De baja estatura, pero con una sombra larga y tenebrosa, como muchos profesionales también juró poner su conocimiento al servicio del hondureño y nunca cumplió, como legista es respetable entre sus clientes porque no le importa mancillar la bandera, las leyes y el honor, así Maribel, un resultado trágico de la ambición, no será recordada más que por el “conflicto de interés”.
Shakespiere creó a Lady Macbeth como crítica a quienes pagan cualquier precio cediendo a la ambición, la culpa devoró su alma y se obsesionó con sus manos manchadas por una sangre que no hizo correr, sufrió sus malas decisiones, la corona dorada sobre su cabeza oxidó, como la historia de nuestra cuasi beata abogada que envidió la presidencia y, al no llegar, ahora vocifera maldad.
Cuando la moral y la ética conocen el poder, reluce el material del que hombre y mujer están hechos, un Fidel –odiado y amado por igual–, nunca cobró a quienes llegaron a su despacho, en “Tegus” el doctor Almendares hizo lo propio desde la medicina, gigantes como Mujica que estuvo preso 12 años, y salió libre solo para inmortalizar que “pobres no son los que tienen poco. Pobres son los que quieren mucho”.
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Entre las muchas historias shakesperianas, una resulta de interés particular para el viejo teclado de una Sala joven. Se encuentra la ética y la ambición, chocan de frente y gana el interés particular, contradicción de ideales y palabras que se envilecen con las acciones. Nacería en Francisco Morazán, en 1959, justamente en medio de un intento de golpe de Estado contra Villeda Morales, su madre enfermera, su padre militar, pronto aprendería a disparar primero y pensar después, se mudó a la aldea Ojo de Agua, El Paraíso, cerca del Sexto Batallón de Infantería. “Me enseñaron a respetar las armas”, aseguró años después.


Aquella pequeña creció, entre Platón y Aristóteles, aprendió (en forma), según ella: justicia y libertad. Aunque esos hombres de ciencias enseñaron la inmortalidad del alma y el segundo, que el conocimiento se obtiene de la experiencia sensible y observación del mundo material, consideraba que el alma es inseparable del cuerpo. ¿Aún hay alma en ese cuerpo mi pequeña? ¡Llegaron los 80! Y entre las telarañas de las “tarántulas” estaban atrapados los jóvenes más libres, brillantes y con bellas almas que gritaban libertad; sin embargo, nuestra apasionada muchacha no estaba entre ellos, recibía su título en Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y siempre sería su vida así, paradójicamente lejos de la causa social, más cerca del arma que de la víctima, aunque siempre en nombre de la “democracia”. Nunca suspiró por los desaparecidos.


Aquí es donde se desarrolló nuestra “Lady Macbeth”, las mariposas en la panza desaparecieron y llegó la ambición. El personaje de Shakespeare, le habla cada noche y envenena su alma para alcanzar el poder, siempre por supuesto, en nombre de la justicia y la buena intensión, cegada por su propia ambición comete actos atroces que no reconoce, hasta que es tarde en la vida, insidiosa al hablar. Ambas enfrentan un dilema existencial, mantener la pureza de sus principios o consentir ante la necesidad de tomar el poder. Ambas cedieron. Lady Macbeth, actúa para que su esposo, “Lord Macbeth” sea rey y desde ahí ella controlar; Maribel buscaría un escaño en el parlamento hondureño, para alcanzar desde ahí, su más grande ambición: la presidencia del país. Ambas fracasarían.


Maribel representa ese hondureño profesional que sucumbió al canto del poder en contra de su pueblo, desde el pedestal de la comodidad introyectó al amo y lo representó, vendió así, el alma al diablo; Lady Macbeth por su lado sacrificó a los demonios hasta su sexo por alcanzar sus objetivos “Despiadados espíritus, despojadme de mi sexo, y llenadme de la más cruel maldad de los pies a la cabeza”. Quienes conocen a Maribel, aseguran que es buena profesional, pero no tanto como ella cree, donde va hace alarde de sus “clientes”, como creyendo así, que en ella radica la importancia de quienes le pagan, llega ser molesta, al mencionar sus millones, amante de la ironía y adicta a los faroles de la prensa tradicional, quienes juegan con sus marionetas hasta que la función termina y las regresan a la caja o al baúl. Para algunos de sus colegas es una abanderada la moralidad, sin embargo, cuando se trata de representar los intereses de sus sectores, se mueve en las líneas grises, en los bordes de las paginas y otra vez, sin observar al afectado. Quien grita que es millonario, no es millonario, quien grita que es importante, no es importante.


Maribel duerme envuelta en la bandera de Honduras y la Constitución como biblia, grita frente a cualquier TikTok que protege al país, lucha contra la corrupción y defiende la democracia; sin embargo, cuando los intereses se cruzan… puede ser más que el hipócrita de Tartufo que el impoluto de Robespierre y repite: «El mal no está, señora, más que en su excesivo ruido. El escándalo social es el que origina la ofensa; pecar en silencio no es pecar”. Sobre la oficina del Secretario de Energía, Erick Tejada, un par de lentes perniciosos, aquella pequeña figura en primera instancia no permite defensiva, pero al hablar, tiembla el Pandemónium “ella me cobró 100 millones de lempiras de la factura del fideicomiso”, sentencia lapidaría del funcionario, quien aseguró que la señora, se acercó en tono amistoso y bajo la túnica de parlamentaria hondureña pidió, que se le pagara el dinero a su cliente… ¡Los renglones torcidos de Dios!


“Me dijo que me quedara un rato, y estaba el abogado, Bladimir Rodríguez, de testigo, y nos externó que había una factura de 100 millones de lempiras de un generador, y que agradecería que la ENEE le hiciera el pago”, explicó Tejada, mientras él preguntó “¿No cree que tiene un conflicto de interés, estar cobrando una factura privada o al estar representando a privados y a la vez tener un curul en el Congreso Nacional, que a su vez representa al Estado?”. Quizá alguna sonrisa se asomó. Un simbolismo de la malvada antagonista de la novela Jane Eyre, quien representa en esencia la hipocresía moral y los prejuicios de clase.


Pero no es la primera vez que la abanderada de las buenas costumbres y la moral se encuentra en esta posición, aún en el palacio de la Justicia se siguen compartiendo los audios y quizá algún día en la facultad de Derecho sea ejemplo el “Citibank”, como lo documentó “El Pulso”, aunque María Estela ya no habla. Maribel como Lady Macbeth, cruzan un limite moral, en la realidad de la política hondureña, pero el poder no solo se trata de alcanzarlo, sino de mantenerlo, asumiendo un riesgo o varios… “Yo creo que una persona que hace de su vida una constante para servir a los demás, no por el simple hecho de figurar, es una persona humilde”, dijo Maribel sobre el busero-Dictador, Roberto Micheletti y como siempre siguió su historia al lado del poder, sin ser parte de él.
Al final de la obra, Lady Macbeth no soporta vivir con los demonios que invocó, la persiguen y el sufrimiento diario se vuelve su verdad, la carga de lo hecho pesa más que una bolsa llena, sale fuera del cuadro de la obra y se suicida. Paralelismos complejos, almas similares y finales pendientes. Cuando la moral y la ética conocen el poder, reluce el material del que hombre y mujer están hechos, unos se deshacen bajo el sol, otros brillan, Maribel, el mensaje de Macbeth es dramático y literario de que la ambición desmedida y la transgresión de los valores tradicionales tienen su castigo. Avanti.

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