LIBERALES SABOTEARON SU POSIBLE REDENCIÓN AVALANDO A TOMÁS EN CONGRESO: ANALISTAS

Analistas advierten que la disputa por el Congreso evidenció la degradación del Partido Liberal, convertido en fuerza bisagra y rehén de pactos oscuros. Señalan que Salvador Nasralla fue usado para captar votos mientras se negociaba el control institucional del país.

Redacción Central / EL LIBERTADOR

Tegucigalpa. El analista político José Zúñiga afirmó a EL LIBERTADOR que el Partido Liberal de Honduras desaprovechó una oportunidad histórica al no disputar la presidencia de la Junta Directiva del Congreso Nacional (CN), un espacio que, según explicó, pudo haberle permitido recuperar protagonismo y dignidad política tras décadas de marginación en el escenario legislativo.

Zúñiga señaló que este momento representaba una ocasión única para que el liberalismo reafirmara su vocación progresista y su relevancia histórica, luego de 16 años relegado de los principales espacios de poder y con la perspectiva de al menos cuatro años adicionales de irrelevancia dentro del Congreso.

“Son 20 años de prácticamente estar en la llanura total, gracias también a un sistema electoral débil e ineficiente, como nunca antes se había visto en Honduras. Cuando se pensaba que lo peor había ocurrido en 2017, se repite de manera recargada”, expresó.

El analista criticó que diputados con amplia experiencia dentro del Partido Liberal hayan cedido espacios de poder, convirtiendo a la institución en una fuerza subordinada, incapaz de ejercer una oposición constructiva y transformadora. “Han vendido la posibilidad de ser protagonistas con una oposición responsable y, más aún, la oportunidad de liderar un poder del Estado para impulsar nuevas transformaciones en el país”, añadió.

Según Zúñiga, esta postura ha consolidado al liberalismo como un partido bisagra, alineado con intereses de élites económicas y grupos empresariales, debilitando su capacidad de ofrecer una alternativa política coherente frente a las decisiones del partido gobernante.

El analista también abordó el papel del excandidato presidencial Salvador Nasralla, quien, a su juicio, ha sido utilizado como una figura para captar votos independientes, mientras se desarrollan negociaciones políticas opacas que podrían incluir intereses económicos.

“Por un lado, se mantiene el discurso de haber ganado las elecciones, pero por otro, parecen existir acuerdos tras bambalinas. La diputada propietaria Iroska Elvir no firmó la lista de la Junta Directiva Provisional, pero su suplente sí lo hizo, lo que evidencia un doble discurso y estrategias de consenso bajo la mesa”, afirmó.

Zúñiga advirtió que esta dinámica ha facilitado que la presidencia del Congreso se encamine hacia el abogado Tomás Zambrano, lo que, en su análisis, podría formar parte de un patrón de control institucional impulsado por el bipartidismo.

“No nos extrañe que esto sea un guion organizado para buscar control sobre otros poderes del Estado, como el Poder Judicial, e incluso para intentar remover al Fiscal General bajo un falso juicio político”, alertó.

Por su parte, el dirigente liberal Enrique Ortez declaró a este rotativo que la reciente disputa por la Junta Directiva del Congreso refleja una profunda crisis interna en el partido, derivada de la pérdida de liderazgo y coherencia política. Ortez sostuvo que, en su criterio, el tema del Congreso era secundario frente a la verdadera apuesta: la presidencia de la República.

“Pero [Nasralla] no pudo defender su triunfo porque sus principales líderes, alcaldes, autoridades centrales y diputados lo abandonaron. Eso demuestra que desde el inicio el candidato no era para ganar, sino para servir como instrumento para que otros lograran sus objetivos”, afirmó.

Para Ortez, la falta de beligerancia, fuerza y compromiso político dentro del Partido Liberal convirtió la disputa por el Congreso en un mero trámite, un escenario accesorio sin relevancia estratégica real. Advirtió que esta dinámica evidencia una pérdida de esencia, principios e ideología dentro del liberalismo, que —según dijo— se ha transformado en un instrumento para fines particulares y prácticas de mercantilismo político.

“Hay liberales a quienes les empiezan a dar ministerios y posiciones desde donde pueden resarcirse del gasto o engrosar sus bolsillos. Eso demuestra que aquí no se trata de ideología política, sino de mercantilismo”, concluyó.

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