La miseria material es dura Juancito, sin embargo, se puede ganar el mundo y perder el alma, y ambos a la vez. ¿Sabés? Es terrible cómo habiendo nacido en pobreza terminaste dañando a tantos pobres, desperdiciaste la gran oportunidad de provocar cambios en las raíces donde creciste y, ésa, no volverá. Y, Juan, eso nos invita a esta meditación como pueblo, porque el costo que ya pagamos es altísimo y esto durará por décadas, hoy sólo sentimos el eco del desastre. (Gráfica, casa donde nació Juan Hernández, en una aldea jurisdicción de Gracias, Lempira).
¿Imaginás Juan cuánto pudiste hacer por tu pueblo y por tu ego? Tu nombre sería aclamado en cada calle, avenida, parque y pláticas de señores; pudiste ser tanto, pero eres polvo al viento. ¿Sabés con qué se asociará tu nombre cuando se mencione en libros o en conversaciones de generación en generación en la historia de Honduras?
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Justamente ese es el problema de la miseria: haber creado una enorme favela llamada Honduras, donde un hombre o mujer se vende por un pedazo de pan duro o sobrante, y otros por vivir en zonas exclusivas, bueno, mientras no los piden de allá del norte; un lugar donde el contraste entre quienes van a su trabajo en helicóptero y quienes ven a su padre morir en el viejo catre del barracón es estúpidamente exagerado, humillantemente atroz, ese momento donde los campesinos no tienen tierras, los niños no tienen clases por falta de Internet, los maestros tiza y los médicos medicinas (de sueldos dignos ni hablemos), ahí, mis amigos, se gesta algo, y en el vientre de esa tierra áspera nacerá lo peor, entonces así y sólo así, el corrupto llega a los más altos puestos de la nación, los pencos y pencas se imponen al genio, al íntegro, y el derrumbe de la sociedad es inevitable… Ahí es donde crecen y se desarrollan los Juan como profecía de algún oráculo montuno, seres que traerán a su derecha destrucción, quiebre económico y calamidad y a su izquierda: la muerte. (De aquí en más, mentalmente inserte el sonido del teclado o mejor, de una antigua máquina de escribir porque el reclamo es por nosotros y nuestros antepasados, y el humo del cigarro es el telón para esta carta).
Querido Juan: Estoy totalmente convencido de que no sos un mal ser humano, sino el mejor producto acumulado de una clase política en decadencia, que de la mano de cúpulas militares, iglesias, empresarios sólo de nombre y extranjeros con aires de dioses, dieron un golpe de Estado y de esas entrañas nació tu oportunidad y la de tus socios, una que abrazaste fuerte como un hambriento se aferra al plato de comida, enterrando las uñas en la silla presidencial para que el sueño no desaparezca, para nunca más ser pobre, subirse a un avión o a un auto para no volverte a subir a un bus polvoriento, nunca volver a ser invisible o ver al político tradicional subido en un caballo y desear ser ese jinete y el dueño del bello animal. La miseria material es dura Juancito, sin embargo, el verdadero daño es el moral y espiritual.
La primera impresión tuya me la dio un empresario (amigo tuyo, por cierto, en ese momento, en ese momento…): –“Juan no es como Pepe, este indito es duro, resentido, le encantan los militares y detesta a los árabes, es muy inteligente” –. Desde esa óptica, a través de uno de tus ex amigos que hoy te detesta, se adelantaban varios complejos de inferioridad y una obvia y peligrosa ambición para una nación, pues si esas lacras morales se quedaran en el barrio no pasarías de ser el vecino que todos detestan y nadie trata, pero en el aparato estatal se ha convertido en un problema de nueve millones de ciudadanos, una carga pesada para todos y para vos mismo.
