NARCOTRAFICANTES, RACISTAS Y TERRORISTAS, LOS LIBERADOS Y PERDONADOS POR EE.UU.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció que dará un indulto a Juan Orlando Hernández si en las próximas elecciones resulta ganador el candidato presidencial del Partido Nacional, Nasry Asfura, una promesa que ha encendido el debate sobre la injerencia estadounidense y el impacto en uno de los casos de narcotráfico más emblemáticos. 

La figura del indulto no es ajena al mandatario estadounidense, pues, sin importar que los delitos sean por narcotráfico o casos emblemáticos de corrupción, ha perdonado a sus propios cuadros. Incluso, la nación que se presenta como líder en la lucha contra el terrorismo ha respaldado regímenes como el sirio, dejando en evidencia la profunda contradicción entre su discurso oficial y sus decisiones políticas.

Redacción Central / EL LIBERTADOR

Tegucigalpa. Calificado por la justicia estadounidense como un peligroso narcotraficante, pieza clave del trasiego de drogas en la región y arquitecto de una red que lo llevó a escalar hasta las más altas esferas del poder político en Honduras mediante el pago de favores y conciencias, Juan Orlando Hernández cumple actualmente una condena de 45 años. Sin embargo, en el escenario político de ambos países ha surgido la posibilidad —todavía lejana, pero discutida públicamente— de que busque un eventual beneficio legal.

El gobierno de Hernández (2014-2022) coincidió parcialmente con el primer mandato de Donald Trump (2017-2021), con quien mantuvo una relación cercana. Ese vínculo político se tradujo en un fuerte respaldo de Washington, incluso en momentos clave como la ilegal reelección de 2017, ampliamente cuestionada dentro y fuera del país y seguida por una ola de protestas que fueron reprimidas violentamente por fuerzas de seguridad afines al entonces mandatario.

La suerte de Hernández cambió en 2022, cuando fue solicitado por la justicia estadounidense y posteriormente extraditado un año después de que tanto él como Trump perdieran el poder en sus respectivos países. Desde entonces, enfrentó un juicio que terminó en una de las condenas más severas dictadas a un expresidente latinoamericano por narcotráfico.

Ahora, en plena efervescencia electoral hondureña, el regreso de Trump a la Casa Blanca ha reactivado viejos vínculos políticos. El exmandatario estadounidense expresó públicamente su simpatía hacia el Partido Nacional —la misma fuerza que cobijó el proyecto político de Hernández— y manifestó su apoyo al candidato Nasry Asfura.

Ese respaldo llegó acompañado de un anuncio polémico: Trump aseguró que consideraría indultar a Juan Orlando Hernández si Asfura gana las elecciones generales en Honduras. La declaración, más política que jurídica en este momento, abrió un intenso debate sobre la influencia externa en el proceso electoral hondureño y sobre el alcance real del poder presidencial estadounidense para revertir una condena por narcotráfico de alto perfil.

Los indultos de Trump
La figura del indulto —el poder constitucional del presidente de Estados Unidos para perdonar o borrar las consecuencias legales de un delito federal— no le es ajena a Donald Trump; en su actual gestión ya ha conmutado penas e indultado a decenas de personas.

Uno de los indultos más polémicos fue el de Joseph M. Arpaio, ex-sheriff del condado Maricopa, condenado por desacato criminal a una orden judicial que prohibía la detención por perfil racial. Trump lo indultó en 2017, poco después de asumir, como muestra de respaldo a sus políticas migratorias.

Otro de los beneficiarios de este perdón y que, a su vez, fue de los promotores del indulto a Juan Orlando Hernández, es Roger Stone, un asesor cercano a Trump que había sido condenado por mentir al Congreso, manipular testigos y obstruir la investigación sobre la interferencia rusa. En 2020 se conmutó su pena, alegando que el proceso en su contra fue “injusto”.

Paul Manafort, fue otro de los beneficiados por el magnate. Este fue condenado por fraude bancario y fiscal vinculado a asesorías políticas ilegales, pero en 2020 recibió un indulto y la decisión cerró un caso emblemático del “Rusiagate” y reafirmó el uso político de las clemencias presidenciales.

El llamado “Rusiagate” fue la investigación sobre la interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses de 2016 y los posibles vínculos del equipo de campaña de Trump con ese esfuerzo. El caso, dirigido por el fiscal especial Robert Mueller, derivó en múltiples condenas por delitos financieros y obstrucción, entre ellos Manafort, pero finalmente fue dejado en libertad.

Por narcotráfico, Trump brindó la clemencia presidencial a Ross Ulbricht, creador del mercado ilegal Silk Road, quien fue condenado por narcotráfico masivo, lavado de dinero y crimen organizado en la “dark web”. Su caso se volvió emblemático por la magnitud del daño causado.

Perdón al terrorismo
Estados Unidos no solo ha mostrado afinidad a regímenes asesinos y represores; también ha sido complaciente con terroristas, como el caso del hoy presidente sirio, pero líder de una de las organizaciones más temerarias de Oriente Medio, Abu Mohammad al-Golani, hoy conocido como Ahmed Husseín al-Sharaa. 

Al-Golani llegó a la presidencia de Siria tras derrocar al entonces mandatario, Bashar al-Ásad, pasando entonces a ser conocido como Al-Sharaa. Anteriormente, como líder del Frente al-Nusra y posteriormente de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), grupos surgidos del yihadismo sirio, se le atribuyeron atentados, persecuciones y asesinatos contra civiles, incluidos cristianos y minorías étnicas en zonas bajo su control.

Su nombre figuró durante años en listas de terroristas globales, e imágenes grotescas jugando al fútbol con cabezas humanas y alzándolas con tono heroico fueron y permanecen virales en redes sociales. Sin embargo, tras la caída del régimen anterior en Damasco y su ascenso como figura central en la transición política siria, al-Sharaa impulsó una profunda campaña para reconstruir su imagen internacional.

A través de entrevistas, acuerdos locales y un discurso de ruptura con Al-Qaeda —grupo al que EE. UU. atribuye los atentados del 11 de septiembre—, buscó proyectarse como un líder nacional más pragmático. Ese reposicionamiento lo llevó a obtener reconocimiento interno y respaldo de sectores que antes lo consideraban exclusivamente un comandante insurgente.

El giro se consolidó en 2025, cuando Estados Unidos levantó su designación como terrorista y Donald Trump lo invitó oficialmente a la Casa Blanca como presidente de Siria. Su visita marcó un cambio histórico: el exlíder insurgente pasó de ser un objetivo prioritario de la CIA a convertirse en socio político en un pacto antiterrorista promovido por Washington. El encuentro generó fuertes críticas internacionales, pero simbolizó el nuevo mapa de alianzas en Oriente Medio.

Deja un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Contenido Protegido