

Una consecuencia evidente que no necesita demostración, eso es el corolario del compromiso social que el compañero Ortiz y otros similares en el periodismo, cargan como sombra en tiempos que ubicarse en el lado del bienestar social se traduce en sentencia de pobreza material, cárcel o, literalmente, andar con la vida en la mano.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. Cuando un fenómeno se repite hasta el infinito de igual manera, en idénticas características y condiciones que no admiten duda científica, se le llama “ley” en la ciencia; en tanto si los experimentos sufren una insignificante variación se está frente a hipótesis, supuestos o presuntos. En el caso del periodista Marvin Ortiz las amenazas y atentados son ley, la presunción sólo existe en el poder judicial, que jamás ha investigado la autoría intelectual, ni ha actuado con rigor contra las confesiones públicas de advertencia.
Ortiz ha evolucionado a enorme profesional en una Honduras que, en los últimos once años, desembocó en una acentuada división moral, económica, social y política. En los medios de comunicación, de manera particular, quedó claro el bando de dueños y periodistas opositores a la tiranía del gobierno, a la dictadura, golpes de Estado, fraude electoral, represión militar salvaje y a la miseria del pueblo, ahí ha crecido Ortiz, sirviendo al periodismo, o sea, en el lado de los proyectos populares, en los sueños comunes de un país gobernado por la mayoría de hondureños, esa cosa que con cinismo la élite política llama democracia.


Que anteayer haya trascendido un video donde aparece Marvin mostrando su carro en suelo, luego que de una llanta se soltaron los espárragos (tornillos) y salió volando por la calle, hace pensar cualquier cosa, cuando una breve hojeada a las alertas de C-Libre acerca de muertes, atentados y amenazas a periodistas y comunicadores sociales hondureños, fácil se advierte la antigüedad del peligro, abundan las alertas para este compañero de Radio Globo.
Esta apología al buen trabajo de Marvin, es extensiva a nuestros compañeros de todos los medios de comunicación que a esta hora o antes o después sufrirán persecución, para que no construyamos de la mediocridad política a un gobernante de Honduras, que las noticias no sean los nidos donde crecen las pestes que anulan la oportunidad y la felicidad del pueblo.
¿Suena romántico? Quizá no pensando en el futuro, la prensa ya tiene lecciones mortales del alto costo de la corrupción; en el presente, aún los medios tradicionales pagan un alto precio, donde por cierto, algunos empleados se realizan con un gesto de afecto del funcionario, pero a ciertos pro régimen, les ha ido mejor que a quienes cada mes pagan la planilla.
Es verdadero, el aporte de los medios de comunicación y de los periodistas en el desarrollo de una nación no es proporcional ni lo mismo en una sociedad con estructuras sólidas de Estado que en una como Honduras, aquí la función de un Marvin es totalmente suicida, porque la inexistencia de un vigoroso y ético Poder Judicial, que garantice la existencia armónica del Estado, condena al periodismo a realizar el trabajo de la justicia y enfrentar a los criminales.

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