Viajemos en la máquina del tiempo, cuando eras un niño allá en una de las regiones más olvidadas por los políticos, donde para sobrevivir a las varias y enormes penurias las oportunidades son el campo seco, el corte de café o los batallones de militares; claro, esas son las oportunidades que tienen los hijos de los pobres, porque las familias de renombre y tradición envían a sus hijos a las capitales o simplemente estudian en otro país. ¿Sabés? Eso es terrible, pues al final siendo pobre económicamente terminaste dañando a tantos pobres, realmente es una lástima cómo desperdiciaste una gran oportunidad de generar cambios en las raíces donde creciste, gente como Ricardo o Elvin que los bañaban con agua pura en la exclusiva Americana y eran los delfines del poder quedaron a tu merced, humillados y hasta los hiciste tus sirvientes, ¿imaginás Juan cuánto pudiste hacer! Tu nombre sería aclamado en cada calle, avenida, parque, serías admirado en conversación de señores, pudiste ser tanto, pero te disolviste como polvo en el aire, nada. Caíste del cielo como pájaro muerto, por eso pasás cada vez más callado, tu palabra no vale.
A esta hora, los mejores elixires están sobre la barra de tu bar privado, te parás con dificultad, tres cubos de hielo sobre el vaso y ya no existe el tiempo para vos, sos una paradoja que camina, es muy temprano o muy tarde para un trago, ¿quién puede saberlo? Y recordás, quizá, con cierta melancolía aquel viaje a los Estados Unidos, había algo agradable, sonreías a pesar de la pobreza, las dificultades, de quitarle fiado a la doña en la pulpería, imagino todo el esfuerzo, los ahorros, con tu bigote desaliñado y Anita al lado, con su suéter amarrado a la cintura para ocultar los primeros agujeros –pero había ese amor de ilusiones—, como cualquier estudiante de colegio público, no hay joyas, ni maquillajes caros, ni guardaespaldas, ni hoteles, pero… ¿hoy sonreís? ¿Y ella, aún se cruza el suéter sólo para soñar en el amor?
Verás, nunca creí que fueras inteligente, sino más bien un Sísifo moderno, lograste engañar, mentir, traicionaste y hasta de los dioses te burlaste, pero eso no dura para siempre y siempre hay un castigo, después de mucho andar el rey Sísifo sabía que no podía escapar de Tánatos (dios de la muerte) y Hades tendría su venganza, cargar una roca hasta la cima de una montaña, pero cuando estaría próximo a llegar la obligación era muy pesada y debía volver a empezar. Juan, así es el poder, una cima y no importa cuánto caminés, volverá a caer porque el poder no es tuyo, no es de nadie. Si Albert Camus te observara hoy, con ese brillo apagado en la vista, sabría que su mito tenía razón y que todas tus ideas de poder y autoridad, sólo fueron conceptos absurdos e inútiles en tu vida, simple ingenuidad, inocencia de niño graciano frente a la certeza de la muerte.
Los hombres como vos mueren dos veces, espiritual y físicamente, la primera ya se cumplió y la segunda va en un proceso invariable, hoy el insoportable Tic tac te aterra tanto como el cocodrilo Tic Tac al capitán Garfio, de alguna manera, ese pirata sabía al escuchar ese imparable y endemoniado sonido que era el representante del tiempo y de que el fin lo acechaba; oíme ¿de qué sirvió acumular tanto? Tenés 20 carros, pero sólo podés usar uno, miles de cuentas, pero ya no podés comprar nada o se gastará en abogados, en juicios y en alguna ciudad modelo, donde te podrían acoger diez casas, pero sólo en una podés habitar. ¿Cuál es la mejor comida cuando no se tiene hambre? No culpes a la comida cuando no sientas hambre, dice un pensamiento chino ¿Cuál es la mejor cama cuando no se puede dormir? ¿Cuál es el mejor viaje, sino se tiene paz? No, compañero, usted, no es inteligente, sólo el ladrón de buena suerte, pero eso hasta aquí llegó. ¿Construirá la sabiduría su final en angustia y usará su casa para hospedar a la pelea y a la maldad?
