África atraviesa un momento crítico. Mientras Burkina Faso alerta sobre un “invierno negro” ante la ofensiva occidental contra proyectos panafricanistas, Estados Unidos ejecuta ataques contra el Estado Islámico en Nigeria, en un movimiento interpretado como una disputa por la influencia en el continente.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. En un contexto de profundos cambios geopolíticos y de seguridad en África, que evocan las convulsiones de la Primavera Árabe de 2011, líderes regionales y potencias extranjeras impulsan respuestas diversas a los múltiples desafíos que enfrenta el continente.
Las recientes declaraciones del presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, y los ataques militares ordenados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, destacan dos frentes de una misma crisis globalizada: la urgencia de unidad africana frente a la inestabilidad interna y la creciente implicación de actores externos en la lucha contra grupos extremistas.
Durante la cumbre de la Alianza de Países del Sahel (APS), celebrada entre el 22 y 24 de diciembre de 2025, Traoré comparó la actual situación del continente africano con la Primavera Árabe que sacudió el Medio Oriente y el norte de África hace más de una década, advirtiendo la llegada del “invierno negro”.
En su intervención, advirtió que sin unidad y acción colectiva, África podría enfrentar consecuencias comparables a las de aquel ciclo de protestas y transformaciones, marcado por levantamientos populares y un colapso político prolongado en varios países.
La APS —integrada por Burkina Faso, Malí y Níger— ha buscado consolidarse como un bloque defensivo que responde al vacío de seguridad dejado por la retirada de fuerzas extranjeras tradicionales.
Esta alianza insiste en acciones conjuntas contra insurgencias, en un contexto donde grupos yihadistas vinculados al Estado Islámico y Al Qaeda han incrementado su control territorial en el Sahel, provocando miles de muertes, desplazamientos masivos y afectaciones a poblaciones civiles.
Paralelamente, Estados Unidos intensificó su intervención militar directa en África Occidental. El 25 de diciembre de 2025, el presidente Trump anunció que fuerzas estadounidenses llevaron a cabo ataques aéreos en el estado nigeriano de Sokoto, dirigidos contra militantes del Estado Islámico.
Según Washington, el operativo fue coordinado con el gobierno nigeriano y tuvo como objetivo frenar la expansión de células extremistas responsables de ataques contra comunidades civiles.
Analistas interpretan estas dinámicas como reflejo de una combinación de respuestas: desde la llamada a la soberanía y unidad africana, hasta la intervención directa de potencias extranjeras en operaciones de seguridad. La coexistencia de estos enfoques revela la complejidad de los problemas que enfrenta el continente.
Otros expertos analizan la arremetida en Nigeria como una disputa de influencias entre EE.UU. y Francia, al mismo tiempo que, las potencias occidentales, ven con preocupación el ascenso de nuevos lideres con una visión soberanista de África, sobre todo, con el reforzamiento del Sahel.

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