luto, soberbia y miedo. Y los perdedores serán el deporte y la cara de prestigio de la FIFA.

 

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