La diversidad genética entretejida por generaciones ha creado en el hondureño una especie natural bien dotada, con poco resalta en las más complejas ciencias y artes.- El desafío del hondureño es mental, concebir la espiritualidad como aliada interior de la inteligencia y de libertad humana como estilo de vida.- El hondureño como sociedad carga el alma de esclavo, atada por 500 años de colonia extranjera, pero brilla más la cadena en aquellos grupos de poder que aún con capital e influencia política agreden el interés nacional en defensa de EE.UU. como lo superior en sus esferas de interés.
El lenguaje clásico llamaba doméstico a todo hombre que servía. Y era justo.- El hábito de la servidumbre trae consigo sentimientos de domesticidad, en los lacayos del rey lo mismo que en los pueblos.- En Honduras, los siervos voluntarios –empresarios y funcionarios– no se inmutan para agarrar el dinero de la ciudadanía que traicionan, piensan con mente obtusa, esperando destruir el país para agradar a EE.UU. y a los señores que imponen su poderío y la ley de impunidad en esta tierra de Hibueras.
EDITORIAL
Cinco siglos de esclavismo, sumisión y dominio en el pueblo hondureño sólo pueden superarse –por poco– con un período similar de incesante evolución que fecunde un nuevo ser humano y una Nación que cultive metas elevadas de dignidad, consciencia de sí misma y de sus retos, pensamientos de grandeza, de libertad y de felicidad plena.- Durante estos 500 años se han ajustado las mentalidades de servidumbre del actual hombre y de la mujer que recorre nuestro territorio, la mejor prueba es el himno nacional que adjetiva como audaz y eleva a prócer en el álbum de educación primaria al invasor de España, asesino y ladrón.
Está en la agenda de las nuevas generaciones el sentimiento de orgullo, la dignidad de sentirse hondureño, la gloria de heredar la gesta libertaria de Francisco Morazán, un pensamiento de talla universal, así de tantos personajes que dan confianza de la sapiencia y valentía que entraña nuestra historia.- Analistas veleidosos y grabadoras afeminadas dan como pasado de moda el reclamo de una Patria, ocultando o tal vez sin imaginar que un país y Patria no son sinónimos, un país es una superficie medida en kilómetros cuadrados; una Patria, es mucho más, son los anhelos comunes de un pueblo, un solo corazón palpitando por el común progreso social, económico y cultural. Es un solo músculo en pos del porvenir.
De fijar esas ideas de cómo nuestra sociedad debe explicar el mundo, su horrible existencia, su comportamiento frente a la política, economía, miseria material, justicia, espiritualidad y demás formas de interpretar el paso por esta parte del universo, desde el nacimiento hasta la tumba, de todo esto, se ha encargado por cinco siglos eternos la poderosa estructura ideológica colonial de España, primero; de los ingleses después y, desde el último siglo, Estados Unidos a través de sus satélites locales (educación formal en todos los niveles, medios de comunicación, iglesias, partidos políticos, la familia y demás fuentes de ideas).
Donde hubo esclavos y siervos se plasmaron caracteres serviles.- Vencido el hombre, no lo mataban, lo hacían trabajar en provecho propio.- Sujeto al yugo, tembloroso ante el látigo, el esclavo se doblaba presionado por anchas correas ceñidas al cuello que en su carácter fundían la domesticidad.- Algunos –dice la historia– fueron rebeldes o alcanzaron dignidades: si la rebeldía era real el asesinato era castigo; la molestia de otros sólo era un gesto de animal hambriento, de velón sediento de pan que para recibir más suplicaba más correazos del amo, y su éxito cuando se lo dieron implicó peores bajezas, complicidades y vicios del verdugo.
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Cuando ejercieron alguna autoridad, se tornaron despóticos, sin virtudes que los detuviera ante la infamia, como si quisieran con su maldad olvidar la sufrida servidumbre y como si siendo torturadores de su propia gente tenían la misma clase que sus señores y patrones.
Este esquema se resume hoy fielmente en Honduras y en la mayoría de pueblos de América y África; esa cadena brilla más en los grupos que tienen el poder real en la nación hondureña, que pudiendo mostrar algún honor eligen rebajarse a criados del extranjero y antisociales de su tierra.- Desde el miedo primitivo del criado, saltan histéricas las protestas en los medios de comunicación cuando en un gesto digno y apegado a normas universales de diplomacia, el Gobierno Castro solicita a la embajadora de Estados Unidos que no emita opiniones acerca de asuntos que de manera estricta corresponden al Estado de Honduras.
De inmediato salta nervioso el doméstico en defensa del extranjero o de quien siente superior, asume como ofensa que al extraño se le hable sin complejos, defender derechos soberanos del pueblo o tratar al foráneo como iguales al hondureño, pero esa virulencia cambia de tono cuando está ante quienes cree inferiores, aprueba hasta la muerte del que resiste una dictadura, la mentira es estrategia y el hambre es mérito de los escogidos por el cielo.
Esa es la psicología de los velones, los que no entienden que el decoro es el principal efecto del trabajo íntegro, creativo y constructor de bienestar mental y trascendental; la acumulación de riqueza es la obsesión de los infelices, precisamente porque nunca buscan conocimiento; desconocen que la filosofía de los hombres más brillantes, no fueron sus obras plasmadas en libros y en frases inmortales, su verdadera sabiduría fue una vida sencilla, de humor, decorosa y sin deseos de opulencia o importancia terrenal, así vivieron Sócrates, Aristóteles y Cristo.
El esclavo, aun cuando la política lo declaró libre, nunca dejó la prisión mental, lo mismo acontece con muchos países y personajes de títulos y altos cargos.- El pensador argentino, José Ingenieros, escribió: “Hay países que por burla los llaman repúblicas”.- Ese estigma de “república bananera” lo atiza la servidumbre, los que camuflan su insignificancia de velones y el auto irrespeto hablando en nombre de la sociedad, cuando el menosprecio es personal.
El esclavo y el siervo siguen existiendo; por temperamento o falta de carácter. No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena, como animales extraviados.- Su psicología de masas no se transmutó con los derechos del hombre: libertad, igualdad y fraternidad, esas son ficciones que repiten, sin sentimiento apasionado de Patria.
Las leyes no pueden dar hombría a los cobardes, carácter al amorfo, dignidad al envilecido, iniciativa a imitadores, virtud al hipócrita, intrepidez al manso, afán de libertad al servil.- Por eso, en las imitaciones de democracia, los caracteres mediocres con influencia, desde la butaca asignada, buscan por subsistencia hundir la sociedad al nivel de su domesticación.
Habría que copiar entero el elocuente “Discurso sobre la Servidumbre Voluntaria”, escrito por La Boetie en su adolescencia y cubierto de gloria por el admirativo elogio de Montaigne, pide Ingenieros.- Desde ahí, miles de páginas fustigan la subordinación a los dogmatismos sociales, al acatamiento incondicional de los prejuicios admitidos, el respeto de las jerarquías advenedizas, la disciplina ciega a la imposición colectiva, el homenaje decidido a todo lo que representa el orden vigente.- La sumisión sistemática a la voluntad de los poderosos, y todo lo que refuerza la domesticación, que tiene por efecto inevitable: el servilismo.
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