El uso de la pólvora es tradición de siglos en el pueblo hondureño, y la prohibición no funciona contra costumbres arraigadas en las sociedades.- Menos en la hondureña, que inconscientemente asocia la frase “prohibido” con desobediencia, se ha endurecido, por eso atiende con desprecio y rebeldía disposiciones oficiales que suenen a dictaduras y sus órdenes.- La solución está en desarrollar una industria de la pirotecnia hondureña, que genere empleos y con normas de producción seguras para el consumidor.
Año tras año, por décadas, los gobiernos municipales buscan erradicar la pólvora en sus comunidades –capital de Honduras y San Pedro Sula, de manera principal— imponen la fuerza para realizar violentos decomisos; al estar prohibida la venta es ilegal; sin embargo, la estrategia de control debe ser otra, generar empleos legalizando la fabricación de productos no letales, limitados a la exaltación multicolor de luces más que al poder explosivo.
Redacción Central / EL LIBERTADOR
Tegucigalpa. El empleo de la pólvora en el pueblo hondureño es vieja tradición, está tan arraigada que desde niño oye y espera luces y explosiones con enorme expectativa, hasta alegría, en distintas épocas del año en ferias y conmemoración de Santos en pueblos, caseríos, valles y montañas.- En efecto, el mismo sonido tienen los 21 cañonazos que el Ejército ejecuta en el inicio de las fiestas patrias.
Pero los funcionarios modernos del país con Ricardo Álvarez al frente declararon guerra a la pólvora, y los demás lo han imitado el error sin innovación, una guerra que perdieron desde que empezó, con saldos reales de víctimas por el uso de productos cada vez más letales, una producción de contrabando lejos de cualquier control de producción al que pueda acceder la autoridad hondureña.- La fuerza de cuerpos de seguridad como plan de control ha estado equivocada, no funciona.


Tras años dedicándose a realizar estrategias abusivas y hasta violentas para despojar productos de pólvora a ciudadanos que se ganan la comida en el trabajo informal, ninguna de estas campañas ha podido tener éxito, por eso las decisiones municipales de “cero pólvora” provocan el tráfico ilegal, siendo campañas poco exitosas y demostrando poco interés y poca inteligencia de las autoridades para crear en el país una industria de la pirotecnia que pararía el contrabando y generaría empleos, estaría regulada por una ley, al tiempo que puede eliminarse la producción de artefactos letales y demandar fabricación de productos que destaquen por efectos multicolores de luces y no por el poder de explosión.
Las fiestas decembrinas provocan algarabía en nuestra población, donde las familias se reúnen para compartir un tiempo de paz y felicidad; los niños juegan, lucen su nuevo atuendo y disfrutan con sus amigos, donde la quema de pólvora viene siendo una de las tradiciones más grandes de la población hondureña, desde tiempos remotos de la invasión española en nuestras tierras.
La producción de pólvora es permitida en ciertos lugares del país, por ejemplo, en Copan y Santa Bárbara, pero las prohibiciones de los municipios más poblados del país impiden el desarrollo de la industria de la pirotecnia en nuestra economía, pero sí estimulan ese mismo negocio en el vecino país, El Salvador, de donde ingresa el mayor contrabando de pólvora a Honduras y, si bien, la industria salvadoreña tiene muchas deficiencias en fabricación, funcionan más de 130 microempresas familiares que fomentan alrededor de 1,000 empleos directos.
Al final de 2022, el mal uso de la pólvora ha dejado muchos niños con graves quemaduras; reportes oficiales de este diciembre indican que ha muerto un niño por la explosión de un mortero “Tumbacasas”, alrededor de siete niños han sido hospitalizados por quemaduras; esta es la historia de todos los años y, pasado este período, las autoridades se olvidan de un plan contundente para atender esta tradición nacional.
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