EL DISCURSO DEL ODIO… UN PELIGRO PARA LA DEMOCRACIA

Honduras se ha dividido en tres bandos: los que apoyan al Gobierno y se niegan a ver sus errores; los que son contrarios al Gobierno y no dan crédito a las buenas acciones; y finalmente los que votaron por un cambio y no entienden que “Roma no se hizo en un día» y exigen un giro de 180 grados en 100 días.

Belinda Portillo*
Columnista
EL LIBERTADOR
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Hoy como nunca las noticias de los medios y las opiniones de los internautas están llenas de odio, un odio evidente y descaradamente visible que es fácil de identificar, y también el odio solapado, que no se declara, pero que está presente entre líneas, no lo dicen abiertamente, pero sabemos que si está allí y nos incita a la división, a amenazar e incendiar el país. El discurso del odio, basado en la tergiversación de lo dicho o hecho, es el pan de cada día, un discurso que obnubila la razón e impide la objetividad. El peligro de esto está, en cómo reaccionará la sociedad ante esta nueva forma de ataque a las opiniones contrarias al actual “status quo” político, ya que esta respuesta definirá automáticamente los límites de nuestra libertad de expresión.

Honduras se ha dividido en tres bandos: los que apoyan al Gobierno y se niegan a ver sus errores; los que son contrarios al Gobierno y no dan crédito a las buenas acciones; y finalmente los que votaron por un cambio y no entienden que “Roma no se hizo en un día» y exigen un giro de 180 grados en 100 días. Para hacer más complejo el panorama, no podemos desprendernos de «el Juicio del siglo de nuestro O.J. Simpson local”, Juan Orlando Hernández, que nos hace olvidar los retos que el país tiene, en materia de seguridad, los feminicidios, el embarazo adolescente, la educación, el empleo y, sobre todo, de cómo hacerle frente a las restricciones económicas que afecta de diferente manera a todos los ciudadanos y ciudadanas de este país.

La verdad, y hay que aceptarlo, a 100 días del nuevo Gobierno, hay descontento de una parte de la población, y no porque se sea golpista, mostacero o gusano imperialista. Hay una serie de razones detrás del descontento y del sentimiento de que el nuevo Gobierno no brinda a los ciudadanos y ciudadanas, una voz genuina de cómo son gobernados y por quién. La primera razón, es la dualidad en el manejo de los asuntos del Estado, la sombra nefasta del nepotismo, las intermitencias y desaciertos de los secretarios, y las incoherencias del Legislativo. Esto crea una sensación que los nuevos administradores del Estado desconocen los caminos del desarrollo económico, creando altos índices de inseguridad y desigualdad, así como una creciente sensación de privación de derechos para una parte de la sociedad.

Hay miedo de externar la opinión por los ataques de los “trolls” de uno u otro bando, ¿hay que preguntarse a quién o a quiénes favorece el incorporar la lógica de los “trolls” y las “fake news”? ¿A qué intereses sirve el deterioro de la calidad del debate democrático y su capacidad de alcanzar consensos? Sin temor a equivocarme, creo que a aquellos que aspiran a saltarse el control ciudadano y democrático de la cosa pública. Ya lo dijo Nicolas Maquiavelo: “El odio como el terror es un instrumento al servicio de intereses políticos”. No sé si esto que está pasando, es un peligro para la democracia, aunque creo que sí, pero de lo que si estoy segura, es que este tipo de accionar es un peligro para la convivencia ciudadana y la paz.

*Economista con estudios de maestría en Planificación y Política Económica, con más de 30 años de experiencia en el área de Derechos humanos de La Niñez y Derecho de las Mujeres; 20 años de trabajo en ámbito internacional en esos temas. Actualmente se desempeña en el sector Salud como representante en Honduras de la empresa “Procesos Inteligentes”, de capital colombiano.

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