Hermano de una hermana que no se volverá a ver, hermano de un hermano que nunca volverá a ver la luz, familia confrontada, rencores que vivirán para siempre en los huesos de los lastimados, primos que no se tratan, concuñas que no se pueden ver ¿eso es ser inteligente? Mi amigo Fernando pide en las esquinas, pero ya vieras qué feliz grita cuando se come un pan, cómo guarda con recelo un solo reportaje que se le ha hecho en su vida y se lo dio EL LIBERTADOR, por eso desde tu eslogan estabas mal “Vida mejor”, ¿mejor que quién o para quién? Desde ahí parte un problema del alma: estás compitiendo, un sabio hubiera dicho “Vivir bien” (en armonía con los demás, no vivir de los demás ni en mejor condición que ellos) y no sé, compañero, ahí te dejo una pista para que hallés la diferencia entre uno y otro. Como dijo el Barón de Holbach: “El poder absoluto fue y será siempre la causa de las decadencias de los pueblos, que tarde o temprano llegan a padecer los mismos reyes”.
No estoy alegre mientras escribo esta carta para vos Juan, para nada, como pueblo nos dejás muchos daños, durarán décadas, apenas sentimos los ecos del desastre, tu fracaso, tu mala cabeza, nos ha hecho pedazos como sociedad, tanto así, que cualquier extranjero nos dice país pobre y muchos aquí lo ven normal, lo admiten con orgullo y lo repiten sin pena, no somos pobres, pero si hemos tenido gobiernos pobres como el tuyo.- Tampoco quiero darte cátedra de historia, pero no tenés excusa, fuiste a la universidad, que lástima que no te cruzaste con la biografía de María Teresa I de Austria, tal vez hubieras aprendido la lección histórica de esa reina todopedorosa que gobernó media Europa y murió de depresión y solitaria. Quizá habrías entendido que el secreto del poder está en servir a los demás y que la mejor victoria es la que se gana sin guerra, para que los recursos se inviertan en la grandeza del soberano (el pueblo, por cualquier duda).
Hagamos un juego, te voy a leer las cartas. Uno a uno tus amigos en este momento que escribo estas líneas y vos posiblemente te empujás el quinto trago, ya planificaron cómo traicionarte, esos que enriqueciste planean quién será la próxima marioneta que van a manipular, las bendiciones de los fantasmagóricos clérigos ya se dirigen a otros frentes, la portada de los traidores medios tradicionales hablarán de “lo hermosa que es la primera dama, nada que ver…” y dirán que el nuevo gobernante es un “estadista” y publicarán sus fotos de infancia…, los moteados ya preparan el desfile del 27 de enero de 2022, porque sabelo, ellos sólo piensan en ellos, ¿te creíste la de que te miraban como chafa? Y los hermosos empresarios ya están financiado las próximas candidaturas, hasta Ebal, el fiel esclavo, comienza actuar por sí mismo y desea ser diputado, ¿te dijo que era por vos?, ¿para proteger tus intereses?, ¿y le creíste?, las bellas mujeres se maquillarán para otros, las invitaciones tendrán otros nombres y los regalos otras direcciones… vos estarás, ¿En Dubái? quizá y con suerte, en el distrito Sur de Nueva York, tomando directamente del pico de la botella de una Coca Cola.
Es el final del camino para vos, las cosas adquieren la forma de gris neblina, nos dejás un país despedazado, endeudado económicamente, con acuerdos amarrados a buitres polvosos y ambiciosos, un millón de niños fuera del sistema de educación y otro millón que no estudia ni trabaja, creamos hasta una nueva forma de migrar para huir de vos, hoy no existe la política como ciencia, sin mencionar una marca país hacia el mundo como corruptos, narcotraficantes y pobres… Amigo, aún podés hacer algo, quedan unos meses, podés irte, eso no cambiará el destino que te espera, pero vas hacer que nuestro camino de reconstrucción comience antes, estas líneas no tienen mala intención hacia vos, sino una visión de que un día tendremos una patria y ya no vamos a querer irnos del país y estaremos orgullosos de que nos llamen hondureños. Podés hacer una última buena acción, como el que camina por la senda del mal y en su último suspiro, viendo su miseria de vida, pide la redención. ¿Recordás el poema que leíste a los cinco años? Es un buen momento para la “Despedida”.
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