MIENTRAS MÉXICO REDUCE JORNADA LABORAL, ARGENTINOS TRABAJARÁN 12 HORAS AL DÍA

Mientras Argentina impulsa una reforma que flexibiliza horarios, habilita jornadas de hasta 12 horas y modifica indemnizaciones, México avanza en una reducción gradual de la semana laboral a 40 horas, aunque sin garantizar dos días de descanso, en medio de debates, protestas sociales.

Redacción Central / EL LIBERTADOR

Mientras Argentina avanza en una reforma laboral orientada a flexibilizar las relaciones de trabajo, México discute cambios constitucionales para reducir la jornada semanal. Ambos procesos reflejan caminos opuestos, pero atraviesan un mismo escenario: resistencia social, negociaciones políticas y fuertes disputas sobre el futuro del empleo en la región.

En Argentina, el Senado dio luz verde al primer trámite de la denominada Ley de Modernización Laboral, impulsada por el gobierno de Javier Milei, en medio de protestas masivas en Buenos Aires y otras ciudades. El proyecto, aprobado en general, introduce cambios profundos al esquema tradicional de derechos laborales, bajo el argumento de “modernizar” el mercado de trabajo y reducir la informalidad.

Uno de los puntos más polémicos es la creación del llamado “banco de horas”, un sistema que permitiría distribuir las horas de trabajo de forma flexible y habilitar jornadas de hasta 12 horas diarias, siempre que luego se compensen con descansos. Aunque el Gobierno sostiene que no se trata de imponer turnos extendidos obligatorios, sindicatos y organizaciones sociales advierten que este mecanismo abre la puerta a abusos y sobrecarga laboral.

La reforma también plantea limitar la ultraactividad de los convenios colectivos, priorizar acuerdos por empresa, fraccionar vacaciones y reducir sanciones a empleadores por trabajo no registrado. Además, amplía el listado de actividades consideradas esenciales, lo que podría restringir el derecho a huelga, y limita la realización de asambleas dentro de los centros de trabajo.

 

Las centrales obreras califican el proyecto como un retroceso histórico y una precarización encubierta. Las manifestaciones contra la iniciativa han terminado en enfrentamientos con fuerzas de seguridad, uso de gases lacrimógenos y detenciones. Desde el Ejecutivo, en cambio, se insiste en que se trata de un primer paso para atraer inversiones y generar empleo formal.

En contraste, México discute una reforma que apunta a reducir, y no ampliar, la jornada laboral. El Senado aprobó una modificación constitucional para disminuir de manera gradual la semana laboral de 48 a 40 horas, con una transición que se completaría hacia 2030.

Sin embargo, el texto no garantiza dos días de descanso semanal obligatorio. Se mantiene la regla de un día de descanso por cada seis días trabajados, lo que ha generado críticas de sindicatos y colectivos que impulsaban una semana laboral de cinco días. También se establecen límites para las horas extraordinarias y se precisa que, aun con tiempo extra, la jornada diaria no debe superar las 12 horas.

El sector empresarial mexicano ha expresado reservas sobre una reducción inmediata, alegando posibles impactos en costos y productividad, mientras que organizaciones laborales consideran que el cambio es insuficiente y reclaman mayor protección al tiempo de descanso. La discusión continúa en el Congreso, donde se anticipan ajustes al dictamen.

Así, mientras Argentina apuesta por flexibilizar y extender la capacidad de negociación sobre las horas de trabajo, México avanza, aunque de forma gradual y limitada, hacia una reducción de la jornada. Dos rutas distintas que evidencian un mismo dilema regional: cómo equilibrar competitividad económica con derechos laborales en un contexto de transformación del empleo.

 

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