Para 2013, la cantidad de micro-partículas dañinas para la salud, en el aire de ciudades como Beijing, eran 50 veces mayor a lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera “normal y saludable”, misma cantidad que registró el Distrito Central, capital de Honduras, en las últimas semanas.
Por ello, el Gobierno chino lanzó el programa “guerra contra la polución”, que ha reducido hasta un 40 por ciento la contaminación del aire, destacando medidas como el control vehicular y la reforestación masiva en las grandes urbes.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. La grave crisis ambiental no hace más que seguir creciendo en el mundo, científicos han advertido que “de no hacerse algo en la presente década”, estamos ante un punto crítico sin retorno.
A criterio de expertos en materia ambiental, entrevistados por EL LIBERTADOR, si hay ciertos componentes que están en las manos humanas que pueden desacelerar la crisis ambiental y la contaminación en el país.
Prueba de ello es China. Al “gigante asiático” se le ha señalado como la potencia económica más contaminante del mundo y, por largo tiempo, ciudades como Beijing han servido de ejemplo de cómo se ve una urbe contaminada, con la densa capa de humo tóxico y sus habitantes portando mascarillas de manera obligatoria, mucho antes que fueran un recurso para evitar el contagio de Covid-19.
Estas partículas son cien veces más pequeñas que un cabello humano y tienen una procedencia antropogénica, es decir, son producto de actividades humanas como la quema de bosques, emisión de gases y otras prácticas más.
Es así que el Gobierno chino lanzó su programa ‘guerra a la polución’, plan que para expertos ambientalistas es un milagro, ya que en un periodo de diez años lograron reducir la contaminación en un 42 por ciento.
Entre las acciones de las políticas de combate del Gobierno chino contra la contaminación, resaltan una disminución de la industria pesada, como la producción del acero en el centro de las principales ciudades y restringir la construcción de centrales eléctricas a base de carbón dentro de las grandes urbes, cerrando las que ya operaban.
Aunque en Honduras no hay la cantidad de industria que tiene el país asiático, expertos han sugerido que las leyes de emisión de gases en el país, deben ser actualizadas, pues hay empresas que están emitiendo gases que no son contempladas en esta ley debido a que se encuentra muy desactualizada y necesitan regularse.
Otro de los puntos destacables para el éxito de la República Popular China, fue la masiva reforestación en las grandes urbes chinas, ya que los árboles dentro de sus funciones atrapan las partículas diminutas –y extremadamente peligrosas, como el PM2.5– generadas por la combustión de los carros, quemas y también absorben gases contaminantes como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, de azufre, etcétera.
Como consecuencia, no solo la calidad del aire mejoró radicalmente en relación con los años antes de las nuevas políticas, también la esperanza de vida aumentó, en promedio, 2.2 años para los habitantes chinos, incluso, en ciudades menos industriales, la esperanza de vida creció un promedio de 4 a 6 años.
La Universidad de Chicago presentó el informe como un milagro del medio ambiente y como una medida que los gobiernos del mundo deben tomar para mitigar la grave crisis climática. En el documento detallan que: “En la base de esas acciones hay un denominador común: voluntad política y recursos, tanto humanos como financieros, que se han reforzado mutuamente”.
La calidad del aire en las ciudades chinas siguen arriba del límite que la OMS considera saludable, sin embargo, el nivel de polución al que una vez se enfrentaron ha decrecido significativamente y se convierten en un modelo para países y ciudades que se encuentran con graves problemas de contaminación.
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